SEMICH, casos de la vida real

SEMICH, casos de la vida real
Alfredo Carrera, Tania Cambrón, Edgar Omar Avilés y José Agustín, miembros fundadores de la SEMICH.

La Gualdra 311 / Notas al margen

 

Hace ya 6 años que se creó la Sociedad de Escritores Michoacanos; en aquel entonces éramos un grupo que no superaba la docena, decidimos entrarle a este argüende por iniciativa de Alfredo Carrera, quien actualmente funge como presidente de la asociación. Hoy somos, al menos en lista, treinta escritores entre los que hay creadores con trayectoria y reconocimientos nacionales, así como personas que apenas comienzan en lo que damos por llamar –muy optimistas- el mundo de las letras. Desde que creamos la SEMICH hemos realizado una cantidad nada despreciable de eventos literarios: presentaciones de libros, de autores, entrevistas, charlas-taller, diplomados en creación literaria; hemos colaborado con instituciones públicas y con entusiastas de la cultura (algunos los llaman chairos). Para no ir más lejos, el argüende que nos propuso en aquel entonces Carrera resultó ser real y terminamos con una asociación que hoy identifican 2 de los cuatro gatos que se dedican a la literatura (es decir el 50 por ciento más o menos, que en este ambiente ya es mucho decir).

De los originales 12 que comenzamos el proyecto hoy sólo quedamos 4 dentro de la asociación, pero las oscuras razones detrás de eso ni son tan oscuras ni tan racionales. Es sencillo, los escritores se cansan los unos de los otros, sobre todo cuando a uno le toca cargar en hombros el ego monumental de otros. Así, el éxito de una organización como ésta se basa principalmente en aguante, paciencia, terquedad y tolerancia. La verdad yo no tengo muy bien desarrollada ninguna de esas características, pero gracias al cielo algunos de los miembros sí y eso ha permitido mantener al barco a flote.

El punto es que ahora, que es el mes de aniversario, aprovecharé para hablar de esta sexenal relación, pues lo más interesante es que, como siempre, la gente voltea a ver al escritor y se pregunta: ¿qué hace?, ahora imagínense cuando ven a un puñado de ellos, o cuando ese puñado además se autodenomina asociación -¿se asocian los escritores?, ¿como los camioneros, como los abogados?-; peor aún, cuando esa manada de perdedores comienza a resaltar sobre otra manada menos afortunada, y es que como dice el de Calle Trece: “gato que avanza, perro que ladra”; entonces la gente ya no sabe qué pensar, ¿qué es una sociedad de escritores?, ¿para qué sirve?, ¿podrán publicar mi libro?, ¿son una mafia?

En esta breve nota me dedicaré a contestar algunas de esas preguntas para, de una vez, salir de dudas acerca de lo que es una asociación de escritores y, más concretamente, qué es la SEMICH. De entrada habría que decir que una sociedad de escritores, al menos la nuestra, no puede ayudarte en nada. Olvídalo. Si realmente quieres escribir hazlo. El primer problema de todo escritor amateur es que intenta llamar la atención de los otros escritores: gran error. A los escritores no les interesas; no intentes ganarte a tus colegas, gánate tus lectores. La sociedad de escritores no hace a nadie ni mejor ni peor escritor, tampoco te consigue premios, becas o novias; una sociedad de escritores será de utilidad a alguien que siempre esté escribiendo, trabajando y tenga claro su objetivo: escribir.

Y, entonces, te preguntarás, ¿para qué iba a querer entrar a un grupo así? Simple: aprobación. Pensaba el otro día que uno como artista siempre busca un lugar donde lo aplaudan y lo celebren, aunque al final termina quedándose en el sitio donde al menos lo consuelan. Pasa mucho, en talleres literarios, en colectivos artísticos, en asociaciones; grupos que terminan convirtiéndose no en sinergias generadoras de éxitos colectivos sino en grupos de apoyo anímico. Una palmadita en la espalda para el hacedor de poesías, otra palmadita en la espalda para el de los performances circenses, una más para el borrachito que no ha dejado de escribir. En fin, la literatura y el talento terminan naufragando en un mar de lágrimas del cocodrilo que algún día quiso ser dragón.

La utilidad de la SEMICH es la que puede tener cualquier grupo en el que los más de sus integrantes se dediquen a lo suyo: a crear, en la intimidad de su casa, en el silencio de sus escritorios, para luego potenciar la proyección de su trabajo con ayuda de las muchas o pocas manos que conforman la asociación. Fácil: si no existe el trabajo nada podrá potenciarlo. Pensando en cosas prácticas, la SEMICH es un facilitador del trabajo del escritor que el escritor no “debiera” realizar: distribución, proyección, publicidad, generación de espacios, de públicos, etc. Así, en una sociedad de escritores ideal cada cual se dedicaría a lo suyo, a lo inherente del escritor, a escribir; mientras que entre todos se repartirían el trabajo sucio, lo demás.

Son varios los mensajes que llegan a la página de Facebook o al correo de la sociedad y de los que me he enterado: ¿Me pueden publicar mi libro?, ¿me pueden revisar un manuscrito?, escribo y tengo varios libros sin publicar, quiero ser miembro, ¿cómo le hago? Respondo: la SEMICH no publica libros, no nos dedicamos a eso; no revisamos manuscritos, ¿por qué habríamos de hacerlo de gratis?, ¿nos llamamos Sociedad Benefactora de Escritores? Empecemos a respetar a este grupo vulnerable que son los literatos, paguémosle por su trabajo, por favor. Aceptamos miembros que quieran aportar al grupo, no personas que, per se, quieran que el grupo les aporte.

Por último habrá que decir que no, lamentablemente no somos una mafia, y al menos por mi parte si quisiera unirme a una no lo haría jamás a una de escritores. ¿Qué tanto vamos a ganar con estos infelices? Poco, no gran cosa. Ya lo decía mi madre, si vas a mendigar toca a la puerta de las casas grandes. Pero vamos a decirle que sí a los detractores, que escribimos con los bolsillos llenos de billetes mal habidos, con la cabeza vacía y el corazón entelarañado, que detrás del escritor nunca puede haber talento sino una avaricia bien dirigida; vamos a regalarles la imagen del exitoso creador local que se hizo rico estafando a las instituciones con su falsa literatura, y es que si les quitamos ésa, su única ficción legítima, ¿con qué otro placebo van a sanar su falta de autoestima?

Nos felicito a la SEMICH por aguantarnos y fortalecernos durante 6 años. ¿Qué espero?, no espero nada. Brindo porque la ligereza de la mediocridad siga librándonos del aplastante peso de la soberbia. Salud.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-311

 

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