Foro de Participación por la Seguridad Humana / Fredy Guzmán Pinedo

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Propuesta de política pública Externalidades Restaurativas Prosociales, para reducir los índices de inseguridad pública en el Estado de Zacatecas

Por M. en C. Fredy Guzmán Pinedo

Nos regalan miedo para vendernos seguridad…

Comenzando con esta realidad, es complejo encontrar soluciones de Estado que se confronten con la vida liquida y mercantilizada que vivimos, aplicada por los grandes capitales y sus satélites, donde la seguridad es un negocio. El individualismo se impone ante lo colectivo y el interés común, desatando grandes problemas sociales.  A la población en general se le programa a través de la censura cognitiva, la represión neurológica y condicionamiento operante, para que desarrolle psicopatologías, miedos y vacíos que son la base del consumo hedonista del modelo económico y político imperante.

Cómo crear un entorno social de seguridad humana, cuando el mercado te genera miedo para venderte: seguros de vida, seguros de desempleo, seguros médicos, seguros escolares, seguros para autos, seguros de viajero, sistemas de alarma para la propiedad privada, candados, rejillas, láseres, sensores, cámaras de vigilancia, armas de fuego y un sinfín de placebos mercantiles para llenar el vacío de la inseguridad individual y colectiva, programada. Y qué decir del negocio de la guerra y el narcotráfico operado transnacionalmente a través de la infrapolítica en países como el nuestro, con la finalidad de apoderarse de los recursos naturales, generar guerras internas para vendernos armas y aniquilarnos entre nosotros mismos, mientras se hacen las transacciones de plus valor a los países e, lucrando con la desventura de la sociedad mexicana.

Entonces, ¿es posible generar un ambiente de seguridad pública que posteriormente se complemente y llegue a convertirse en seguridad humana, en tal contexto donde la inseguridad es un negocio intencionado? La respuesta es sí.  ¿Pero cómo es posible esto?

Como investigador desarrollé un modelo de política pública prosocial, para reducir drásticamente la inseguridad pública en el Estado de Zacatecas, en tal trayecto encontré una interconexión transversal y transdisciplinar entre las esferas de los factores criminógenos y la mayoría de los problemas sociales. Entonces al diseñar el modelo de política pública denominado “Externalidades Restaurativas Prosociales”, de manera transversal, sinérgica y cíclica se eliminaban teóricamente un gran cúmulo de problemas sociales, como un efecto dominó. Para ponerlo en perspectiva más clara, es indispensable exponer la definición y los componentes de la seguridad humana, para luego presentar el modelo, su correlación y capacidad teórica para impactar en este ámbito de manera multimodal.

El concepto de seguridad humana proporciona un marco alternativo de pensamiento acerca de la seguridad, en un enfoque integrador que ve la paz, la seguridad, la igualdad, los derechos humanos y el desarrollo de manera interrelacionada, incidiendo unos en otros. La seguridad humana hace referencia, de igual modo, a la protección y la salvaguarda del derecho a la vida y la integridad personal, y al propósito de humanizar la seguridad existente, mediante la integración de los valores y derechos y las capacidades humanas en todos los sistemas de seguridad internacionales, nacionales y locales (Kaputi, k. 2004 citado por J.P. Fernandez,2005).

Martha C. Nussbaum reflexiona sobre esta concepción del ser humano, percibido como un ciudadano del mundo, que se reafirma en una política solidaria, en la medida en que es un sujeto racional que aspira a un bien común y a la justicia en el marco de un mundo interdependiente (Bunch Ch. 2004, citado por J.P. Fernandez,2005)

 

“Soy un ciudadano del mundo, dijo Diógenes cuando se le preguntó de dónde venía. Insistió en definirse en función de aspiraciones y preocupaciones más universales. Los estoicos que siguieron su ejemplo desarrollaron plenamente su imagen del kosmopolites, o ciudadano del mundo, argumentando que, en efecto, cada uno de nosotros habita en dos comunidades: la comunidad de nuestro nacimiento, y la comunidad del razonamiento y aspiraciones humanas, que “es en verdad grande y en verdad común”. En esta última comunidad, fundamentalmente, donde se encuentra la fuente de nuestras obligaciones morales y sociales. Respeto de valores morales fundamentales tales como la justicia, “deberíamos considerar a todos los seres humanos como nuestros conciudadanos y habitantes de la misma localidad. (Nussabum, M. 2001. citado por J.P. Fernandez,2005)

En tales concepciones encontramos los siguientes elementos base de la seguridad humana: ciudadanía, interés colectivo, valores, derechos, capacidades humanas, humanizar política, solidaridad, integridad local y nacional. Tales elementos son a su vez términos indispensables para lograr la seguridad pública en determinada población. De tal forma que lograr la seguridad humana conlleva intrínsecamente, a la seguridad pública como un elemento del universo de la primera.

