Perspectivas de la economía mexicana ante la renegociación del TLCAN y el plan fiscal en Estados Unidos

Perspectivas de la economía mexicana  ante la renegociación del TLCAN  y el plan fiscal en Estados Unidos

En las líneas siguientes se presentan algunas reflexiones sobre las implicaciones para México que tendrían la cancelación o renegociación en condiciones favorables para Estados Unidos (EEUU) del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la reciente aprobación del plan fiscal estadounidense que entrará en vigor en 2018.

La administración Trump ha planteado tres propuestas que han empantanado las negociaciones: reducción del déficit comercial que EEUU tiene con México, mediante una actualización de las reglas de origen; elevar el contenido estadounidense en la industria automotriz; incorporar una cláusula de caducidad mediante la cual el acuerdo se renegociaría cada cinco años.

Concentraremos la atención en los primeros dos puntos. El déficit comercial de EEUU se ha multiplicado por más de cuatro veces desde 1995, hasta alcanzar los 736,794 millones de dólares en 2016. Pero el déficit con México ha sido relativamente bajo y con una tendencia a la caída, por ejemplo, en 2016 representó el 8.7 por ciento total. En contraste, el déficit con China ha crecido aceleradamente hasta representar el 47 por ciento del total en 2016. Es decir, China es la responsable del creciente déficit comercial estadounidense.

La cadena de valor autopartes-automotriz (CAA) ha sido la principal ganadora del TLCAN, y ha sido profundamente trastocada por China, entre otras cosas hasta 2016: i) uno de cada tres dólares del comercio intra TLCAN tuvo su origen en la CAA; ii) más del 50 por ciento del comercio de la CAA que realiza el TLCAN es regional y ha favorecido a México; iii) China desplazó a Canadá como el tercer socio en importancia para el TLCAN en la CAA.

Considerando la relevancia comercial de la CAA y en específico para México y China, el gobierno estadounidense ha planteado elevar de 62.5 por ciento a 85 por ciento el contenido regional en tal industria, con 50 por ciento de contenido estadounidense. La propuesta es polémica y busca empujar a una reorientación de las actividades de manufactura de México y China a los Estados Unidos. Las automotrices americanas han manifestado que con tal medida solo se elevarán los costos de producción y se reducirá su competitividad internacional. Tal conjetura se debe tomar con cierta cautela por dos razones.

1.- En los hechos, el comercio regional de la industria automotriz ya opera con un muy elevado valor agregado estadounidense Algunas estimaciones apuntan a que la participación relativa del valor agregado doméstico en la producción final de automóviles en Estados Unidos es per se muy alta, pues gira en torno al 77 por ciento (Timmer, et.al. 2015).

2.-La reforma fiscal en EEUU reduce el impuesto sobre la renta (ISR) corporativo de 35 a 21 por ciento y con ello puede empujar a la repatriación de capitales a los EEUU, dado que el ISR vigente en México es del 30 por ciento.

Recordemos que en un escenario de cancelación “suave” del TLCAN, el arancel efectivo recaudado por los Estados Unidos de México se elevaría de 0.07 a 3.29 por ciento, y ello afectaría fundamentalmente a las armadoras americanas, pues apenas siete productos de la CAA absorberían en EEUU más del 50% del incremento arancelario, lo cual impactaría negativamente sobre sus costos de producción, restándoles competitividad internacional. Pero dicho efecto negativo se podría ver contrarrestado en parte por el plan fiscal, pues podría contribuir a compensar los mayores costes laborales que traería consigo la cancelación o renegociación del TLCAN vía la reducción de la tasa impositiva. Habría que preguntarnos si el plan fiscal sería suficiente para reactivar el empleo industrial en los Estados Unidos. Al respecto nos limitamos a recordar que la competitividad es sistémica y va más allá de los costes laborales y los impuestos. BBVA Research apunta a que aún con el plan fiscal (y sin considerar la posible cancelación del TLCAN), México seguiría siendo más competitivo en manufacturas, si se consideran otros determinantes: los muy altos costos de compensación laboral en EEUU; la acelerada depreciación del peso mexicano frente al dólar; los impuestos estatales en el vecino país que fluctúan en torno al 3 y 12 por ciento.

Consideramos que, en ausencia de cambios de fondo en México, un escenario que combine la cancelación del TLCAN y el plan fiscal estadounidense sin lugar a dudas surtirá efectos negativos en la economía nacional por diferentes mecanismos. La primera, vía una menor recaudación pues las empresas americanas con operaciones en México bien pueden cambiar su domicilio fiscal a los EEUU. La segunda, vía una muy probable reducción de los flujos de IED estadounidense a México particularmente en la CAA la más dinámica de la industria mexicana. La tercera, vía un menor dinamismo de las exportaciones manufactureras a los Estados Unidos. Los fenómenos globales descritos también pueden profundizar la depreciación del peso mexicano frente al dólar que podría contrarrestar en parte una eventual caída de las exportaciones mexicanas a los EEUU, pues contribuiría a mejorar la competitividad de las industrias mexicanas exportadoras compensando en parte la reducción impositiva en Estados Unidos. Los efectos de una posible cancelación del TLCAN y el plan fiscal de Trump no tendrían que ser “catastróficos” para México, pero exige un cambio en la pauta de desarrollo. Sorprendentemente ningún precandidato a la Presidencia tiene una propuesta clara de reactivación del crecimiento ante el entorno local e internacional adverso. ■

 

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