Una mirada a las precampañas presidenciales

Una mirada a las precampañas presidenciales

Una escuela de consultores políticos sostiene que las campañas políticas deben considerarse como procesos de comunicación política en el cual se intensifica el diálogo democrático. Cuestión fundamental de toda campaña es la definición de la estrategia que hay que seguir para alcanzar los objetivos que la fuerza política en cuestión se plantea, lo que significa que, para diseñar una estrategia ganadora, es importante definir muy bien los objetivos, y con ello, decidir la orientación de los esfuerzos de comunicación. Se seleccionarán blancos prioritarios de la campaña o targets, según los objetivos y las características del partido o candidato, y según las peculiaridades del electorado. Por último, deberá decidirse el “terreno”, el “tono” y los temas principales de la agenda de campaña”.
En toda campaña política estratégica se pueden distinguir cuatro etapas:
La primera se orienta a lograr la identificación del nombre del candidato, instalarlo en la agenda pública. Aquí, se privilegian estrategias como la asociación con otro líder o, cuando se trata de un externo, la referencia a cuestiones exteriores al mundo de la política. En esta etapa el candidato debe ser conocido y reconocido por algún aspecto en especial. La precampaña que transcurre en estas semanas está siendo utilizada por Anaya y por Meade para lograr este objetivo, mientras que AMLO la inició con esa meta alcanzada previamente: lo conocen más del 90% de los electores. En esta etapa también se debe definir la profundidad de la imagen, lo que se logra asociando al candidato con algún hecho o posición muy arraigada en el electorado. El ejemplo clásico en México es el de la profundidad de la imagen de Lázaro Cárdenas asociada a la expropiación petrolera, que fue tan poderosa que fue un elemento clave para la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Todo indica que AMLO hizo una apuesta estratégica hace años cuando definió la corrupción como el principal problema de México y se definió a sí mismo como un político honrado. Por su parte, tanto Anaya como Meade están perdidos en un laberinto de descalificaciones mutuas, con lo cual están avanzando en el reconocimiento de su nombre, pero no está claro su objetivo en materia de profundidad de imagen. Se ve difícil que Meade logre distanciarse de la imagen de Peña Nieto y que Anaya avance mucho con la propuesta principal del frente que lo postula: cambiar el régimen político, en virtud de que esa no es una demanda muy sentida por los electores mexicanos.
La segunda etapa tiene como propósito agrupar al voto duro de cada fuerza y disponerlo para la lucha de ideas. Hasta hoy, en esta materia se observa la mayor ventaja de Morena, lo que se ve en los medios de comunicación y en las redes, es la concurrencia masiva de simpatizantes pro AMLO no solo en las giras de éste, sino en los eventos que realiza Morena en la ciudad de México con su precandidata Claudia Sheinbaum. Los priístas no se han arriesgado a celebrar actos masivos y lo que se percibe es un gran desconcierto frente a las tribulaciones de sus militantes procesados y perseguidos por acusaciones de corrupción. Por cierto, el posicionamiento que el gobernador de Chihuahua ha logrado por su enérgica persecución del ex gobernador Cesar Duarte, se parece mucho al que logró Manuel Camacho durante las primeras semanas posteriores al levantamiento zapatista de 1994, y que molestó mucho al equipo conductor de la campaña de Luis Donaldo Colosio; ¿Anaya estará molesto con Corral? Hasta hoy, es una incógnita la magnitud del daño que han provocado las rupturas de Margarita Zavala, la de los senadores calderonistas, hasta la de ayer de la senadora Cuevas. Es muy probable que los equipos de Anaya y de Meade ya estén encendiendo las luces amarillas porque la precampaña ya está en su segunda mitad y corren el riesgo de no cumplir las metas que hemos señalado.
Es interesante observar que el notorio avance de AMLO en los propósitos de las dos primeras etapas le ha permitido avanzar en tareas que corresponden a las siguientes, como es la presentación de propuestas programáticas y la develación de los posibles integrantes de su equipo de gobierno. Es evidente que ello ha implicado correr riesgos importantes como el vacío que se hubiera podido generar al no tener propuestas equivalentes de los demás contendientes con las cuales contrastar las propias, pero para su fortuna eso no ocurrió. Además de lo anterior, AMLO ha aprovechado su ventaja relativa para avanzar en el objetivo de disminuir algunos de los elementos que provocan percepciones negativas para su persona; a eso obedecen las últimas bromas que ha difundido, dos dirigidas a responder alusiones de Peña Nieto, y otra para alentar las jocosas respuestas del morenismo a las referencias sobre la injerencia de Rusia en el proceso electoral.
Lo que está a la vuelta de la esquina es la aceleración y conclusión del proceso de designación de los candidatos de las tres coaliciones contendientes. Veremos cual de ellos sale mejor librado, dado que, por las condiciones de las tres fuerzas, la mayoría de las candidaturas surgirá de decisiones centralizadas.

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