Tiempos de censura

Tiempos de censura

Otro signo ominoso de este tiempo de canallas en México: Leonardo Curzio, quien se define como un “hombre moderado” en sus opiniones, prefirió renunciar como conductor de Enfoque Noticias de la cadena NRM Comunicaciones en vez de claudicar y cumplir la exigencia de sus jefes de entregarles “la cabeza” de sus colaboradores María Amparo Casar y Ricardo Raphael.

En una entrevista con Homero Campa, publicada en Proceso, Curzio formuló una pregunta inquietante: “Si un moderado como yo pierde el empleo por esto, ¿qué va a suceder con los periodistas que realizan investigaciones sensibles?”.

La respuesta es, lamentablemente, funesta: Los periodistas que investigan y difunden asuntos de interés público que los poderes quieren ocultar padecen el acoso, la represión y el asesinato, la expresión más cruel de la censura.

Hay un contexto propicio para intimidar y acallar voces críticas en los medios de comunicación y forma parte de una estrategia deliberada desde la cúspide del gobierno de Enrique Peña Nieto para que haya condiciones a su favor en el proceso electoral que está en curso.

Como en el despido de Carmen Aristegui de MVS, en 2015, es difícil acreditar de manera contundente que funcionarios del gobierno federal o de la Presidencia de la República pidieron al propietario de NRM Comunicaciones, Edilberto Huesca Perrotín, que Casar y Raphael fueran despedidos por criticar al gobierno y a su partido, el PRI, pero Curzio cree que “la concatenación de hechos sugiere” que ese fue el motivo.

Curzio se ha quedado sin el espacio de información y opinión que encabezó durante 18 años, como en su momento fue silenciada Aristegui, pero en todo el país son cotidianas las acechanzas contra espacios críticos en radio, televisión, prensa y digital, o el asesinato directo de periodistas, como el más reciente de Daniel Esqueda Castro, fotoperiodista de San Luis Potosí.

Así como está plenamente vigente el modelo de colusión del gobierno federal con los medios, con vastos recursos económicos para usarlos discrecionalmente como publicidad gubernamental y con los órganos reguladores controlados, también se aprecia una estrategia de generar miedo en periodistas para que desistan de su talante crítico.

Los 38 asesinatos en el gobierno de Peña Nieto, la impunidad que los acompaña y el desdén al más alto nivel constituyen un mensaje para amedrentar y consolidar la uniformidad informativa y de opinión que sólo beneficia al statu quo.

Callar ante la censura a un comunicador y a un espacio, aun cuando no coincidamos, es ceder a un derecho que debe ser irrenunciable: la libertad de expresión. ■

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