Marichuy y el segundo despertar de los pueblos indígenas

Marichuy y el segundo despertar de los pueblos indígenas

En 1994 grupos indígenas sorprendieron al mundo con un ‘ya basta’ mediante un levantamiento armado cobijado en la figura de Zapata. En aquel momento conmocionó al país, porque el discurso que se difundía era la idea de que México iba en autopista al primer mundo. ¡Y cataplum! Nos cae un cubo de agua helada: no hay tal cosa, estamos en un país copeteado de injusticias y repleto de pobres. Y lo peor: los pobres están encerrados en un círculo maldito que reproduce su condición como el destino de una tragedia griega. La ilusión modernizadora y la misma idea de progreso resultaron despedazadas ante el despertar a la realidad. También quedó claro que la conciencia social mexicana era no sólo discriminante, sino claramente racista y clasista. Descubrimos que la estructura social de México era una caja de segmentos brutalmente desiguales, y de esos, los indígenas tenían la peor parte en todas las dimensiones posibles. En todas. Y en ese primero de enero de 1994 descubrimos que los indígenas levantaban la voz y ponían al descubierto la realidad alterada por el discurso modernizador del salinismo. Ahora, 23 años después, ¿dónde nos encontramos?

El grupo de tecnócratas ‘modernizadores’ de origen salinista siguen incólumes en el poder: el franco neo-porfirismo se ha perpetuado en la silla. Y la realidad de los pueblos indígenas sigue en las mismas: de los 15 millones de indígenas, 8 millones son pobres, y de esos, el 38 por ciento son pobres extremos, el 50 por ciento en rezago educativo y en abierta segregación. Son los pueblos que más padecen la invasión de mineras o eólicas o desagües de fábricas u otros proyectos del ‘progreso’. Desde 1997 la clase política se alió para desconocer los acuerdos que reconocían su derecho a la autonomía. Clase política que continúa en la misma actitud. La realidad parece una roca negra que resiste los vientos. Varios intentos de organizarse para impactar en la situación de la discriminación de las minorías étnicas de este país muy poco han logrado.

Ahora el Consejo Nacional Indígena se decide a entrar al terreno de las elecciones. Durante años negaron ese ámbito de lucha, que ahora por fortuna han corregido. Sin negar su lucha social y lo que llaman ‘de abajo’ agregaron la puja en los procesos electorales. Y ahora buscan nuevos caminos. Las sendas anteriores no dieron los frutos esperados, como el Frente Zapatista, La Otra Campaña; y otras más. Y en símbolo de persistencia, ahora lanzan esta iniciativa: una vocera que ponga bajo la luz los grandes problemas de los pueblos originarios, y a través de eso, poner de manifiesto el mal de raíz: el capitalismo global. El Imperio contemporáneo. La tarea es ardua. Sin embargo, vemos muy difícil que alcancen a saltar la barda del INE y logren el registro de Marichuy en las papeletas en el 2018: las condiciones son demasiado adversas. Empero, la lucha que ahora iniciaron ojalá no se detenga. Es muy importante que los pueblos más pobres y discriminados logren despertar a los ciudadanos mexicanos para que se animen a organizarse en torno a un proyecto de nación con justicia y dignidad. Larga vida a los pueblos indígenas, que después de 1994 provocan ahora un segundo despertar.

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