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Olvido

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La Gualdra 316 / Río de palabras

 

 

Los muertos pierden la memoria muy lentamente.

Florinda Donner

 

Antes de desplomarse, en su trabajo ya le estaban descontando el día porque no checó la tarjeta. Luego las piernas se le hicieron de trapo. Y entonces, en ese momento empezó a olvidar. Sólo hasta que la bala atravesó su cuerpo de lado a lado sus recuerdos se fueron desapareciendo poco a poco. Olvidó que con ella, su mujer, recorrió todas las pozolerías, los puestos de enchiladas placeras, las taquerías de tacos dorados, flautas, de canasta, de guisados, al pastor y de cabeza, de tripitas, con salsa roja, torterías, menuderías y tostadas de pata, carritos de hot dogs y hamburguesas, puestos de donas y sapos… Cuando su cabeza rebotó con un sonido seco en el suelo, en las losas de la banqueta ya había olvidado el nombre de sus padres. Cuando el cuerpo se desparramó sobre el piso y quedó todo desmadejado, olvidó cómo sacar la raíz cuadrada, la letra del himno nacional, la regla de tres, los números primos, quién era el almirante genovés, y el nombre del presidente de la república y como jugar a las canicas y al balero. Valió un soberano cacahuate la bendición rapidilla y distraída que le dio su mujer, en bata y chanclas, mientras veía la pantalla del celular, cuando él salía a la carrera de la casa. Cuando exhaló el último suspiro inundó el ambiente con el aroma de papas con chorizo mezclado con cerveza oscura, olvidó el número de su casa y el nombre de la calle. Al momento de que se le aflojaron todos los esfínteres olvidó a dónde iba con tanta prisa. En el último estertor olvidó su nombre, edad y estado civil. El color de la ropa interior que llevaba puesta esa mañana su mujer, los lunares del cuerpo de su primera novia y que él fue descubriendo en los tres años de relación… ni cuando llevó a su mujer a que conociera, por afuerita, la Arena Coliseo; empezó a olvidar el sabor de la nieve de garrafa de limón, no recordó de qué están rellenas las paletas Toltecas, y de plano no recordó que eran sus cuates el Tarilas, el Gárgaras, el Tapón y el Tortas. Y de plano embarcó en la nave del olvido a sus primos, sus sobrinos, sus cuñados y toda la parentela… Cuando doña Carolina encendió dos veladoras junto al cuerpo y le rezó un rápido Padre Nuestro ya no se acordaba absolutamente de nada. De nada.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_316

 

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