El auge de la tecnología ha vuelto a los médicos dependientes de los artefactos

El auge de la tecnología ha vuelto a los médicos dependientes de los artefactos

Alberto Lifshitz Guinzberg, secretario de Enseñanza Clínica, Internado y Servicio Social de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), afirmó que uno de los mayores problemas en la educación o formación de médicos es que, con el auge de la tecnología, “los han convertido en manejadores de artefactos o apretadores de botones”.
Es decir, a los médicos los han vuelto dependientes de los artefactos, y muestra de ello es cuando los residentes se sienten desamparados en los lugares donde no cuentan con tecnología a su alcance, o buen cuando se descompone un aparato, “se paralizan”.
“Esto es algo que se debe reflexionar, se están perdiendo muchas habilidades específicamente médicas, y usar la tecnología de manera suplementaria en vez de complementaria”, dijo.
Durante su visita a la entidad para participar en la celebración del 50 aniversario de la Unidad Académica de Medicina Humana de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), expuso que la relación entre médico y paciente, a partir de la incursión de la tecnología, ya no es de dos, sino de tres.
“Esto con dos vertientes, una la médico-máquina, el médico enamorado de la máquina que ignora a al paciente, y la máquina-paciente, en la que el paciente le cree más a ésta que al médico”, agregó Lifshitz Guinzberg.
Explicó entonces que el aprendizaje de la clínica abarca más habilidades y actitudes que conocimientos. Incluye la capacidad de recolectar información, interpretarla, incursionar en el razonamiento diagnóstico, terapéutico y pronóstico, dominar los procedimientos habituales de la práctica y ganar la confianza del paciente y su familia, así como aceptar la responsabilidad de su atención.
La relación con la tecnología y con los auxiliares modernos de la educación, así como el abordaje conceptual contemporáneo forman parte de las cualidades del clínico del siglo 21, pero debe ser aprovechada para ponerlos al servicio de los pacientes.
Asimismo, dijo que la enseñanza de la competencia clínica constituye un reto para las escuelas sobre todo si se parte de la necesidad de trascender las tradiciones, modernizar la actividad, aprovechar debidamente los avances tecnológicos, pero preservar las cualidades relacionadas con el humanismo y el profesionalismo.

Según explicó Lifshitz Guinzberg, “el aprendizaje clínico implica la capacidad de tomar decisiones a pesar de la incertidumbre, el dominio técnico pero con apoyo en la compasión y el respeto, la consideración hacia la individualidad de los pacientes, asumir la responsabilidad de su atención hasta el límite de las propias capacidades”.
En ese sentido, concluyó que los profesores deben situarse como modeladores de conductas, analíticos de sus propios mecanismos de pensamiento, vigilantes del progreso de los alumnos, orientadores sobre los caminos más eficientes y testigos del dominio que permita a los egresados ser competentes.

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