Las interrogantes del futuro

Las interrogantes del futuro

■ Alba de papel

Una atmósfera de aparente calma cierra el tiempo lineal de 2017, un año manchado por la sangre, llevado al fango por la impunidad y la injusticia, sacudido sin piedad por la violencia y la inseguridad y al final, como una lánguida tregua, la cultura nos reitera la oportunidad en diciembre, para repensar nuestra identidad, corregir los errores pasados, mejorar como como seres sociales y decidir los caminos que habremos de transitar en 2018, entre la esperanza y la utopía.

Una prometedora espera entre campanas y luces, tamales, ponches, buñuelos y atole blanco, gritos y susurros provenientes de la conciencia individual y colectiva  laminan el espíritu familiar y social, y  nos impelen a soñar,  a pensar que podemos enmendar, confiar, creer, anhelar, mejorar , prosperar…

El  infinitivo de estos verbos es proclive al acertijo y a la trampa, pero no nos importa, a los mexicanos y a los zacatecanos, nos caracteriza la estoicidad: una extraordinaria capacidad para soportarlo todo y seguir confiando;  para dar siempre una nueva oportunidad, que tal que ahora sí, quien quita y a lo mejor…

Sin embargo, la ensoñación de estas fechas, deberá suplirse por acciones de verdadero cambio, que realmente  inciten a madurar y a tomar conciencia de que hay que seguir trabajando en forjar mejores familias y promover la integridad en gobiernos realmente capaces, en sintonía con los derechos humanos y la diversidad.

En este vasto campo que  preocupa, uno de los grandes temas es el de la  cultura, que por supuesto va más allá de un programa de eventos y festivales, ya que es el nutriente esencial de cualquier estrategia política orientada a la generación de  progreso y calidad de vida de una sociedad democrática.

Ante la conclusión inminente del gobierno federal, muchas expectativas se abren respecto al poder político que ganará las elecciones en 2018,  y  quiénes serán ungidos con el poder para continuar o cambiar el rumbo de las políticas culturales en México; como  se sabe, desde los años 80 comenzó a percibirse un cambio, una mayor organización que sigue hasta nuestros días, volcada en el mundo artístico,  académico, y en los estudios de la cultura bajo la perspectiva de las ciencias sociales y su impacto en la vida económica.

En una sociedad todavía cerrada – como la nuestra-,  con un poder centrípeto que está construyendo la democracia, las esfuerzos deberán ser mayores en momentos de perplejidad y dificultad para todos, con fragmentaciones que impiden el entendimiento y la reciprocidad social,  para avanzar con menos tropiezos y con mayor conciencia de integración y respeto por la otredad.

Está en creciente aumento, la necesidad de una renovada circunspección, acerca de la importancia de la cultura, no sólo para defensa y afirmación de la identidad, sino de su relevancia en la creación de riqueza económica, como instrumento estratégico para el desarrollo de nuevas economías.

Es indudable el peso que en el patrimonio tangible e intangible tienen las industrias culturales, la creación artística y la artesanía, percibidas desde luego, como expresiones que permiten que una sociedad vaya avanzando a través de su creatividad en beneficio de la colectividad.

En palabras de Gloria López Morales, especialista en turismo cultural en Latinoamérica, “Una de las expresiones más claras del fecundo cruce entre la cultura y las actividades productivas se manifiesta a merced del turismo, que se apoya fundamentalmente en el patrimonio cultural y natural, que a través de ambos florece y que bien concebido, redunda en beneficios inmediatos para las comunidades locales.

Ahora lo sabemos: países y estados enteros, fincan su prosperidad en el buen manejo de sus recursos culturales con fines turísticos y productivos, pero, a pesar de ello, largo camino queda por recorrer para injertar en la estructura completa de éstos, el torrente cultural que vivifique los procesos de desarrollo”.

En Zacatecas, no se sabe lo que sucederá, la hoja está en blanco… mientras tanto, disfrutemos del solaz de nuestros hogares, barrios, plazas; recuperemos la palabra y su belleza,  fortalezcamos cultura y familia, es lo mejor que tenemos y por lo que vale la pena luchar.

Felicitaciones a todo el equipo de trabajo de La Jornada, por los esfuerzos sostenidos en este 2017, que con seguridad no han sido fáciles; porque en 2018, continúen como fieles  guerreros. Ánimo y fortaleza para todos. ■

 

 

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