“Saldrán de entre ‘la manada’ de escritores de los 70 uno o dos libros importantes”

“Saldrán de entre ‘la manada’ de escritores  de los 70 uno o dos libros importantes”
Jaime Mesa presentó ayer por la noche la más reciente de sus cuatro novelas, La mujer inexistente, pero también impartió un taller de literatura para jóvenes ■ FOTOS: ANDRÉS SÁNCHEZ

■ No aparecerán referentes de las letras como lo fueron Juan Rulfo u Octavio Paz: Mesa

■ El escritor se encuentra en Zacatecas para participar en la Fiesta del Libro y la Palabra

En el siglo 21, en el contexto de la globalización, “ya no hay espacio para un solo Dios”, dice contundente Jaime Mesa. El autor poblano presagia no obstante, que sí saldrán de entre “la manada” de escritores de su generación, uno o dos libros importantes para la literatura mexicana.

A la pregunta de en dónde está parada hoy la literatura mexicana y si volverá a tener referentes como lo fueron Juan Rulfo u Octavio Paz, entre otros, el escritor de La mujer inexistente (Alfaguara, 2017) señaló que Rulfo partió la historia de las letras mexicanas en 1955, “y la síntesis que hizo del mundo y la literatura en ese momento fue lo que seguimos leyendo”.

Luego de más de 60 años sin el autor de Pedro Páramo, “ha habido una suerte de ambivalencia”, dijo.

De este lapso rescata entre las grandes obras y autores, a Porque parece mentira la verdad nunca se sabe (Tusquets, 1999), de Daniel Sada, y a los escritores nacidos en los años 60 como Cristina Rivera Garza, David Toscana, Mario Bellatín y Mario González Suárez, “y después hubo como un impasse, fueron como 10 años en los que no pasaba nada”.

Su generación dijo, empezó a escribir tarde sus primeros libros, entre los 31 y 32 años de edad; no tenían una dirección porque había muchos autores “con una calidad interesante pero ninguno sobresaliente, todos escribíamos cosas completamente raras; en apariencia no seguíamos ninguna línea de la tradición de la literatura mexicana, es decir no éramos ni continuadores ni rupturistas ni iniciadores de nada”.

Pero hace dos años, sostuvo, llegaron los grandes libros de los escritores de la generación de los años 70.

Entre los nombres involucra los de Emiliano Monge, Julián Herbert, Antonio Ortuño, Guadalupe Nettel, David Miklos y Carlos Velázquez, “y unos cinco más”.

Con esos diez autores “creo que empezamos engendrar una cierta sustancia y un corazón de lo que viene en este momento, una continuidad de líneas definitorias de la tradición, ya sabemos quién está rompiendo y quién esta continuando a Juan Rulfo…quién está trabajando a José Revueltas”.

Y mientras esta generación de los 70 estaban ya “siguiendo, rompiendo o continuando”, la generación de los 80 “se presentó de la nada”.

Escritores como Fernando Melchor, Valeria Luiselli, “autores más jóvenes que publicaron de entrada mucho más rápido que nosotros grandes libros”.

Eso hizo que su generación, “la generación sándwich”, pasara de ser una que no iba a hacer nada con sus libros, a una “que está ahorita más fuerte que nunca” al publicar alrededor de 10 libros sobresalientes, que no que compiten con Porque parece mentira… o con la obra de Rulfo, pero sí presagian que de entre estos autores saldrá al menos uno o dos libros importantes para la literatura mexicana, “de esa manada, porque están los de la tradición, los autores de los años 60, los de los 80”, que han hecho que los escritores de la generación de los 70 “se pongan las pilas”.

Este 2017 Antonio Ortuño obtuvo el Premio Ribera del Duero por La vaga ambición, “que es uno de los premios más importantes que gana la generación”.

“Entonces, a lo que voy es que empezamos tarde, pero sí veo en 15 autores la posibilidad de que en los próximos 20 años revolucionen sus temas, ¿y a ver?, no sé si lleguen a Pedro Páramo porque eso es una gran pregunta, no, pero creo que sí vamos a poder ver estrellas en el cielo”.

En este momento hay 100 maestros de entre los cuales “se van a juntar unos cinco en los próximos 20 años; le tengo esa confianza a la generación, volveremos a tener esos referentes”.

No obstante, las generaciones de escritores han tenido diferencias en su formación, los autores de la tradición mexicana fueron lectores tempranos, los de la generación de los 70 quizás repartieron su tiempo entre la televisión y los libros en sus primeros años, los que hoy se forman por ejemplo en los talles literarios de Jaime Mesa, comparten sus horas entre el Internet, las redes sociales, la televisión y la literatura.

Bajo esa consideración asevera, no aparecerán referentes de las letras como lo fueron Juan Rulfo u Octavio Paz, “que son los dos más grandes”.

En el contexto del fenómeno de la globalización del siglo 21, “y como vayamos avanzando, menos, ya no hay espacio para un solo Dios”.

En ese sentido el espectro literario será “politeísta”, afirmó, “creo que ninguna sola obra, por lo mismo, la disgregación y la influencia de la-cultura visual y todo eso. Ya no creo que una sola obra pueda cambiar las cosas”.

Podrán haber 10, adelanta, “porque la competencia es fuertísima”, pero no habrá un novelista que solo vaya a romper la literatura otra vez como lo hicieron ellos dos.

Una multiplicación de generaciones o grupos, o novelas, o una decena de ellas que hagan lo mismo en términos literarios, que lo que lograron Rulfo y Paz, pero no una sola obra.

“Estamos muy jóvenes para saber si es malo o bueno pasar de la religión monoteísta a la politeísta, vamos a ver, vamos a experimentarlo”.

Aún con la magnificencia de la obra de Rulfo, la suya es sólo una posibilidad, “y la condición humana estoy seguro es mucho más que eso”.

“Se ha dicho que si desapareciera Shakespeare, Tolstoi o Dostoievski no pasaría nada, podrían, pero en México como solo hay muy pocos si desapareciera Rulfo creo que sí pasaría algo”, consideró.

“Entonces, creo que me gustaría que aparecieran para la próxima generación diez, no tan Rulfos, una décima menos que él. Me gustaría más porque la literatura no se puede componer de un solo autor en ningún caso, ni la rusa ni la gringa ni la inglesa ni la china”.

“Un solo autor es el Dios. Acá sí. Entonces eso también habla de deficiencias, y me gustaría que fueran subsanadas por mi generación en ese sentido, de que hubiera diez novelas que amplíen el margen de estudio de la condición humana”.

Pasará el tiempo dijo Jaime Mesa, y desaparecerán cinco de esas diez obras, pero el resto implican ya “una apuesta interesante” de ese nuevo politeísmo antes imposible; “me gustaría tener más dioses”.

Jaime Mesa (Puebla, 1977) se encuentra en Zacatecas invitado por el Instituto Zacatecano de Cultura para participar en la Fiesta del Libro y la Palabra, en la que presentó ayer por la noche la más reciente de sus cuatro novelas, La mujer inexistente, pero también para impartir un taller de literatura para jóvenes.

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