Entre charros y demoniacos

Entre charros y demoniacos

Las fotografías que pudieron capturarse el sábado pasado en el Multiforo, en el evento que encabezaba Andrés Manuel López a Obrador eran inimaginables hasta hace poco tiempo.
A la firma del Acuerdo xxxx que convocó el precandidato de Morena, asistieron líderes y representantes de dos expresiones que se han mantenido tan enfrentadas, que sus choques no han sido ajenos a la violencia.
Y sin embargo ahí estaban, María Elena Nava ex diputada por Nueva Alianza, y miembro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y José Luis Figueroa conocido como “el Cepillo”, ex diputado del Partido del Trabajo y ex líder del Movimiento Democrático Magisterial.
Ahí, Rafael Ochoa, ex secretario general del SNTE, ex senador, y actual presidente de las redes magisteriales, y Victor Andrade “el grande” emblemático icono de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE). Sin que nadie les pusiera mucha atención, durante algún momento pudo vérseles darse un abrazo,como en Acatempan.
El apoyo de la CNTE, de los llamados “demoniacos” (como burla al adjetivo “democráticos”) que se atribuye a López Obrador, no es motivo de sorpresa en sí mismo. Es un sector que tradicionalmente vota a la izquierda, que ya antes ha dado muestras de simpatía, y que ha tenido incluso espacios en cargos públicos como el que ocupó el líder oaxaqueño Flavio Sosa.
Son estos maestros quienes ya se contaban ente los 15 millones de votos que logró AMLO en el 2006, y 16 millones en 2012. Son también un sector que ha sido respaldado por el tabasqueño, incluso en los tiempos en los que las tácticas de Goebbles los han convertido en los villanos favoritos del sistema.
La sorpresa está en que no se hayan ido pese a la incorporación, esa sí novedosa, de los liderazgos y estructuras del SNTE, cuyo apoyo electoral ha sido más variante, pues aunque se les identifica con el PRI con quien suelen ir juntos a través de su partido Nueva Alianza, en otros momentos han apoyado a otros candidatos, como el caso de Vicente Fox en el 2000.
Era en aquel entonces el guanjuatense el candidato que concentraba el voto “antisistema”, el imán capaz de sumar a todo el que quería un cambio, de tan variante sello como Elba Esther Gordillo, Alfonso Durazo (ex secretario particular de Colosio), Jorge Castañeda o Porfirio Muñoz Ledo.
Hoy en esa condición se encuentra López Obrador y hoy en su equipo se encuentran liderazgos tan distintos y contrastables como el del empresario Alfonso Romo y el de miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas; gente como Tatiana Clouthier pero también como Gerardo Fernández Noroña; como Esteban Moctezuma y Miguel Torruco pero también Irma Eréndira Sandoval y Olga Sánchez Cordero.
Nada extraño para quien entiende la historia con sus matices, a colores, sin maniqueísmos, sin limitarse a encasillar a todos en héroes o villanos.
A Hidalgo lo acompañaban criollos e indígenas; esclavos y militares. La Revolución mexicana tiene entre sus héroes a hacendados y a campesinos, a bandoleros y militares. Toda gran transformación se logra con la suma de los distintos y no con la segregación o el sectarismo.
Eso implica sí, tolerancia, reconciliación, concesiones, y sobre todo asumir que no se tiene la verdad absoluta.
En este caso esa reconciliación tendrá que materializarse en la creación del plan Educativo al que López Obrador invitó a SNTE, CNTE y otras expresiones a elaborar, y que se firmará en abril próximo en Oaxaca.
Con este plan, esas dos grandes fuerzas políticas, una capaz de sacudir gobernadores, la otra de cubrir disciplinadamente cada casilla en el país estará en el mismo lado.
Y es que lo están, en el fondo lo están, al menos a partir de la Reforma Educativa que socavó los derechos laborales de unos y otros. Y lo están también porque el ala que se está incorporando en estos momentos, quiere cobrar la afrenta de que pese a las alianzas, la legitimidad del actual mandatario requirió el ‘quinazo’ que dejó en la carcel por años a su lideresa.
Empujados por esa cuenta pendiente, la estructura y la capacidad de movilización se apostó al adversario leal, con tal de no dársela al amigo traidor. Y se hizo, al menos así parece, a muy bajo costo, si no es que gratuitamente.
Así lo hizo ver Rene Fujiwara el nieto de Elba Esther Gordillo, en una entrevista con El Universal, en la que aseguró que no aparecerá en las boletas ni espera cargo alguno.
La actitud mostrada el sábado pasado parece congruente con ello. Se le pudo ver en el templete, a unos dos metros de López Obrador, sin abrirse paso con los hombros por aparecer en las pantallas como lo hicieron otros; alejado, sin pronunciar discurso, pero con su teléfono celular en la mano transmitiendo en vivo en redes sociales el discurso de Andrés Manuel. Pocos lo notaron, bien pudo confundirse con el personal de prensa y Comunicación que hacía lo mismo.
La formidable operación política que logró acercar a polos opuestos fue posible Gracias al descontento que causó una sola de las Reformas, la Educativa. Faltará ver si el repudio que generaron las demás (la energética, la laboral, la hacendaria) sirve como acicate para producir el mismo efecto en otros sectores.

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