Descubriendo a la raza

Descubriendo a la raza

El pasado 12 de octubre se recordó aquel episodio de 1492 cuando arribaron a las  costas americanas tres carabelas cargadas de aventureros patrocinados por los reyes de España, circunstancia que coincidió con la expulsión de los colonizadores árabes de la península. Este evento marcó el principio del fin de los pueblos originarios de la masa continental que después fue bautizada como América por circunstancias que tienen que ver más con la ignorancia que con el conocimiento de lo que significaba el territorio que se pisaba por los europeos. Aunque se dice que antes había sido visitado por nórdicos y chinos, el “descubrimiento” y subsiguiente colonización y la nueva visión de derechos de dominio y destrucción de todo lo encontrado por las principales potencias militares, económicas y políticas europeas de la época.

Desde entonces, la Europa y luego los Estados Unidos han mantenido ese dominio brutal sobre los pobladores originales o nativos, los malamente llamados indígenas. Se ha dejado de lado casi en forma total la manifestación de lo originario en los eventos públicos de importancia nacional, con algunas notables excepciones, pero la influencia del mundo occidental en las manifestaciones de conducta social pública de las conmemoraciones netamente nativas, logran que éstas o brillen por su ausencia o sólo se conozcan en su intimidad.

Su participación en el diseño de las políticas públicas y la planificación nacional es prácticamente nula. Las injusticias se les dan a la orden del día.

Por otra parte, prevalece el dominio general de descendientes de los pobladores de origen europeo en la toma de decisiones. No hay que entrar en detalles en lo que es harto evidente. Tanto los de nacimiento extranjero como locales, todos parecen cortados con la misma tijera y lo que priva en sus acciones y sus conciencias es el dominio económico.

En medio de este sándwich está la de origen mestizo que es la gran mayoría de la población con un raro sentido del equilibrio de todos tipos, pues no es ni de uno ni otro, aunque en el fervor de profundidad analítica le traen de un lado para otro con filias y fobias sobre cada una de las partes genéticas culturales, con el consecuente abanico de manifestaciones de todo tipo.

Este tipo de identificación, dicho amablemente, es poco amable. De veras que se siente de la tiznada asentir que con esta identificación universal se puede recuperar la pertenencia que aporta y proyecta el privilegio de haber nacido en este país, y luego quedarse chato sin poder hacer nada, porque siempre aparece un espontáneo, como Yermo en 1808, que le ponga una buena carga de excremento a los ideales de un país que quiere respirar, sin broncas. Su aparente descomposición obedece a intenciones de algunos que hacen un buen negocio manteniendo estas prácticas, como arrojar a sus amigos a la hoguera por tres pesos. Judas cobró nada más treinta dólares, o algo así. Pero en México el trabajo sucio se hace gratis, nunca falta un alguien que traicione, por nada, cualquier esfuerzo por componer esta porquería de vida que hoy se padece. Pero primero habrá que preguntar a Malinche y a los contra insurgentes, conservadores, pofiristas, priístas, ¿qué les mueve? Los enemigos de las grandes causas populares del pueblo de México son, por decirlo sin agravio y sin discurso, los mismos mexicanos, por desgracia, la mayoría de ellos del pueblo: el objeto de la lucha es el principal enemigo. La raza contra la raza.

Y a alguien le dio por ponerle el brillante nombre de Día de La Raza a esa fecha, Día del Descubrimiento de América sin que se sepa a ciencia cierta a qué raza se refiere con esta expresión. Existe aún mucho mensaje cuestionable debajo de los nombres que se usan para darle vigencia a estos eventos históricos, pero está claro para muchos que la cacerola tiene mango y está muy lejos de casi todos, y donde las decisiones se toman por muy pocos y afectan negativamente a muchos. Habría que pensar en estas fórmulas y descubrir con los ojos abiertos del entendimiento sobre qué raza queremos manifestar la mayoría en beneficio de todos, si es que esto fuera posible, y aceptar que el desarrollo individual que plantea el actual esquema de vida, se ha revertido y se ha perdido la brújula en lo que se refiere al manejo efectivo de valores entre los pobladores de este continente.

Ahora bien, esa desgracia étnica que hoy descompone a la población en México puede ser el inicio de su salvación, con todo lo que esta afirmación implica, si se utilizara el mestizaje como punto de partida y bajo un proceso profundo de aprendizaje, se podrían encontrar las fórmula para entender ese momento de auto confirmación: ¿Qué significa ser mexicano? ¿De qué raza soy?

A propósito, el próximo 24 de octubre se conmemora el aniversario de un proyecto extraordinario que se llamaba Las Naciones Unidas. Para celebrarlo, mejor quédese en su casa, no hay mucha tela de dónde cortar, ni mariachis va a haber.

Y recuerde… sea de raza mestiza. Se siente bien. ■

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