Seguridad: lo que sí pueden hacer

Seguridad: lo que sí pueden hacer

El homicidio de Cinthia Nayeli, la jovencita que desapareció el viernes pasado cuando iba a la preparatoria, y apareció muerta al día siguiente en un canal de aguas negras, despertó indignación de una sociedad dolida, y al mismo tiempo, acostumbrada a contar muertos todos los días.

Su edad, género y circunstancia de muerte sacudió a los zacatecanos que nuevamente se preguntan hasta cuándo terminará la situación de sangre e inseguridad que se ha vuelto cotidiana.

Hoy, como en otras ocasiones, la ciudadanía busca maneras de organizarse para hacer sentir su descontento, para presionar a quienes les gobiernan a que hagan su trabajo y cumplan sus promesas y contratos.

La Universidad Autónoma de Zacatecas organiza una manifestación, se habla de posibles paros de actividades, y en internet circula una petición a través del sitio change.org en la que se exige la renuncia del gobernador del estado.

Todos estos esfuerzos, me temo, caerán en los oídos sordos de los destinatarios que ya saben de memoria las respuestas que pronuncian como mantra infantil mientras se tiran en el rincón, se acurrucan en posición fetal y repiten para sí mismos y para los demás: “es un problema muy complejo”, “se matan entre ellos”, “necesitamos la ayuda de la sociedad”, “no podemos dejarlo todo en manos del gobierno”, “es un problema multifactorial”, “le pedimos a la ciudadanía que nos ayude”, “nada ganamos con sus quejas, esperamos sus propuestas”.

En este rosario de lugares comunes bien ensayados, están también frases de Perogrullo que no por constituir un cliché, tienen menos verdad.

Cierto es que la inseguridad no terminará de un día para otro, que el problema no empezó ayer, y por tanto tampoco terminará mañana. Es verdad que en mucho, esto se debe al modelo económico de las últimas décadas, y que es una situación nacional de la que Zacatecas no puede escaparse.

Sin embargo, nada de eso mencionaron en campaña, cuando prometieron terminar con esta violencia y cambiar el estado actual de las cosas.

Pero dejémonos de los “no” de los que tanto se quejan y pasemos a los “sí”. A lo que sí pueden hacer, a lo que sí está en sus manos.

Sí podrían iluminar las calles; son muchas las que están en penumbras, entre ellas algunas ubicadas en Las Quintas y en Orquideas, el rumbo que fue escenario del crimen de Cinthia Nayeli.

Podrían también iluminar las paradas de autobuses, y establecer operativos especiales en las mismas, en los horarios de mayor riesgo.

Podrían atender las demandas reales de las organizaciones de colonos pues éstas ubican las zonas y horarios de peligro, los sitios donde esconden lo robado y se reúnen a consumir drogas. Sí se atendiera sus peticiones, y no sólo se posara para la foto, se podrían desmontar madrigueras para la delincuencia en cada colonia.

Sí podrían activar con torneos deportivos o actividades culturales los espacios recreativos de las colonias, en lugar de dejarlos como sedes de repartidores de despensas, y centros de mítines políticos.

Sí podrían dejar de ver el deporte como espectáculo, y a las instituciones en la materia como centro de becas para “garbanzos de a libra”, y plantear la activación física como un camino para el bienestar personal y social.

Sí podrían repensar los subsidios al basquetbol y futbol profesional, como un compromiso para que cada jugador se encargara de apadrinar equipos llaneros, colaborar con sus entrenamientos, visitarlos frecuentemente, y motivarlos a seguir en la práctica de deporte.

Sí podrían cambiar sus espacios pagados para promoción en medios de comunicación para difundir las fotografías de desaparecidos.

También podrían dejar de tener en letra muerta los mecanismos legales e institucionales que se han hecho para atender a las víctimas, y para prevenir la violencia. Podrían dejar de pensar que el ejercicio de gobierno tiene que pensarse en términos de rentabilidad financiera, o que sólo hay que destinar dinero a aquello donde hay márgenes para la corrupción y la ganancia personal.

Podrían sí, dejar de promover los programas sociales buscando llenarlo con “cuates”, y podrían dejar el diseño de políticas públicas en manos de verdaderos expertos y no de “cuates” que caigan bien, cobren barato, y permitan la transa.

Podrían dejar de esconder sus cabezas en la polvareda del discurso barato de “es una responsabilidad de todos” en la cual ellos no hacen su parte. Podrían dejar de pensar que en cada protesta ciudadana hay un golpeteo político, y en cada cuestionamiento mediático un resentimiento por la disminución de los convenios. Podrían pensar por un minuto que Cinthia pudo ser su hija, su hermana, ellos mismos. n

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