El amor y el Día de San Valentín

El amor y el Día de San Valentín

Por Alfonso López Monreal

Hace algún tiempo, un amigo músico me visitó acompañado de una amiga suya que venía a tocar como solista en un concierto local; queriendo quedar bien, le dije que acababa de comprar las obras completas de Sibelius… sin dudarlo y sin el menor tacto, ella respondió inmediatamente: “¡No por favor! ¡Odio a Sibelius!”. Con ese mismo tono, me gustaría decir: ¡Odio estas fechas! Odio el “Día del amor y la amistad”, los días de la madre, del padre, del compadre y del buen fin. Pero amo lo verdadero, sobre todo en estos tiempos de crisis política y social; y para demostrar lo humano que soy y por lo tanto lo incongruente que puedo llegar a ser, digo, sin saber qué hizo, sin conocer su vida o sus méritos y con el tono de la amiga de mi amigo, que odio también el Día de San Valentín.

Tratando de escribir algo sobre el 14 de febrero, recordé que en días recientes me llegó por correo la última novela -¿o será la primera?- de un gran amigo que vive en Nueva Zelanda, la novela se llama Butades; todavía no la leo, pero sé que Butades de Sición fue un artista legendario de la antigua Grecia a quien se le atribuye la invención de la escultura. Su hija estaba perdidamente enamorada de su amante -quien partiría a tierras lejanas- y dibujó en la pared el perfil de él con un pedazo de carbón, siguiendo el contorno de su sombra, para recordarlo… inventa el dibujo. Su padre hace con arcilla las formas en bajorrelieve, una vez cocido, deja la figura del amante de su hija como una presencia permanente en casa.

Yves Bonnefoy, en su libro Zeuxis, el nombre de otro gran pintor griego, hizo un bellísimo ensayo sobre este tema de dos amantes que dibujaron sus siluetas sobre la pared de su cuarto. Podemos decir siguiendo este mito lejano, que el dibujo, la pintura y la escultura nacieron del amor; cuando menos así lo veían los griegos.

Creo que el amor y el erotismo son una de las principales fuentes en que los artistas basan sus creaciones, ¿qué sería de nuestro gran López Velarde sin esto? Para muestra basta un botón:

 

“Y porque eres, Amada, la armoniosa elegida

de mi sangre, sintiendo que la convulsa vida

es un puente de abismo que vamos tú y yo,

mis besos te recorren en devotas hileras

encima de un sacrílego manto de calaveras

como sobre una erótica ficha de dominó”.[i]

 

Sería conveniente, bajo cualquier excusa, mantener prioridades; el amor, al igual que el pasado y el futuro, la consciencia y las artes, es algo exclusivo de los humanos; somos los únicos seres -al menos en este planeta- que podemos disfrutarlo o sentirlo; también, los únicos que conscientemente podemos tergiversarlo y transformarlo en odio, violencia y maltrato -principalmente y, sobre todo, con nuestros semejantes-.

El arte es nuestro espejo y no todos queremos mirarnos en él, ¿por qué? Quizá porque tendríamos que empezar por amarnos a nosotros mismos y para esto tendríamos que enfrentarnos a nuestros propios demonios. La poesía es la mejor forma de hurgar en nuestra consciencia, pero también está la música, la pintura, el teatro y las manifestaciones artísticas que continuamente nos ponen ahí al borde del abismo metafísico. Lanzarnos a ese abismo es aventurarnos a vivir experiencias desconocidas y excitantes, el amor al arte, a la poesía, a la música a lo mejor del quehacer humano será nuestra recompensa.

[i] López Velarde, Ramón, “Te honro en el espanto”, en Poesías completas, Ed. Porrúa México, 1968.

 

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