El imperio regresa por su patio trasero

El imperio regresa por su patio trasero

China se está afianzando en América Latina, está usando el poder económico para llevar la región a su órbita. La pregunta es ¿a qué precio?”, dijo el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, el jueves pasado en un discurso pronunciado en la Universidad de Texas en Austin, antes de iniciar su primera gira por Latinoamérica; Tillerson también calificó como “alarmante” la mayor presencia de Rusia en la región y su venta de armas a países enfrentados a Washington. Sin embargo, el secretario puso un énfasis especial en China, país al que aludió como un “poder imperial” y un posible “depredador” que incursiona en América Latina sólo en busca del beneficio propio. Se trata de una de las advertencias públicas más directas que Washington ha enviado a la región sobre Pekín, que según expertos aprovecha el vacío dejado por Estados Unidos en su propio hemisferio, en particular bajo la actual presidencia de Donald Trump.

Sin embargo, esa advertencia podría ser la clave para entender una decisión del presidente de México que en su momento no fue suficientemente explicado: En diciembre de 2014, la prensa dio cuenta de que el consorcio estatal chino CRCC recibió por parte del Gobierno de México 100 millones de yuanes (16 millones de dólares) como compensación por la cancelación del contrato para la construcción del primer tren de alta velocidad en el país. El proyecto implicaba tender una línea férrea de 210 kilómetros, que uniría la Ciudad de México con Querétaro y, según la propuesta inicial, costaría unos 3 mil 750 millones de dólares, pero fue abruptamente cancelado por el gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN) sin emitir una explicación suficiente, lo que estimuló el crecimiento exponencial de las especulaciones: se cuestionaba principalmente la participación en el consorcio de la firma Grupo Higa, acusada de haber recibido trato privilegiado por parte de EPN desde que se desempeñaba como gobernador del Estado de México. La empresa referida construyó una lujosa mansión adquirida por la esposa de Peña Nieto, Angélica Rivera, constituyendo el escándalo de la casa blanca.

Pensemos por un momento que la advertencia de Tillerson corresponde a la política hemisférica de la potencia del norte definida hace años y que el caso del contrato cancelado al consorcio chino fue causado por la presión, discreta pero fuerte, del gobierno encabezado por Barack Obama. Si así fuera el caso, ello explicaría la escasísima presencia de China en México, pero también indicaría que el discurso del jefe de la diplomacia gringa estaría entrando en conflicto con otras políticas de Trump que se derivan de la intención declarada de poner a “Estados Unidos primero” y que han propiciado la sensación de que al gobierno de Trump la región le importa muy poco.

Esta por verse la reacción de los países incluidos en la gira: Argentina y Perú, así como Brasil y Chile, países que tienen actualmente a China como su mayor socio comercial, a la siguiente declaración: “Si bien este comercio trajo beneficios, las prácticas comerciales desleales usadas por muchos chinos también han perjudicado a los sectores manufactureros, generando desempleo y reduciendo los salarios de trabajadores”, dijo Tillerson. Y agregó: “América Latina no necesita un nuevo poder imperial que sólo busque beneficiar a su propia gente”. Sostuvo que China “ofrece la apariencia de un camino atractivo para el desarrollo, pero esto en realidad implica a menudo el intercambio de ganancias a corto plazo por la dependencia a largo plazo. Y aseguró que “el enfoque de EU se basa en objetivos mutuamente beneficiosos, para ayudar a ambas partes a crecer, desarrollarse y ser más prósperas”.

Diversos analistas consideran “exagerado” el aviso de Tillerson a los latinoamericanos sobre China y descartan que el caso se transforme en un conflicto comercial o diplomático entre los dos gigantes. Coinciden en que se trata de una batalla por la influencia cultural, educativa, de ser un líder en todos los sentidos de la palabra, incluido un sentido moral, pero el problema para el gigante del norte es que no puede ser un líder moral mientras pretende construir un muro y habla sobre los inmigrantes con los juicios que Trump emite a diestra y siniestra.

Kevin Gallagher investigador de la Universidad de Boston opina que a Tillerson le molesta que la región tenga ahora opciones nuevas: “Tiene la osadía de decir tales cosas (sobre China) mientras su administración construye muros arancelarios y de concreto entre su país y América Latina, después de que los chinos ofrecieran financiamiento y asistencia técnica para infraestructura e industrialización, que EU negó durante décadas”. Parece evidente que los países latinoamericanos deben manejar su relación con Pekín igual que con Washington, buscando incrementar su independencia, pues ni China ni EU traerán la prosperidad a una región que necesita su propio plan para asociarse con sus aliados antiguos y nuevos. Sin eso, podría acentuar sus vulnerabilidades externas tanto con China como con EU.

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