De cara a la mala administración

De cara a la mala administración

Para la mayoría de los mexicanos la palabra gobierno es sinónimo de ineficiencia, dificultades y, entre otros vicios, corrupción. No faltan motivos para justificar esa generalizada percepción. Desde dentro de los gobiernos, sin negar la realidad, las perspectivas se ven diferentes, aunque deba admitirse que la administración pública en México deja mucho que desear.
Cargados de escepticismo por una larguísima sucesión de sexenios gubernamentales erráticos y tan fallidos que cada sexenio parece ser peor que el anterior, los ciudadanos ignoran la existencia avances y mejoras en los sistemas administrativos, ciertamente no muy notorios, pero que ya están plasmados en leyes, instrumentos regulatorios, manuales de procedimientos y órganos fiscalizadores.
La aplicación constante y permanente de esas herramientas no ha logrado implantarse por deficiencias, inercias y rechazo de quienes deberían ejecutarlas, porque amplios sectores de empleados de rango menor hasta la alta burocracia, son refractarios al cambio.
La alternancia política en los gobiernos, que durante décadas fue esperanza de la anhelada transformación que sacaría al país del subdesarrollo, llegó finalmente pero no fue la panacea esperada. Sin embargo, con la alternancia también llegaron cambios positivos que todavía no dan frutos, pero las semillas están sembradas, en espera de mejor clima.
En lo local, por más que algunos zacatecanos y zacatecanas todavía no lo noten, hay importantes avances tendentes a solucionar las problemáticas más inquietantes, como la de seguridad, en la que el gobierno de Alejandro Tello trabaja para aminorar los índices delictivos no solo mediante mayor presencia de fuerzas del orden y mejores métodos de ataque y prevención del delito, sino con la educación de las nuevas generaciones.
Educar hoy, desde los jardines de niños pasando por primarias, secundarias y bachillerato, en la promoción y fortalecimiento de valores morales y éticos, producirá, sin duda alguna la tan anhelada y necesaria cultura de paz. Debe aceptarse: esto no se logrará de la noche a la mañana. No pueden resolverse en poco tiempo problemas engendrados a lo largo de decenios que se remontan al siglo pasado. Pero desde las aulas y fuera de ellas hay esfuerzos palpables para que en el futuro próximo niños y jóvenes se conviertan en ciudadanos corresponsables, generosos, compasivos, solidarios y proactivos.
Otro problema, ligado al de la inseguridad y el crimen organizado, es la corrupción, arraigada en todas las esferas de la vida nacional. Indigna su exacerbada presencia en gobiernos, iniciativa privada y todo género de instituciones, incluidas iglesias y universidades, más lo cierto es que gran parte de la población también incurre en actos de corrupción, aunque sean mínimos y aparentemente irrelevantes.
Carencia o debilidad de valores cívicos, morales y éticos nos han colocado en la situación que padecemos y denunciamos, a veces sin aceptar la propia culpa, indolencia o apatía. Así la situación, no basta con señalar y condenar. Deben verse y valorarse las acciones del Poder Ejecutivo zacatecano para erradicar la corrupción.
La Contraloría Social de los Programas Estatales de Desarrollo Social, que promueve la participación ciudadana en tareas de vigilancia en la ejecución de programas sociales, más Indyce y Obra Transparente, plataformas digitales a disposición de cualquier persona que quiera informarse detalladamente de las acciones y obras gubernamentales, son ejemplos claros del deseo de impregnar de transparencia, honestidad, eficacia y eficiencia a la administración pública.
Otro valioso esfuerzo, que en estos días constatan los trabajadores estatales, es la campaña emprendida por la Secretaría de la Función Pública para que toda la burocracia conozca, ejerza y respete el Código de Ética de los Servidores Públicos, cuyo objetivo es salvaguardar los principios constitucionales de legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad, eficiencia y eficacia que deben regir el servicio público.
En el interesante ensayo titulado “El rompecabezas de la gestión pública”, escrito por José Roldán Xopa, incluido en el libro ¿Y ahora qué? México ante el 2018, coordinado por Héctor Aguilar Camín, el autor, académico universitario y ex funcionario público, eleva tres propuestas para combatir la mala administración: Garantizar que las decisiones de los órganos administrativos provengan de procedimientos que internalicen metodologías de política pública; limitar los espacios de discrecionalidad al designar funcionarios mediante el servicio profesional de carrera, en concordancia con los regímenes laboral y disciplinario, y fomentar que los órganos internos de control recuperen su función de acompañamiento y mejora en la administración.
El gobierno de Zacatecas tiene voluntad y eficaces instrumentos para transparentarse y abatir la corrupción y mejorar la administración; corresponde a ciudadanos y burócratas utilizarlos para alcanzar el objetivo.

*Titular de la Coordinación Estatal de Planeación

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