Lo anterior son características (habilidades sociales) que deben de reunir los individuos de manera particular para exteriorizarse a la colectividad y velar por el bien común, es decir son un conjunto de valores cívicos y éticos (ciudadanos) que deben de poseer las personas para direccionar sus acciones sociales en pro de la vida común, ahora bien, tales axiologías son inminentemente ausentes en la población de Zacatecas. La población de nuestro estado carece de las habilidades mencionadas, por tanto es más que lógico que el desorden, la violencia, la delincuencia, y otras prácticas sociales tóxicas, sean lo que caracteriza a nuestra sociedad, peor aún no existen en operación políticas públicas del estado para revertir este escenario de forma permanente y universal, solo se presentan pequeños intentos de programas a fragmentos de la población, siendo que de debiesen aplicarse estrategias globales de restauración social.

Ahora bien, aterrizando y delimitando el aspecto de la inseguridad pública, presentamos el siguiente esquema (véase esquema 1) donde a través de varios años de investigación hemos constituidos lo que denominó “la flor de la inseguridad pública”, donde se entrelazan determinadas variables que conforman el espectro completo del problema social de inseguridad pública. Los elementos son:

  • Violencia intrafamiliar
  • Bajos niveles de organización comunitaria y cohesión social
  • Ausencia de la cultural de la legalidad
  • Bandas y pandillas
  • Armas drogas y alcohol
  • Ambiente de impunidad
  • Delincuencia organizada
  • Presencia precaria de la autoridad
  • Infraestructura física precaria
  • Pobreza y marginación

Bien para explicar de forma clara y breve el contenido teórico y operativo de la política pública que proponemos denominada “Externalidades restaurativas prosociales”, tomaremos como ejemplo, la variable infraestructura física precaria.

En meses pasados ejecutamos un estudio en los municipios de Zacatecas y Guadalupe, donde se realizó un recorrido por prácticamente todas las colonias, fraccionamientos y demarcaciones para analizar las condiciones urbanas de tales espacios y detectar el factor criminógeno de la infraestructura.

Encontramos que aproximadamente el 97% de todo el entorno de estos dos municipios, son elementos criminógenos, es decir la forma en que se constituyen físicamente en su espacio urbano (viviendas, edificios calles, avenidas, parques, jardines), en tal tesitura es una constante en la mayoría de este universo urbano la basura en las calles, lotes baldíos con maleza desaliñada, casas con construcciones irregulares, descuidadas, con colores grises o tonos “criminógenos”,  parques abandonados, aceras ultrajadas, bardas y paredes pintadas o rayadas con símbolos de conductas desviadas, animales muertos, autos abandonados, calles y avenidas con baches, piedras o deformaciones, casas y edificios en obra negra, entre muchas otras características de deterioro del ecosistema urbano.

¿Y cómo genera lo anterior, problemas de inseguridad?  La desencadenante de este factor criminógeno es terrible, ya que los entornos sucios, desorganizados y grises generan en la psique de los individuos conductas desviadas, a través de la estimulación sensorial visual, el subconsciente interioriza todo ese entorno gris y los sublima a través de agresividad, ya sea contra el mismo ecosistema urbano, al contaminarlo o dañarlo deliberada o inconscientemente, o se desencadenan efectos colaterales en la relación interpersonal que permea la dinámica familiar de forma toxica y sobre todo las relaciones con los vecinos y otros miembros de la comunidad de una forma antisocial, lo que con el estímulo permanente desencadena en conductas delictivas y posteriormente criminales.

