Del sonido al ruido hay sólo un paso

Del sonido al ruido hay sólo un paso

La Gualdra 314 / Música

 

Todo empieza con un simple estéreo en el auto. Cuando compras un coche, el dispositivo de sonido tiene una salida de audio más o menos decente. No importa sin compraste un Chevrolet o un Audi, la calidad es más o menos la misma. Tienes un aparato que te permitirá escuchar música a ciertos decibeles que no sean nocivos para el órgano del oído. Pero si quieres andar por la calle, haciendo retumbar las ventanas de la casa y llamando la atención de la gente, no servirá de nada el reproductor de origen de tu auto, mucho menos las pequeñas bocinas que trae instaladas. Para ello tendrás que comprar un equipo mucho más costoso.

Mucha gente lo hace. Lejos de hablar de los daños que se pueden provocar con un volumen tan alto, hablaré de lo mal que se escucha. Es increíble el contemplar, o mejor dicho, escuchar, el estruendo de un vehículo equipado con un sonido de alto poder. Estás en casa o caminando por la calle y lo primero que escuchas el temblar de los cristales. A medida que se acerca el auto, percibes los poderosos bajos, tan fuerte que es lo único que escuchas, y bajo ese espeso manto, logras alcanzar dos o tres tonillos que te indican el género de música que viene oyendo el sujeto al frente del volante: por lo general hip hop o música de banda.

Lo que escuchas desde fuera es inaudible, pero si lo escuchas por dentro es una cosa honestamente indescifrable. No logras entender cómo es que alguien gasta una fuerte suma de dinero para un equipo de audio y no es capaz de disfrutar la música, ya no digamos buena música. Parece ser que lo único que se busca es llamar la atención de la gente alrededor, una especie de compensación por el estado de la autoestima de quien conduce.

Pero lo que es realmente malo, es cuando estos tipos, carentes de oído, se dicen ser ingenieros de sonido y son puestos tras una consola en un concierto. Eso es terriblemente inaudito. Los casos más comunes son las fiestas populares, tales como los quince años, bodas o las graduaciones, donde la gente contrata un grupo para que amenice las fiestas. Este sujeto, dizque ingeniero, pasa más de dos horas probando el sonido antes de la celebración. Hasta llegas a pensar que es un verdadero profesional. Pero cuando la fiesta empieza, lo único que hace el cretino es subir al máximo el volumen. A la hora de la fiesta no puedes no puedes ni hablar con la gente de tu mesa, ni siquiera con el que está al lado, mucho menos disfrutar la música. No entiendes la letra de las canciones y no percibes los instrumentos. Todo se distorsiona.

Lo más terrible es cuando vas a un concierto por el cual pagaste unos cuatrocientos pesos, como el último de Caifanes en Zacatecas o el último de Rock en Español Sinfónico. No estoy seguro si se debió a ese terrible espacio carente de acústica que se atreven a llamar Multiforo, que más bien parece una bodega de Tres Guerras, o a que el ingeniero de sonido que tenían no sabía nada de acústica. En el segundo caso no se disfrutó absolutamente nada, el grupo que abrió, local, que no gozaba de los privilegios de los estelares, por lo que le pusieron el sonido muy bajo, se escuchó muy claro, pero de los de Rock en Español, ni hablar. Lo malo que es algo tan común en este país: el sacrificio de la acústica por el volumen.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_314

 

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