Uni-verso; versos que giran

Uni-verso; versos que giran
Víctor Toledo. Foto de La Jornada.

La Gualdra 313 / Libros / Poesía

 

Dicen que el universo

es un puñado de arena que arrojó Dios

a los ojos de los hombres

cuando se bañaba en las playas del infinito

que no se sabe si se expandirá eternamente

o si se contraerá

¿De vuelta

arrepentido

Víctor Toledo              

En Cantos del mínimo infinito

 

 

En un país donde lo cotidiano trivial y prosaico es el crudo horror, la poesía es una necesidad vital. En un país donde la edición de poesía es un desafío y la reedición o reimpresión una quimera, contar con una antología poética es una batalla ganada al abandono.

La palabra antología viene del griego ανθος [anthos = flor] y λεγειν [legein = escoger. Se trata, pues, de una selección de flores, de un ramo compuesto, un bouquet, una colección de lo más atractivo, propicio y conveniente de la creación.

Hay de antologías a antologías, claro, pero ésta que nos ocupa ahora es de un solo autor y preparada por él mismo. Es entonces una visión retrospectiva, íntima; el sumario de una trayectoria que permite conocer a un poeta en su amplio espectro y apreciar cómo ha evolucionado la obra y en qué ha sido constante.

Una antología, además, pone en circulación obras agotadas, descatalogadas, inencontrables en su soporte físico. Es bueno que las plataformas digitales dispongan de gran cantidad de textos, pero no basta, queremos tener unidos estos versos. Estos uni-versos.

Uni-verso recoge nada más 30 años de poesía (1985-2015): siete poemarios publicados y un conjunto inédito. Universo es (volviendo a las etimologías) uno y todo lo que lo rodea. Se compone de dos vocablos latinos: unus que expresa un integral que no admite división y versus lo que torna o se torna (que es girado o convertido). Así, universo significa el punto donde todo se une y gira; el centro y sus proyecciones. Aquí la poesía es ese universo donde un todo formado de palabras cambia de dirección para que su sentido se transforme.

Habrán oído la frase: “no hay nada más serio que un niño que juega”. Sin duda jugar es un asunto muy serio. Así veo yo al poeta Víctor Toledo, como ese niño circunspecto que concentrado se divierte con las palabras, con los sonidos y con los significados. Se puede ver a lo largo de su experiencia poética que hace a cada palabra transitar por distintos rumbos por el placer de ver cómo se desenvuelve, cómo florece. Hay una tensión constante entre júbilo y gravedad que hace que las palabras provoquen emociones y no sólo dicten ideas.

Dicen los diccionarios que una de las acepciones aprobadas por la Real Academia de la lengua española a la palabra jugar es la de arriesgar y aventurar. Así son los versos de Toledo: juguetones, osados, aventureros. Se percibe un placer lúdico en su escritura, aunque el tema sea doloroso o melancólico.

Desde los Poemas del Didzhazá (1985), donde Toledo establece su genealogía y rinde homenaje a la lengua didzhasá –zapoteca, como bien señala, es un aztequismo- (Somos los descendente de las nubes, campesinos, /de un soplo venimos, de la palabra nube: didxazá), hasta el Fin del tiempo (tiempo del fin) (2015), donde refiere la amarga violencia de México (Llegó del trópico hasta la capital/ para ser aplastado entre los naipes de los edificios/ que presenciaron la masacre del 68), los libros reunidos marcan una progresión desde el honor y orgullo de la estirpe, atravesando una mitología personal y el culto a la naturaleza, hasta la denuncia de una humanidad deshumanizada. Pero no se trata de un desprendimiento o un alejamiento del eje central, sino un camino en espiral que pasa y repasa por esos temas, porque no basta una vez nombrarlos, sino que hay que decirlos de muchas formas, porque son infinitos.

Es evidente y constante la búsqueda de un equilibrio entre sonoridad y sentido a través de innumerables juegos: aliteraciones, rimas, efectos de ritmo (Abril abrió la brisa/ la brisa de la rosa/ la brisa de la risa), como es evidente la búsqueda de armonía entre fondo y forma, y cuando digo forma, claro, me refiero también a la disposición que pueden tomar las palabras en la hoja, como la que se observa en los rosagramas, personalísimo ejercicio de caligramas con los que el poeta trata uno de sus tópicos más queridos.

Dado que el poeta tiene un amplio espectro de intereses, que van desde los mitos zapotecas hasta la literatura popular rusa, hay en los poemas un amplio espectro de referencias o de ámbitos representados; igual podemos encontrar a Baba Yaga y enseguida a los chaneques del sureste, pero también los jardines de la casa y los jardines del mundo.

Tan solo las veces que se menciona la palabra universo daría materia a un extenso e intenso análisis. Pero esto no es una cátedra, sino una invitación; convidados quedamos a asomarnos al uni-verso polimórfico, polisémico y polifónico de Víctor Toledo.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-313

 

 

[i] Uni-verso, Víctor Toledo, México 2015, Florycanto, 168 pp.

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