La mitad de la población de Guadalupe vive con al menos una carencia social

La mitad de la población de Guadalupe vive con al menos una carencia social
Habitantes de las colonias Tierra y Libertad, y África, aledañas el Cerro de San Simón, enfrentan diversas carencias ■ FOTO: ANDRÉS SÁNCHEZ

■ En Fresnillo esta condición alcanza a 74.2 por ciento de la gente

■ En ambos municipios pretenden invertir 55 mdp en obras religiosas monumentales

■ La pobreza en la Villa es cercana a 35%; en El Mineral es de 56.1%

Entre los ayuntamientos de Guadalupe y Fresnillo, más la aportación del gobierno de Zacatecas, se pretenden invertir cerca de 55 millones de pesos en obras religiosas monumentales. La inversión contrasta con las demandas ciudadanas más sentidas que tienen relación con seguridad, servicios básicos e infraestructura pública como las vialidades.

En Guadalupe, donde el alcalde Enrique Flores Mendoza ha defendido la instalación de una estatua de la virgen de Guadalupe de 47 metros de altura en el Cerro de San Simón, la mitad de la población vive con al menos una carencia social, mientras que en Fresnillo está condición alcanza a 74.2 por ciento de la población.

Este indicador, publicado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en 2010, que es el último estudio que existe a nivel municipal, significa que esa cantidad de población en los dos municipios tiene problemas de rezago educativo, de acceso a servicios de salud, a seguridad social, a servicios básicos en la vivienda y a la alimentación, o adolece de la falta de calidad y espacios en sus hogares.

La pobreza en el municipio de Guadalupe es cercana al 35 por ciento y en Fresnillo rebasa la mitad de la población, es decir, el 56.1 por ciento de los fresnillenses viven en esta situación.

La principal carencias en ambos municipios es la del acceso a la seguridad social, lo cual afecta a casi el 40 por ciento de los guadalupenses y a 6 de cada 10 habitantes de El Mineral.

En segundo lugar, como uno de los elementos más preocupantes expuestos por el Coneval, está el acceso a la alimentación. De acuerdo a la definición que el propio organismo tiene de este apartado, se refiere a los hogares que “presentes un grado de inseguridad alimentaria moderado o severo”.

Este grado de inseguridad alimentaria, señala la instancia estadística, “refleja el proceso que comienza con la reducción en el consumo de calorías, primero entre los adultos y luego entre los niños. Esta reducción es leve al comienzo, pero puede llevar al hambre, primero entre los adultos, y eventualmente entre los niños”.

En Guadalupe, el 20.3 por ciento de la población no puede acceder a una alimentación adecuada y en Fresnillo el porcentaje se incrementa hasta el 26.2 por ciento.

Asimismo, otro de los índices que se analizan es el de los habitantes que tienen ingresos por debajo de la línea de bienestar y por debajo de la línea de bienestar mínimo. Este último indicador corresponde a la población que, “aun al hacer uso de todo su ingreso en la compra de alimentos, no podría adquirir lo indispensable para tener una nutrición adecuada”.

En Guadalupe, en esta condición, está un 12.8 por ciento de los habitantes y en Fresnillo es el 25.3 por ciento.

El tener ingresos por debajo de la línea de bienestar implica que las personas “no cuentan con los recursos suficientes para adquirir los bienes y servicios que requieren para satisfacer sus necesidades básicas” entre las que están las alimentarias y las no alimentarias como la educación, la salud, el transporte público y el esparcimiento, entre otros.

En esta situación está cerca de la mitad de la población en Guadalupe y casi el 70 por ciento de los fresnillenses.

Habitantes de esta zona de Guadalupe exigen mejores servicios urbanos y transporte ■ FOTO: ANDRÉS SÁNCHEZ

Vecinos del Cerro San Simón desconocen proyecto turístico

Vecinos del cerro San Simón desconocen el proyecto turístico de construir una Virgen de más de 40 metros de altura, y la cual según autoridades del ayuntamiento de Guadalupe, traería beneficios a los habitantes.

Don Antonio vive a unos pasos de la escultura actual de la Virgen de Guadalupe. Recuerda que él trabajó en la primera edificación que se hizo en el Cerro San Simón. En esa ocasión, dice, se invirtió mucho dinero, y se colocó la actual virgen de estructura metálica que adorna el cerro.

Cuenta que al principio cada año cientos de fieles subían a venerar la imagen. Los creyentes preparaban alimentos y los repartían de manera gratuita a los asistentes. Había música, pirotecnia, misa y rezos de los fieles.

Pero desde hace 8 años se dejó de celebrar a la virgen en este lugar. Ninguna autoridad municipal en ese tiempo pensó en reactivar y dar mantenimiento al espacio.

Y en esos años se convirtió en un foco rojo para los habitantes, pues grupos de personas usaban la pequeña plaza para ingerir bebidas alcohólicas o drogarse. Se convirtió en un punto ideal para que jóvenes protagonizarán riñas porque no había vigilancia, y los salones que se construyeron se encontraban abandonados.

Antonio llegó a este punto desde que se fundó el cerro. Desde su arribo solicitó al ayuntamiento que pavimentaran un camino que conduce al cerro, pues con las lluvias el lodo y el agua bajaban por las calles, metiéndose a las casas.

Dice que paga sus impuestos y su predial de manera puntual. Y el municipio nunca cumplió con darles este servicio, por lo que no espera que ahora con una nueva construcción el ayuntamiento ayude a los vecinos.

Por su parte, Rosa, vecina del lugar, desconocía que se pretende construir una Virgen monumental a unos metros de su vivienda. Aunque opina que si se consolida la obra, a ella ni a sus vecinos les traerá beneficios.

“No han dicho nada, no han venido, nomás salió en la tele. Allá el gobierno si quiere gastarse dinero en eso, a mí me da la misma si la construyen. De todos modos el gobierno nunca nos ayuda. A mí me da lo mismo, es más ni voy a misa”, afirma.

Gabriela, vecina de la misma calle, dice que no conocía la intención del ayuntamiento de edificar la Virgen más grande del mundo cerca de su vivienda.

Aunque es católica, opina que no se debe gastar dinero en algo así y se debe destinar a mejorar las viviendas de los habitantes, o a brindarles transporte urbano, pues ni los camiones llegan hasta arriba del cerro. Una queja de los vecinos es la falta de transporte público, ya que deben bajar a la calzada Solidaridad a tomar el camión urbano.

Paulina, joven vecina, piensa que este proyecto podría beneficiarlos si se les permitiera instalar algún negocio de comida o de otro giro en este punto. De no ser así, desconoce si esto traería algún tipo de beneficio, o al contrario, problemas de suciedad, movilidad por los automóviles, entre otros.

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