Las responsabilidades de los mexicanos progresistas

Las responsabilidades de los mexicanos progresistas

Hace unos días, ante el destape de José Antonio Meade como candidato del PRI a la presidencia de la república, Soledad Loaeza escribió en las redes sociales lo siguiente: “Ayer el presidente registró al PRITAM”. Con esa frase, la investigadora del Colmex designó al equipo de economistas neoliberales, en su mayoría egresados del ITAM, que hoy se disponen a capturar directamente el cargo político de mayor importancia en nuestro país, después de que por 35 años han mantenido el control del Banco de México y de la Secretaría de Hacienda.

A partir de 1982 inició el dominio en México del equipo neoliberal y la situación social que prevalece en México ha sido puesta en evidencia: Mientras que de 1933 a 1982 el PIB por persona creció a un ritmo anual superior a 3% en términos reales, a partir de ese último año hasta 2016 tan sólo lo ha hecho a un ritmo poco menor a 0.8%. Sólo un tercio del total de la fuerza de trabajo está formalmente empleado. Durante el actual gobierno se han creado alrededor de 500,000 empleos por año, cuando se requieren 1,200,000 para que el desempleo no crezca. El salario real de los trabajadores se ha desplomado en los últimos 30 años hasta en un 70 % de su poder adquisitivo. El país es hoy más desigual de lo que era antes y las condiciones generales de existencia para la inmensa mayoría de la población son lamentables. Las diferencias que existen entre las entidades federativas son enormes y han crecido. Hay desigualdad y pobreza entre las entidades y dentro de cada una de ellas.

De acuerdo con Gerardo Esquivel, las cifras de CONEVAL indican que de 2006 a 2017 la tasa de pobreza alimentaria pasó de 14% a 19.6% En términos absolutos esto representa un aumento de casi 9 millones más de pobres extremos en el país en tan sólo una década. Y la pobreza patrimonial pasó de 42.9% de la población a 52.9% en el mismo lapso. En términos absolutos, pasamos de 46.5 a 64.9 millones de pobres, por lo que ahora tenemos 18.4 millones de pobres más de los que había al final de la administración del presidente Fox. Por otra parte, según la Organización Internacional del Trabajo el salario real promedio en México cayó en 14% entre 2006 y 2015. Es obvio que en materia salarial el saldo es negativo. El aumento de precios en octubre de 2017 con respecto al mismo mes del año anterior es de 6.4%, mientras que el aumento de la canasta básica es de 8.8%, cifras muy por encima del objetivo de inflación del Banco de México.

Ante resultados parecidos en el mundo neoliberal, su hegemonía empieza a resquebrajarse. La gente ha descubierto que de poco sirve votar por los cambios si los gobernantes se someten a los dictados de los “mercados”, o lo que es lo mismo, del capital financiero internacional, y no llega el ofrecido nuevo orden mundial más justo. La mundialización arrasa cualquier localismo, destruye el vínculo histórico de las naciones con sus territorios, despierta gigantescas migraciones y desata la religiosidad como última instancia enajenada y hostil ante la uniformidad de los valores occidentales dominantes. El resentimiento pasa a ser la normalidad espiritual de millones de hombres y mujeres desarraigadas de su entorno cultural: la xenofobia y el racismo se alzan como muros enormes contra la “integración” de los estigmatizados. Hoy, la desconfianza y el valemadrismo se apoderan de capas enteras de la juventud. Los sistemas de partidos no tienen credibilidad. La democracia le da igual a contingentes variados y crecientes. La solidaridad deja de ser un valor primordial ante la victoria del individualismo y, gracias a la hegemonía mediática, es devorada por la “sociedad de consumo”.

En este escenario, la “izquierda moderna” (autodenominación de los dirigentes del PRD) participa en pactos con los partidos del neoliberalismo (PRI y PAN) para ocupar el espacio de una “oposición útil” en un sistema político sumido en una gravísima crisis de representación, mientras que millones de víctimas de 30 años de neoliberalismo se mantienen sometidos a sus opresores. En otras palabras, la izquierda pactista y una proporción importante de mexicanos ya renunciaron a cambiar el capitalismo neoliberal, el de la economía que mata, según el Papa Francisco.

Ante la creciente desigualdad y pobreza que se observa en México, enmarcada en un proceso de descomposición generalizada, los progresistas debemos buscar un nuevo rumbo, un nuevo curso del desarrollo que combine de manera simultánea un crecimiento económico sustentable con la justicia social, con la equidad que genere condiciones para la regeneración institucional y la construcción de un nuevo pacto social. No debemos acostumbrarnos a la desigualdad y a la pobreza. Menos a la inseguridad y la violencia. Tampoco se debe ser indiferente. Por el contrario, hay que recuperar la voluntad de lucha de los mexicanos que, encabezados por Benito Juárez, enfrentaron por años la adversidad durante la intervención francesa.

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