La vida y sus caminos

La vida y sus caminos
Fui a hacerme manicure en una estética en el sótano de una plaza comercial cerca de mi casa. La fachada era un amplio ventanal, de modo que antes de entrar ya me había hecho una impresión del lugar. Agradable y, sobre todo, sin mayor clientela, apenas un señor que franqueó la puerta al mismo tiempo que yo. Así, me presenté con la seguridad de que me atenderían de una vez y con toda paciencia.

Al ver los cortes y los colores de los mechones de pelo de los peluqueros, jóvenes, de camiseta y pantalón negros, sin embargo, me sentí cohibida, aunque también tranquila de que yo no me encontrara ahí para cortarme el pelo porque, si bien lo llevo con un corte que, hasta ese momento, yo creí al día, al lado de los cortes y teñidos a mi alrededor, el mío se quedaba atrás. En cambio, estoy más acostumbrada al desconcierto que ocasiono cuando a la manicurista, siempre de uñas muy largas, y muy decoradas de maneras muy llamativas, le pido que me corte las uñas al ras y curvas, y que, por favor, ni me las pinte ni les dé brillo.

Lo cierto es que, mientras la joven, más maquillada que bonita, me atendía en el ritual, me fijé en un cartel en el muro detrás de ella, en ángulo recto con un largo espejo que, desde mi perspectiva, lo reflejaba. El cartel estaba impreso sobre una base de madera, y el texto en el que consistía estaba formado con una curiosa variedad de tipos y de cuerpos. Parecía un poema, dispuesto por un diseñador editorial de vanguardia. Si, como imagen, me pareció afín al lugar y a los jóvenes que trabajaban ahí, debo admitir que el texto, titulado y escrito en inglés, en ese contexto específico me desconcertó. Por una razón, le daba profundidad a un ambiente superficial. En todo caso, era una especie de carta de principios o lista de consejos nada menos que para saber vivir.

Vida, se titulaba. Y, en su divertido acomodo, aconsejaba: Sueña en grande/ Enamórate/ Ríe todos los días/ Encuentra algo que te apasione/ Persigue tus sueños/ Viaja con frecuencia/ Sé amable con todo mundo/ Fantasea en voz alta/ Bebe vino/ Come rico/ Dedica tiempo a la amistad/ Sé agradecido/ Trabaja duro/ Nunca pares de aprender.

Por más comunes que sean, estos consejos, tan habituales que son anónimos, reunidos en esta suma particular me parecieron más que rescatables. Tanto así que tuve el impulso de pedir permiso de reproducirlos en tarjetas para distribuirlas a quien me las aceptara. Pensé en los jóvenes, pero luego más bien me vi entregando esta memoria de reflexiones precisamente a los adultos, con tiempo, pero con prisa, de poder ponerlos en práctica.

Más tarde, de parte de una amiga alemana, curiosamente recibí por correo, entrecomillado pero sin firma, otra especie de carta de principios o, al menos, otra enumeración de deseos para saber vivir, aunque en esta ocasión dirigida en exclusiva a las amigas, término tan ilustrativo y tan definido, y que las mujeres entendemos tan bien.

A las amigas que son parte de mi vida les deseo tranquilidad y noches bien dormidas. Periódicos con buenas noticias. Muchos cafecitos en buena compañía, libros bien leídos y trabajos bien hechos. Que las idas a la farmacia sean por cosméticos y no por medicinas, que las del supermercado sean por chocolates y no por dietas. Quiero que sean amadas, queridas y respetadas. Que el hombre de su vida les haga correr el lápiz de labios y no el rímel. Les deseo buenas mamografías, buenos chequeos médicos. Que nadie las haga llorar y que, cuando vayan solas en el coche, canten a todo volumen. Que tengan un año nuevo con vacaciones, paseos y escapadas. Que no les falte nada y que nadie les quite nada. Les deseo risas, de esas que hacen llorar. Risas que ahuyentan miedos y que quitan arrugas. Les deseo miel en sus desvelos, miel con los tragos amargos, muchos éxitos y mucha salud.

En el mismo tono, otra amiga me envió un video en el que Ric Elías, piloto sobreviviente de un avionazo en el río Hudson, refiere lo que aprendió de la experiencia: Todo puede cambiar en un instante; no aplaces nada. Piensa en el tiempo que desperdiciaste por motivos sin importancia con gente que sí tenía importancia para ti; escoge entre tener razón o ser feliz. Si estás siendo la mejor persona que puedes ser, morir no da miedo.

Para saber vivir, todos estos consejos, pensamientos o deseos, más ligeros o más sustanciosos, merecen atención.

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