Gilles Lipovetsky a la Zacatecana

Gilles Lipovetsky a la Zacatecana

Hoy en la mañana envié a mis contactos en redes sociales una imagen y un breve mensaje con la invitación a la conferencia de Gilles Lipovetsky, el mensaje decía: “Un pensador indispensable para entendernos. Y una persona agradable para charlar”. Y un amigo me respondió acida y escuetamente que: ¿Indispensable para entendernos? Entre signos de interrogación y respondió: Ja Ja Ja. Y por si fuera poco añadió: “Y la foto, parece foto de la cantante Thalía”. Las fotos de Lipovetsky que circulan miles en la Red pueden ser desde lo más ordinario hasta las poses más estrambóticas y elaboradas, mismas que pueden suscitar cualquier tipo de comentarios y reacciones. Después meditando el asunto, pensé que a lo mejor había exagerado un poco, pero no, creo que no. En esta breve presentación me propongo sustentar la idea de que Lipovetsky es un pensador indispensable para entendernos en el mundo contemporáneo. Indispensable no quiere decir santificable, no se trataría de ponerle veladoras y formar una capilla más, sino de pensar con, contra, desde, hacia, y en compañía, de Lipovetsky.

No sin razón Roland Barthes ha dicho que las grandes obras e ideas literarias dejan de tener autoría personal y se convierten en clichés y tópicos que permean la cultura, el lenguaje y la vida cotidiana. La mayoría de conceptos e ideas de Lipovetsky forman parte ya de nuestra época: la lógica de la individualización y sus conceptos derivados como individualismo, hiper-individualismo, hipermodernidad, hiper-consumo, segunda revolución individualista, narcisismo como pauta cultura dominante, cultura psi, sex-ducción como personalización sexual del cuerpo estético, y un largo etcétera. La publicación pionera de La era del vacío. Ensayo sobre el individualismo contemporáneo en 1983 inaugura una discusión que venidera que  ocupa y preocupa a la teoría social y a la filosofía las siguientes tres décadas. Al igual que la obra de pioneras de filología de Nietzsche, en un principio su obra fue atacada y caricaturizada por la comunidad de sociólogos y de filósofos profesionales. Los primeros no la consideraban suficientemente científica, los segundos la desechaban por referir hechos cotidianos y tener cierto estilo ensayístico poco fundamentado y serio. Y al igual que Nietzsche que anunciara y denunciara la muerte de Dios como ausencia de todo fundamento y fuera excomulgado como Anticristo nihilista; Lipovetsky, Lyotard y Baudrillard, entre otros, analistas de la crisis de la modernidad contemporánea son culpados del estado de cosas que ellos lúcidamente han avizorado mucho antes que otros. No se les perdona su capacidad crítica e hiper-lúcida, que al igual que la espada de Augurio de los thundercats, puede ver más allá de lo evidente que por ser tan evidente y cotidiano escapa a nuestra comprensión. A flor de piel, Lipovetsky reinventa el sentido común emergente en la contemporaneidad desde su reconfiguración poliédrica e incesante. Anticipa lo venidero en la urdimbre del presente.

Lo cierto es que Lipovetsky, junto con su maestro e interlocutor Jean-François Lyotard, y su compañero de ruta y amigo Jean Baudrillard, trastoca por completo las fronteras entre teorías sociológicas y filosóficas. La teoría se abre y se despliega como una tabla de surfing que se desliza flotando, sobrevolando, la cresta de las olas. Entre el oleaje de larga y corta duración –según quisiera Fernand Braudel– Lipovetsky busca atender y entender la lógica singular del acontecer. Es alguien que ha tenido el valor – en el doble sentido de la expresión: valentía y también valía– de vivir y pensar en la orfandad radical de construcciones metafísicas o sistemas sociales que también terminan siendo elucubraciones metafísicas. Ir al acontecimiento mismo sin dejarse embrujar o embabucar por su hechizo. Justo ahí donde La Condición posmoderna. Informe sobre el saber de Lyotard, obra que inaugura el posmodernismo y la crítica de la modernidad, en 1979, comienza a pensar Lipovetsky los detalles, los claroscuros, las ambigüedades, paradojas y contradicciones no tanto del pensamiento intelectual como de la cultura material y simbólica del día a día.

Entre la realidad y la posibilidad, se trata de abrir pequeños resquicios de pensamiento, de reflexión de vida, de convivencia. En Colmena Informativa. Transmisión en vivo, ha dicho este 29 de noviembre del 2017 a medio día que: “Entre el futuro y el presente, hay que buscar una nueva síntesis entre tecnociencias, humanismo descentrado yecologismo”. Frente a la cultura new age, yoga, meditación, el orientalismo y las perspectivas indigenistas piensa que son prótesis individuales que no pueden constituir una política global; habría que precisar que las perspectivas indigenistas son mucho más que trasnochados retornos a un pasado mítico, pues se trata de culturas de los pueblos originarios que tienen raíces comunitarias y no se reducen a una mera pose folclórica, aunque pueda haber algunos casos aislados. Más allá de todo optimismo o pesimismo, considera que en cada época el ser humano tiene que reinventarse. Sin vender espejitos ni humo mediático, Lipovetsky apuesta por la formación, educación y renovación inherentes al ser humano.

Atención jóvenes, Lipovetsky no es algún Žižekentusiasmado, no ofrece las grandes respuestas frente a las grandes preguntas del capitalismo contemporáneo, con entera honestidad busca pensar sin subterfugios ni pócimas mágicas altermundistas, no porque no le interese el presento o futuro de la humanidad, sino más bien por todo lo contrario, intenta pensar en los bordes del hiper-capitalismo estético la lógica estructural que configura una nueva sinergia entre hiperconsumo, creatividad, racionalidad y emocionalidad. ¿Cómo pensar la emergencia de fuerzas subversivas en el arte contemporáneo que termina por integrarse al orden establecido? ¿Cómo reinventar juegos de subjetivación en un contexto formateado por el hiperconsumo? Sin prisa, sin pausa, Lipovetsky va ensayando derivas, abriendo senderos para repensar el presente. Cada obra suya, asume la tarea de Sísifo de recomenzar todo nuevamente. Es un hombre metido y comprometido en el análisis de la actualidad, alguien que observa y vive a fondo en el presente sin dejar de reflexionar con rigurosa lucidez las mutaciones del capitalismo contemporáneo. El suyo es el arte de la hiper-observación e hiper-concatenación de los diversos estratos y esferas de la realidad circundante sin perderse en los paradigmas de la complejidad que suelen resultar no pocas veces mucho muy simplista. Recordando la referencia inicial de mi amigo, y parafraseando a la cantante Thalía, habría que repensar la obra de Lipovetsky y sus categorías analíticas, a la mexicana, hacer una relectura crítica y creativa desde la especificidad de nuestro contexto, el narco-estado-mexicano de capitalismo periférico neocolonial, aún más, desde Zacatecas, periferia en la periferia, bajo una economía cultural muy específica y acotada de hiper-exclusión, hiper-pobreza, marginación y migración rizomáticas. Tenemos que repensar –para decirlo con uno de sus últimos títulos– La estilización del mundo: vivir en la era del capitalismo artístico o trans-estético desde el espectro negativo de su radiografía que proyecta un necro-capitalismo o capitalismo de (re)producción de muerte, devastación e hiper-miseria, hay que ir más allá del capitalismo imperante que está (auto)fagocitándose y con ello el planeta entero; repetirloacríticamente sería lo contrario de lo que intenta hacer, a saber, pensar con libertad: “Lipovetsky a la Zacatecana”; quizá sea ya el título de un menú gourmet posmodernista. ■

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