¿Y sólo se pretende limpiar? Por supuesto que no. La mayoría de los programas de prevención social y comunitaria del delito incluyen campañas de limpieza o brigadas, pero, ¿por qué no funcionan? Porque, solo se limpia el entorno, pero los factores criminógenos siguen ahí, ya que la brigada de limpieza no es encaminada a la restauración de la psique del individuo y permear en sus procesos metacognitivos para el desarrollo de habilidades sociales restaurativas, por tanto, sigue presentando los mismos hábitos tóxicos, al cabo de poco tiempo tiran basura, destruyen y dejan o contribuyen intencionadamente a que se deterioren los espacios urbanos.

Es aquí donde nuestra propuesta hace la diferencia, ya que implica reprogramar a la población a través de la formación de habilidades restaurativas prosociales, mediante una formación ciudadana y parental proactiva y permanente, que permita a los individuos cambiar sus esquemas de desenvolvimiento e interacción social, para que ellos desarrollen la capacidad de organizarse entre pares (vecinos), para mantener siempre limpio y organizado su ecosistema urbano, esta formación permite a las personas, entender la importancia de mantener su hábitat de forma armónica, ya que comprenden el impacto positivo de ello en sus vidas, valorando la importancia de la organización colectiva y la vida en sociedad como las formas optimas de desarrollo personal  y humano.

De tal forma que, al desarrollar tales habilidades, comprenderán el papel que juega la psicología del color en su estado de ánimo, donde, no es lo mismo llegar a un vecindario destruido y contaminado, a otro ordenado y lleno de colores restaurativos que le despiertan emociones prosociales, mejorando así su calidad de vida.

Como sabemos la población carece de habilidades prosociales, debido a la nula o laxa formación ciudadana, por lo que la variable infraestructura física precaria y bajos niveles de organización comunitaria y cohesión social está íntimamente correlacionadas en sus efectos colaterales de gestación de ecosistemas urbanos tóxicos, empero la solución es más simple y menos costosa que el gasto en armamento por parte de las autoridades en materia de seguridad pública.

Como último ejemplo para comprender el contenido de la política pública que proponemos tenemos el análisis de la familia como factor criminógeno (en su aspecto desviado) y la variable violencia intrafamiliar.

Schüler-Springgorum (1994:160) indica que la familia es considerada como la piedra angular de la prevención del delito.

La familia como factor criminógeno es la unidad básica de las conductas antisociales, la cual formará la personalidad violenta y agresiva, así como la manera incorrecta de relacionarse con el medio o la sociedad, agrediendo a los demás por las causas de sus conflictos internos. (Hikal, 2005, p. 56)

En esta variable la situación es aún peor que la de infraestructura urbana, puesto que, ésta, no es visible para las poblaciones y las autoridades si no se conoce del tema de forma profunda en su espectro teórico y práctico.

Como estudioso e investigador de las políticas de prevención social del delito, formación ciudadana, cultura política, dinámica familiar y programas de formación parental, expongo en términos cualitativos y llanos la situación de la familia en Zacatecas, para sintetizar resultados de investigaciones podemos decir que la familia en nuestra entidad federativa se encuentra en decadencia, está crispada, desorganizada, desestructurada, fragmentada, quebrantada, dañada, entre otros adjetivos en desafortunado contexto peyorativo, que aluden a la situación subversiva  de la familia en Zacatecas, partiendo del simple y desafortunado hecho de que  no existe una escuela pública, formal y permanente de formación parental, que desarrolle habilidades parentales y familiares en los padres y madres dentro de sus núcleos, de tal forma que las personas no poseen las habilidades conocimientos y valores necesarios para desarrollar una dinámica familiar armónica y prosocial.

El desenlace es desastroso lo podemos visualizar a través de la situaciones que se viven cotidianamente de violencia, vulnerabilidad, hedonismo, insensibilidad humana, delincuencia, contaminación, desorganización, entre muchas otras que se observan en el día a día: niños sin supervisión parental vulnerables a imitar las conductas desviadas de sus pares o de jóvenes mayores de edad que aprovechan la coyuntura para formarles hábitos antisociales, inducirles a ingerir sustancias nocivas, programarles una visión distorsionada y tóxica de la vida, haciéndoles practicar actos que denigran su integridad física y psicológica, destruyen su autoestima y generan un rencor contra la sociedad. Es también apreciable en la manera en que los padres se dirigen a sus hijos en forma violenta, o por el contrario crean niños tiranos, también carentes de valores, donde la sobreprotección a los menores genera un vacío de poder de los padres, produciendo que los infantes asuman conductas desviadas por la falta de control parental. Además, es lo común dentro de las familias por la falta de habilidades parentales, el no inculcar dentro de ésta, el respeto a las leyes, normas, a los miembros de su núcleo, de la comunidad, a sus pares, tampoco se forma el aprecio por su contexto, la identidad cultural, la valoración de la vida en sociedad.

