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‘El Cid cantado’

‘El Cid cantado’

La Gualdra 314 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

 

El pasado 17 de septiembre, con ocasión de las Jornadas Europeas del Patrimonio, tuvo lugar en el teatro Kantor de la Escuela Normal Superior de Lyon la segunda proyección entera de la película El Cid cantado, realizada por Carlos Heusch, catedrático de la ENS y especialista en literatura y civilización de la Edad Media.

Bien se sabe que las hazañas del guerrero castellano Rodrigo Díaz de Vivar han sido objeto de no pocas adaptaciones fílmicas que se insertaron dentro de un cine de ficción, lo cual conllevó, naturalmente, el uso de decorados artificiales y del castellano actual.

Realizado dentro de un marco universitario –con la ayuda de ENS Media–, El Cid cantado se diferencia por completo de esas versiones en la medida en que se propone recrear el ambiente del poema épico mediante una combinación sensorial que se basa en los cantos del intérprete Antoni Rossell –profesor titular de Filología Románica de la Universidad Autónoma de Barcelona–, quien ha llevado a cabo una reconstitución musical del cantar y se ha imbuido de la gestualidad propia de un juglar del siglo XIII, y, por otra parte, en las secuencias fílmicas rodadas en los mismos lugares por los cuales se desarrolla la acción.

Entrevistamos al autor Carlos Heusch, quien nos puede dar mejor que nadie las claves de su película.

 

E.C. ¿Cómo surgió el proyecto de realizar El Cid cantado?

C.H. En 2010, durante una estancia de investigación de Antoni Rossell en la ENS de Lyon, surgió la idea de hacer una grabación de archivo de la totalidad del espectáculo musical que Antoni Rossell había presentado en numerosas ocasiones en distintos festivales de teatro medieval, congresos sobre el Cid, etc. Pero dicho espectáculo dura casi 9 horas. Era prácticamente imposible con los medios de que disponíamos hacer la post-producción de una obra tan larga. En 2015, grabamos en los estudios de la ENS las casi 9 horas del Cantar de mio Cid en la versión cantada de Antoni Rossell y las dividimos en casi 50 secuencias que se podrán consultar por separado en la web, sin duda a partir del año que viene. Será un excelente instrumento de trabajo para todos aquéllos que quieran utilizar esta obra en colegios o universidades. A partir de dicho material se nos ocurrió hacer una selección de los episodios más significativos de la obra para hacer un largometraje de una hora y media que se pudiera distribuir en el formato DVD. Así nació el proyecto de “película” puesto que sometimos los fragmentos de la obra a un complejo proceso de post-producción que incluía montaje de video, efectos especiales, incrustación de imágenes y videos rodados en la región de Calatayud, en el llamado “Camino del Cid”. Los fragmentos están además eslabonados gracias a una serie de resúmenes que cuentan lo que sucede en los episodios ausentes y permiten al espectador seguir el argumento de la obra sin perder detalle. Como dichos resúmenes están desglosados de crónicas medievales hay una total coherencia lingüística del filme. ¡Creo que es una de las pocas películas cuya V.O. es el castellano del siglo XIII! (De ahí que la lista de subtítulos incluya subtítulos en español actual.)

 

E.C. ¿En qué público(s) estuviste pensando a la hora de realizarla?

C.H. Sería tal vez absurdo afirmar que estábamos pensando en todos los públicos. Pero la experiencia de Antoni Rossell como intérprete “callejero” de su espectáculo, por ejemplo en festivales de verano en ciudades pequeñas de España, nos conducía a pensar que el público potencial de esta obra iba más allá de medievalistas, musicólogos, investigadores, universitarios, etc. Hasta los niños se acercaban a Antoni Rossell, después de su espectáculo, para decirle, por ejemplo “qué malos eran los infantes de Carrión, ¿verdad?” –sin duda el mayor tributo para este “juglar” moderno–. Claro que no es lo mismo un espectáculo en vivo y una película con una mayoría de imágenes rodadas en un estudio, sin el menor decorado, donde aparece tan solo un señor vestido de negro sobre un fondo negro cantando a capela a partir de melodías del sistema salmódico medieval un cantar de gesta del siglo XIII y en la lengua original… Pero el caso es que las reacciones del público (en París en otoño de 2016 cuando se hizo una proyección fragmentaria o en Lyon en abril de 2017 cuando el estreno) me hicieron comprender que no era tan solo una película “para especialistas” sino que muchas otras personas podían quedar enganchadas al sumirse en este ritmo tan particular, semejante al de la ópera, que cataliza de manera desbordante unos recursos de nuestra imaginación que pensábamos haber perdido. La película gusta porque te obliga a entrar por completo en la historia, de manera activa, o a marcharte al cabo de dos minutos (cosa que creo no ha ocurrido nunca en las diferentes proyecciones a las que he asistido). Por ello la Directora de Comunicación de la ENS decidió, tras haber visto la película, presentarla a la comisión que decidía qué producciones de la ENS se proyectarían al público en el marco de las Jornadas Europeas del Patrimonio.

 

E.C. ¿En qué criterios te apoyaste para seleccionar los versos y lugares que salen en la cinta?

