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Mar de Historias

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La Ruta Dos

Mientras Ana Karen sededica a lamentar su situación, de seguro hay miles de personas, de todas las edades, cargadas de documentos y copias fotostáticas haciendo fila ante una ventanilla con la esperanza de que las contraten de lo que sea: choferes, cobradores, barrenderos, mensajeros, guardias…

No hay posibilidad de elegir. Jairo, mi ex, cursó arquitectura, pero anda repartiendo pizzas en motocicleta. Rezo para que antes de que empiecen las lluvias consiga otro empleo: con las calles mojadas me da miedo que derrape y se fracture algo. No le deseo ningún mal, y eso que fue bastante música conmigo.

Todo el mundo se da cuenta de que en estos momentos tener trabajo es un privilegio, un milagro si ya cumpliste los treinta. Ana Karen es la única persona en el mundo que ignora la realidad. Espero que no cometa la tontería de renunciar a la chamba después de que batalló tanto para conseguirla.

II

Cuando me informó de su decisión me explicó el motivo: no le gusta la Ruta Dos. Le recordé que todas empezamos por allí y según nuestro desempeño nos van ascendiendo hasta llegar a la Uno y luego a la Dorada. Entonces nos dan mejores comisiones.

Conseguir ese nivel toma su tiempo. Ana Karen lleva menos de dos meses en la compañía y está pensando en renunciar porque, según ella, sufre mucho durante las caminatas por Insurgentes Norte. Le pedí que fuera más concreta y me salió con una babosada impropia de una treintona como ella: padece porque esos son los rumbos que durante años recorrió al lado de Paulino. Yo diría que más bien detrás de él, buscándolo en las cantinas donde se reunía con sus amigos a jugar dominó, beberse lo poco que ganaba y de paso el dinero de ella.

Por lo que Ana Karen me ha contado, él le quitó los pocos ahorritos que tenía; la convenció de que le permitiera instalar su reparadora de calzado en la sala de su departamento y luego le pidió que firmara como aval para comprar a crédito maquinaria nueva. Ella nunca la vio y al poco tiempo tampoco a Paulino: se largó dejándola ensartada con una deuda enorme.

Calculo que en dos o tres años terminará de pagarla, y eso si conserva el trabajo de vendedora. Para animarla le digo que piense en las ventajas que tenemos en esta compañía: horario flexible, trato con muchas personas, posibilidades de ascenso, premios y reuniones quincenales en las que todas planteamos nuestros problemas. Entonces las compañeras opinan y gracias a eso logramos resolver algunos problemas. No todos, pero al menos sentimos que a alguien le importamos y eso nos fortalece.

III

Mi ilusión es que alguna vez me premien con el viaje a Acapulco. La compañía lo organiza cada año para las vendedoras sobresalientes. Estoy lejos de ese nivel, pero no pierdo las esperanzas de alcanzarlo y conocer el mar antes de que ya no tenga fuerzas para disfrutarlo.

Como Jairo y yo no tuvimos luna de miel, desde que entré en la compañía acaricié la ilusión de ganarme el viaje y hacerlo con él. Ya no lo pienso, aunque nos llevamos mucho mejor que cuando vivíamos juntos. Cuando hablamos de eso reconoce que se portó mal conmigo. Lo justifica diciendo que estaba muy presionado porque siempre gané más que él y eso lo volvía agresivo.

Ahora es distinto. Algunos domingos le lleva a mi mamá un regalito o me invita al cine. Varias veces me ha preguntado si me gustaría que volviéramos. Lo tomo a broma, procuro no darle importancia y además creo que ya no lo necesito tanto como antes, cuando estaba obsesionada con él como lo está Ana Karen con Paulino. La entiendo en todo, menos en esa tontería de que sufre mucho en la Ruta Dos porque le recuerdan sus tiempos con ese hombre. Lo conozco y, la verdad, no veo la razón de que Ana Karen siga enamorada de él, pero cada quien…

Leí en una revista que nunca comprendemos por qué una persona ama a otra. Entonces no me cayó el veinte. Cuando alguna de mis hermanas me decía: Mujer: ¿por qué, si te maltrata y te engaña todo el tiempo, sigues viviendo con Paulino? Nunca supe qué decirles, hasta que un día, harta de sus críticas, les contesté: Porque me gusta ver ropa de hombre en mi lavadora. Ríanse si quieren, pero era cierto. Eso me daba una sensación de triunfo. Tenía lo que hoy muchas mujeres no tienen: un compañero.

Ya no aspiro a eso. Me basta con que mi madre esté bien, tener trabajo y la posibilidad de algunos ascensos. Llegará el momento en que Ana Karen piense del mismo modo y ya no le duela recorrer los caminos que tanto le recuerdan a Paulino. Olvidar tiene muchas ventajas, pero también es triste.

Sí, sí: ya se terminó mi tiempo, pero necesitaba hablar de lo que le sucede a nuestra amiga. Todas juntas podemos hacerla entrar en razón. No puede tirar a la basura el privilegio de tener un trabajo con muchas posibilidades para ella, entre otras, la de un día ganarse un viaje al mar.

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