Inseguridad, sangre y miedo en Zacatecas: ¿qué camino queda?

Inseguridad, sangre y miedo en Zacatecas: ¿qué camino queda?

La violencia extrema se ha desbocado otra vez en Zacatecas. La posibilidad de las bandas en la operación de sus fechorías parece ilimitada: roban, secuestran, cobran piso y asesinan en pleno día, y no parece ocurrir nada. La policía está pasmada: hace rondines y posee alguna información de la identidad de los grupos delincuenciales, pero es información como cultura general, no se observa que tenga utilidad práctica en el combate de dichos grupos. No hemos visto algún tipo de estrategia de inteligencia para desmembrar las células organizativas, o la operación de trampas como las llamadas ‘ratoneras’, que consisten en atraer a los malhechores para que intenten delinquir como, por ejemplo, cobrar piso o secuestrar, y caigan en el intento. Vimos cómo las bandas agobiaban el Mercado de Abastos y no observamos alguna táctica proactiva de la policía para detener o atrapar a los delincuentes. O los clásicos métodos de infiltrar a los grupos negros para tener información operativa de primera mano. En fin: nada.

Con 850 policías estatales es poco probable tener éxito en esta emergencia. El número es muy pequeño, pero no sólo eso: la capacitación también es reducida. Hay municipios donde sus policías renuncian por amenazas del crimen, ¿qué podemos esperar de su población? ¿Por qué ocurre esto? ¿Habrá más delincuentes que policías, mejor armados, con el factor sorpresa y el miedo de todos (incluyendo las autoridades) a su favor? Tienen todas las condiciones para actuar a sus anchas.

La única forma de enfrentar este lacerante problema es con la fuerza de todo el Estado, no sólo sus aparatos de gobierno, es decir, las estructuras institucionales de la comunidad política; con la sociedad organizada y no organizada; y con las empresas del mercado. Todos somos afectados, y todos podemos actuar. Las fuerzas de los gobiernos han quedado en la absoluta impotencia. Ante ello, empiezan a despuntar la autoorganización popular para el autocuidado: en algunas colonias se ha visto la puesta de cámaras por los propios colonos, o de sistemas de alarma para detener a los malos en el Arroyo de la Plata, o los avisos de protección de otros barrios con las tecnologías de los celulares. Despuntan iniciativas desde los barrios, colonias o centros de comercio de la capital. Las autoridades municipales los han apoyado y con ese gesto, avanzan mucho. Es decir, no se requieren autoridades heroicas, basta que tengan algo de sensibilidad y sentido común. Basta que realmente quieran decir ¡Basta! Si no pueden atender directamente la seguridad, es necesario que organicen o coordinen o apoyen la iniciativa de la sociedad civil y las instituciones educativas, para que el problema se atienda por todos. Pero eso implica que actúen horizontalmente, llamen a todo mundo a participar, generen los canales de dicha participación y ofrezcan las garantías mínimas a los operadores. El gobernador anterior, quiso cubrir su imagen y mintió a todo mundo en promocionales en el sentido de que la seguridad se había resuelto. Mal tino. Fue contraproducente: la realidad no se puede ocultar detrás de un spot. Es mejor ser amigo de la realidad y llamar a todos a colaborar para resolver algo tan complejo e importante como la paz y tranquilidad.

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