Construyendo devoción

Construyendo devoción

En el municipio de Guadalupe, en Zacatecas, se está planeando la construcción de una Virgen gigante cuyo costo se estima en 80 millones de pesos. En el estado 95.1% de la población es católica. Por ende, la iniciativa puede ser una idea políticamente acertada, pero en realidad se trata de algo difícil de justificar.

Se pretende que parte de los recursos para construir la monumental imagen provenga de las arcas gubernamentales (30 millones de pesos).  La ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público establece que el Estado no podrá otorgar ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna, por lo que el asignar recursos para este proyecto representa una potencial violación de la ley.

Incluso si México no fuera un país laico y si esta ley no existiera, el proyecto sigue siendo igualmente absurdo. La justificación de quienes lo promueven es la creencia de que la Virgen gigante incrementaría el turismo en el estado. Esto es posible, pero complicado.

La Virgen de Guadalupe ha acompañado el desarrollo histórico de México. Desde su aparición en 1531, la historia de la Virgen Morena ha congregado a millones de personas en el cerro del Tepeyac. El primer santuario de San Juan de los Lagos fue construido en 1642. Los peregrinos que año con año visitan San Juan lo hacen también por el misticismo y la devoción que con los años se ha formado en el lugar.

Independientemente de nuestras creencias, tenemos que aceptar que la fe es una idea poderosa. Estos lugares reúnen personas no por las esculturas que ahí se encuentran sino por lo que representan. Para que la Virgen que quieren construir gane adeptos, tiene que generarse una devoción hacia la figura y hacia el lugar donde será colocada.

Pero de nuevo, supongamos que los adeptos a la Virgen fueran inmediatos y el turismo se incrementara rápidamente. En este caso ¿no estaría lucrando el gobierno con la religión de las personas? Este punto es delicado, pues de cierta manera este proyecto busca construir divinidad, lucrar con la fe de las personas, para obtener ganancias económicas.

Ahora bien, incluso si el proyecto no careciera de moral, resulta muy poco congruente construir algo que cueste 30 millones tan cerca de las colonias más pobres de la zona conurbada. Imaginemos la escena: las personas que visitarían la virgen contemplarían, desde la punta del cerro, la figura religiosa más alta del mundo y al mismo tiempo, como parte del tour, las casas de cartón de las colonias como Tierra y Libertad y Ampliación Mina.

¿Realmente quieren proyectar esa imagen? ¿Realmente se trata de una zona que se preste para ser un corredor turístico? Antes de construir cualquier cosa para atraer visitantes, se tienen que mejorar las condiciones de alrededor y no al revés.  Los 30 millones que el gobierno municipal y estatal podrían ser destinados a mejorar las condiciones de las viviendas en las colonias Tierra y Libertad y Ampliación de Mina. Algo que sus habitantes llevan pidiendo (no solo a la Virgen) desde hace mucho tiempo.

Este proyecto se suma a otros igualmente extraños como la ampliación del estadio de futbol y la construcción de un segundo piso para evitar los “grandes embotellamientos”. Incluso si no se concretan, su planeación demuestra la concepción que la actual administración tiene sobre la generación de políticas públicas. Hay muchas más opciones que podrían tener mayores externalidades positivas y que resultarían menos polémicas.

En lugar de invertir en una imagen gigantesca que difícilmente redituará en ganancias inmediatas, se podrían mejorar las condiciones de seguridad alrededor del Santuario de Plateros (que por cierto ya es uno de los más visitados de México). Si lo que se quiere es aumentar el turismo, esos 30 millones podrían inyectarse al teleférico, uno de los atractivos del estado que lleva parado bastante tiempo. Se podrían dar estímulos a los comercios del centro para mejorar su infraestructura y hacerlos más atractivos. Incluso podrían usarse para tener un cableado subterráneo en Guadalupe, algo básico para mejorar la imagen del lugar.

Esos mismos 30 millones se podrían utilizar para mejorar el transporte público del municipio y del estado. Esto no solo mejoraría la facilidad y seguridad con la que los turistas se pueden desplazar, sino que de paso podría evitar la construcción innecesaria de un segundo piso que no serviría de mucho y costaría demasiado.

Hay muchas buenas ideas, todas necesitan ser evaluadas en su costo y beneficio para escoger la mejor. Lo preocupante es que quienes actualmente proponen cuáles políticas públicas se tienen que diseñar en el estado lo hacen con base en lo que “creen” que es bueno. Este tipo de ideas refleja la falta de profesionalización y preparación de las autoridades para entender que es prioritario y cómo se tiene que atender. Eso, o estamos ante la presencia de un gran número de genios incomprendidos.

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