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Guanaco de Antonio Cienfuegos o esa otra poesía de Centroamérica y la llamada Generación del sur

Guanaco de Antonio Cienfuegos o esa otra poesía de Centroamérica y la llamada Generación del sur

La Gualdra 314 / Libros / Poesía

 

 

Guanaco de Antonio Cienfuegos tiene su origen en la prosa de la guerrilla. Esos ideales que uno carga de manera personal como se carga a la infancia, en donde todo lo anterior es mejor que esta búsqueda de mejores oportunidades al intentar ser otro u otros. En este libro, la niñez perdida juega a buscarse y no usa el lenguaje como meta, sino extrapola su condición para entrever —al menos esa otra orilla— donde hay un poco de humanidad. Algo así como la certeza de querer hallar a los 9000 niños desaparecidos en el genocidio guatemalteco en los 80, demostrando que la modernidad es otro libro de poemas donde la decadencia y canto son lira y arco en una historia inacabada.

Hay esa misma intención en Guanaco, mover las piezas de la historia personal sobre el tablero, donde Centroamérica y sus personas miran hacia el norte ante el deseo de un rumbo superior. Escribí esto mientras recordé a mi infancia correr loca por los sucesos que atosigaban a nuestros padres: los noticieros y sus cortinas de humo, la idea del progreso mexicano ante la crisis de los 90 —en donde mi padre perdió mucho de su patrimonio—, y en medio de esto el momento donde le disparan a la mamá de Bambi por enésima vez, y donde José Emilio Pacheco escribe Las batallas en el desierto para hacer visibles todas nuestras rupturas.

Guanaco es un libro-paraíso donde se narra la historia de varias familias que cruzaron sus fronteras interiores para intentar ser otros, que en el fondo deseaban quedarse ahí consigo mismos. Es un poemario donde el poeta es desterrado reiteradas veces de su madre, y exiliado de sí mismo a otros derroteros infalibles en la memoria.

Sus versos manchados con prisa bien podrían contarnos esa historia donde Ernesto Guevara de la Serna y Fidel Castro se conocieron en un café de la calle Bucareli en la Ciudad de México, pero Antonio Cienfuegos eligió la velocidad de la historia para citar a las guerrillas salvadoreñas, nombres desconocidos y otros cercanos, esos juegos de siglas, a los formatos de militancia en zonas rurales y en sitios urbanos, y por momentos, la figura de Roque Dalton, esas historias sin comprobar, y los hechos que probaron otros hechos, y los poemas —viejos bastidores—, donde el lenguaje enumera muertos y desaparecidos.

Dijo Jorge Luis Borges que el único paraíso perdido es el de la infancia y creo que lo que nunca podremos recuperar es la vida que se va en el intenta por cruzar a otro lado lejos de la realidad. De esta forma, Guanaco se abre paso para narrar una patria ambulante que va de un familiar a otro, en medio de despedidas que no culminaron porque a la estación de tren esa persona nunca llegó.

La propuesta estética de este libro testimonial, explora extranjerismos y ese boomerang familiar se mezcla con la mirada del lector. Y es que a donde quiera que vayamos es inevitable recordar y mantener la mirada en lo que va constituyendo lo que percibimos. Como decir que la infancia de Antonio Cienfuegos creció jugando pelota con Quique, en el Infonavit Amalucan, el primero de la ciudad, que alcanzó a tener más de 36 mil habitantes, en Puebla. Infonavit, lo que en Argentina llaman “villas”, lo que en Chile llaman “poblas”, lo que en Brasil llaman “favelas”, lo que en España llaman “chabolas”, lo que en Uruguay llaman “cantegriles”, lo que en Colombia llaman “comunas”, lo que en Jamaica llaman “trench town”, lo que en Cuba llaman “llegaypon”, lo que en Guatemala llaman “champas”, y lo que en El Salvador llaman “chifurnias”. Esos espacios en el lenguaje donde el abandono duerme.

Guanaco emprende tres viajes interpersonales: la búsqueda en los escombros de un álbum familiar; la versión revolucionaria de una guerra donde sobrevive la mentira más fuerte; y el viaje como textura violenta de la adultez, además, halla entre palabras ambiguas la manera de retratar las realidades que hermanan el envés latinoamericano. Su autor es un viandante popular, guanaco de sí mismo, poblano desde su infancia, hasta que cruzó el Suchiate y presenció pandillas de maras, personas secretas y barrios indistintos como esa ambigüedad en el habla. Lo dijo Octavio Paz: En nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las más brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones. Palabras malditas, que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos. Guanaco es tierra ajena, suelo familiar que hurga las cicatrices para no olvidar quién se es y por qué se cargan los sueños quebrados de un pueblo que creyó fielmente en la utopía. El poeta guatemalteco Wingston González lo dice de otra manera:

 

beben los muertos la soledad de la mañana

y la mano otra abatida contra el suelo

horas disipadas qué felicidad qué instante

amontonado bajo rayo; amargo solo ruina

 

Recientemente, entre la expansión común de propuestas estéticas, en Chiapas se origina un movimiento poético que alcanza el centro occidente en estados como Michoacán y Guerrero, y que se propaga hasta la región del sureste mexicano. La llamada Generación del sur, por Fabián Rivera. Hay mucho de Centroamérica en estas poéticas que reivindican la profundidad de los hechos como herramienta conceptual que permiten contemplar las fisuras en el lenguaje para no sólo nombrar sino habitar el lenguaje mismo y sus fracturas. Antonio Cienfuegos como buen méxico-centroamericano lo comprende, y transmite su desapego a los animales que no están en peligro de extinción como esas tanquetas chilenas, que escupen a los estudiantes su ácido primermundista. Al final todos somos simples espectadores.

 

Coda # 2 en Guanaco (Carajo, 2017; Chile):

Me gusta ver morir las moscas lentamente,

como cuando caen abyectas luego del pesticida,

me gustan los silencios largos que provocan las

fotos de mis desaparecidos]

en este álbum familiar que es sextante de mi vida,

pero ahora que polos invertidos me habitan,

me invento estaciones raras que tienen el nombre

de meses como octubre.]

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_314

 

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