C.H. La selección de episodios la hizo Antoni Rossell a partir de su experiencia como intérprete. No sólo conoce perfectamente el texto y sabe, a fuer de profesor de literatura medieval, cuáles son los episodios más famosos y comentados de la obra sino que también sabe cuáles son los episodios que tienen mayor impacto entre el público. Hemos intentado mantener ese doble criterio: el criterio interno de los textos más significativos y a la vez el externo de la recepción en el público. Nuestra primera selección comprendía algunos episodios que, desgraciadamente, al final tuvimos que dejar de lado, como la famosa escena de la separación entre el Cid y su familia que culmina con el tan célebre verso 375 “así·s’ parten unos d’otros commo la uña de la carne”. Pero el episodio entero era demasiado largo.

 

E.C. ¿Qué aspectos y valores de la obra literaria has querido destacar en particular?

C.H. Ante todo lo que quería es que fuera evidente que se trataba de una verdadera obra, imaginada por un poeta con unas ideas bastante claras sobre lo que quería transmitir, y que para ello estaba dispuesto a coquetear con la historia para seducir al público con una obra de mucha ficción, pero una ficción apenas perceptible para aquéllos que no conocen los detalles de la biografía cidiana. Y ello frente a las viejas ideas del tradicionalismo que quería dar a este poema una dimensión esencialmente colectiva, emanación de un supuesto espíritu popular castellano por no decir “nacional”. Para mí se trata de una creación individual que aunque se base en algunos aspectos que sin duda cantaban muchos juglares anónimos, selecciona y añade aquellos contenidos que le permiten al poeta crear algo de manera personal. En este sentido son también muy interesantes las reacciones de los espectadores de la película que a menudo suelen preferir de los tres cantares el tercero que es aquél donde se evidencia más la aportación personal del poeta. Que ello sea visible para el mero espectador es algo que me llena de satisfacción, porque tiende a significar que hemos “hecho obra” con la obra y no sólo una adaptación musicalizada del texto. Para ello tuvimos que trabajar mucho el lenguaje iconográfico que venía a apoyar el canto e intentamos reproducir con la plástica elementos característicos de la escritura épica como el estilo formular, la repetición de motivos. Para ello, la aportación de Pablo Justel y su conocimiento de motivos y fórmulas en la épica fue decisiva.

 

E.C. ¿Por qué es importante que los alumnos y universitarios sigan estudiando el Cantar de mio Cid? ¿Crees que tu película podría facilitar este aprendizaje?

C.H. No me cabe la menor duda. Se trata de un extraordinario instrumento pedagógico. Primero porque su duración total entra en los límites (a menudo de dos horas) de las secuencias didácticas: alguien que no conozca en absoluto El cantar de mio Cid puede tener con esta película, al cabo de tan solo 1h30, una idea bastante cabal del conjunto de la obra, una obra cuya representación íntegra, como ya he dicho, supera ampliamente las ocho horas. Y en este mundo de hoy en el que todos tenemos prisa puede resultar práctico. Por otro lado, el formato en DVD en el que se distribuirá la película a partir del 12 de octubre de 2017 (insertado en el número 40 de la revista Cahiers d’Études Hispaniques médiévales) encierra además un gran potencial didáctico: selección de escenas; repetición de secuencias; pausa; comparación con el texto escrito; trabajo sobre la lengua; comprender cómo se pronunciaba el castellano en el siglo XIII; selección de la lengua de los subtítulos (inglés, francés y español moderno) que permite una asimilación progresiva de la obra, etc. Hay otra cosa importante: haciendo la película y escuchando mucho a Antoni (no olvidemos que el rodaje en los estudios de la ENS duró más de veinte horas) me di cuenta de que el texto cantado era muchísimo más comprensible que el texto leído. Antoni Rossell con su canto interpreta la obra, la teatraliza, con distintas voces que facilitan la comprensión de los diálogos y evidencian las diferencias con la narración. Las voces y también los gestos, basados además en los de los juglares de la Edad Media. El resultado es una obra vívida de acceso mucho más fácil que el texto escrito, y eso incluso manteniendo tal cual la lengua del siglo XIII. Creo que es un gran logro de la interpretación de Rossell. En cuanto al hecho de seguir estudiando el Cantar de mio Cid, personalmente no creo en la “fetichización” ™de los clásicos de la literatura. Es una momificación decir que una obra es un clásico, de alguna manera equivale a considerarla como una obra muerta que por lo tanto “debe” ser leída no por placer y voluntariamente sino tan solo en situaciones coercitivas como la enseñanza obligatoria de los colegios o las dictaduras. Tardé mucho tiempo en abrir una obra como el Quijote porque crecí en una España franquista que consideraba que dicha lectura era una obligación para todo buen español. No hay que leer a los “clásicos” porque formen parte de un canon establecido por ciertas auctoritates; hay que leerlos cuando se trata de obras absolutamente geniales que tienen mucho aún que decirnos, contarnos y enseñarnos. Desde este punto de vista sigue asombrándome la genialidad absoluta de un poeta como el que compuso el Cantar de mio Cid, quienquiera que fuese.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_314

 

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