¿Se acabaron las navidades felices?

¿Se acabaron las navidades felices?

Cierro los ojos y desde alguna pequeña parte de mi cerebro llegan los recuerdos, puedo recordar el olor del café de hoya que se mezclaba las hojas de tamal que se tatemaban en el comal mientras mamá Licha los volteaba con la paciencia que le da un sabor especial a las comidas de una abuelita, pero abro los ojos y la realidad se impone, ahí están las fotos de un coche bomba con restos humanos y un macabro mensaje de Navidad del crimen organizado que el Gobierno de Zacatecas quiso ocultar, pero terminó siendo confirmado por el ejército, para dejar en claro que nuestras autoridades no se pueden poner de acuerdo ni para mentir.

Los recuerdos son un respiro de alegría entre tanta nostalgia y la mente se regodea cuando vuelven aquellas horas interminables jugando con los primos y vuelven los tiempos felices cuando jugábamos con la moto que me trajo mi tía Chayo del norte, mientras “ayo”, “tabitos” y “chito” me compartían de la mandarina o el carrito de plástico que con mucho sacrificio les había traído el niño dios. Las horas se hacían cortan mientras jugábamos en la tierra colorada y no queríamos regresar a casa, a pesar de que nos esperaban los buñuelos crujientes de mi abuelita. No lo sabíamos, pero aquella simple tranquilidad era la felicidad, esa tranquilidad y esa felicidad que añoramos tanto porque la hemos perdido y parece que no volverá pronto.

En aquellos años la mente se llenaba de sueños, el futuro estaba lleno de esperanza y de pronto las cosas cambiaron, ahora no queremos pensar en el futuro porque lo único seguro es que con esta violencia, pronto seremos nosotros los que vamos a engrosar las cifras de la tragedia.

Ya son más de 10 años de esta guerra sin sentido, donde los más pobres se visten de soldados, de policías o de sicarios, para morir y matar sin saber por qué. Diez años de muertes absurdas nos han endurecido el alma, ya no sentimos compasión por los muertos ni queremos conocer sus tragedias, únicamente le rogamos a dios con todas nuestras fuerzas que nunca nos vaya a tocar a nosotros y poco a poco los recuerdos de aquellas navidades felices se van diluyendo y entre más pasa el tiempo parece que no existieron.

Pero hubo un tiempo en que vivimos felices y no debemos olvidarlo; aunque los niños de hoy no lo entiendan, en el pasado podíamos salir de casa sin que a nuestros padres se llenaran de angustia, parece mentira y aunque parezca imposible, hubo un tiempo en que podíamos jugar en la calle. En aquellos años la gente se asustaba porque al vecino le habían robado el tanque del gas. No estoy loco, les juro que es verdad, ¡¡ por favor hagan el intento de recordarlo!!, hubo un tiempo en que vivíamos en paz.

Busquen en su memoria, recuerden sus navidades felices y abracen aquellos recuerdos, porque parece no volverán, parece que nunca volveremos a tener navidades felices y como las cosas cada día se ponen peor, parece que las nuevas generaciones nunca sabrán lo que es la paz y la felicidad.

La única opción para que esos tiempos regresen es que nos atrevamos a cambiar, que tengamos la fortaleza para no seguir viviendo por inercia y seamos capaces de hacer un alto en el camino, para reflexionar, para reconocer que no vamos por el camino correcto y que debemos cambiar. El próximo año tendremos una oportunidad para recuperar la paz, pero la única forma de cambiar, es teniendo el valor para reconocer que este no era el futuro con el que soñamos en aquellas navidades de felicidad.

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