Las familias no inculcan y desarrollan  métodos de solución  no violenta de conflictos, como el diálogo, la negociación o mediación, solo impera primordialmente la violencia como la metodología más extendida; en la misma tesitura las relaciones entre cónyuges no se desenvuelve en un ambiente de equidad, respeto, tolerancia, asumiendo las nuevas feminidades y masculinidades, en cambio se ve cómo normal la práctica de relaciones coercitivas, conflictivas, subordinantes o imperativas por parte de uno o ambos miembros de la sociedad conyugal. Las familias educan con prácticas desviadas y erróneas a sus hijos, los cuales las repiten cíclicamente y transgeneracionalmente. Un ejemplo de ello es el embarazo adolecente donde nuestro Estado ocupa los primeros lugares a nivel nacional, lo que exhibe la falta de inteligencia emocional tanto de los niños y adolescentes como de sus padres, esto conlleva a una idealización errónea de la vida, por parte de los miembros del núcleo, lo que desencadena en otros problemas sociales como: matrimonios prematuros, violencia intrafamiliar, divorcios anticipados, padres o madres solteros inexpertos y vulnerables, que se ven obligados a trabajar  largas jornadas laborales para subsistir, dejando a sus primogénitos sin supervisión parental y repitiendo los patrones de desarrollo infantil deficiente y dinámica familiar tóxica, que posteriormente genera anomias, conductas desviadas,  delictivas y criminales.

Todo este escenario es el efecto colateral de tener a la familia descuidada sin políticas publicas verdaderamente dirigidas a fortalecer la dinámica familiar y desarrollar habilidades parentales que generen la formación de individuos sanos y con conductas prosociales. En síntesis, nuestras familias Zacatecanas son criminógenas, están fungiendo como base del problema de la inseguridad pública, ya que se están formando individuos con conductas antisociales y desviadas de manera exponencial, y sabemos que esto es la base del ejercito de reserva de la delincuencia organizada y no organizada.

En tal contexto proponemos un modelo de política pública estatal que integre en una simbiosis binaria una escuela de formación ciudadana y una escuela de formación parental, ambas de carácter formal, públicas y permanentes, con la finalidad de hacer una reprogramación social que, a través del desarrollo de habilidades sociales y parentales, los habitantes del estado de Zacatecas generen las externalidades restaurativas prosociales de forma permanente, cíclica y transgeneracional impactando de manera contundente en los problemas de inseguridad pública.

En conclusión, al mejorar la dinámica familiar mediante la escuela parental y al desarrollar habilidades sociales restaurativas a través de la formación ciudadana, es posible generar un efecto colateral prosocial (Externalidades Restaurativas) es decir que en cada casa, calle, avenida, parque, jardín, institución pública y privada, y en cada espacio del estado de Zacatecas, haya un ciudadano responsable, permitiendo la praxis exponencial y permanente de  habilidades sociales indispensables para la vida armónica. Por tanto, cerramos concluyendo que no se necesitan más policías, armamentos o dispositivos de seguridad, sino verdaderos ciudadanos creando sinergias restaurativas prosociales en cada paso que den.

Nota: la propuesta de política pública consta de 157 páginas con sus metodologías de implementación, tópicos de contenidos, instituciones operativas, recursos humanos, marco jurídico, sistemas de evaluación y seguimiento , financiamiento, vinculación con el sector privado, etcétera, empero no es posible presentar una síntesis de una política pública en este espacio, sin embargo el interés por mejorar las condiciones de vida de nuestras familias Zacatecanas nos impulsa a investigar, innovar y proponer soluciones reales al problema de la inseguridad, por tanto si se desea conocer la propuesta de política pública, con gusto le enviaremos una copia a las autoridades e instituciones públicas y privadas.  Teléfono 4921712037 [email protected]

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