Huracanes, terremotos y Mara

Huracanes, terremotos y Mara

La Gualdra 311 / Literatura

 

Creo que para nosotros, los mexicanos, no existe el horror: de tal modo estamos acostumbrados a él […] somos un país increíble.

De demonios.

 José Revueltas. Acerca de Los muros de agua.

 

Los mares se levantan, la tierra tiembla, y la ayuda llega. De un mexicano a otra, de una mexicana a otro. Desaparecen los géneros, los rencores, sólo vemos humanos lastimados y los ayudamos a ponerse de pie. Muchos nos conmovimos hasta las lágrimas al ver estas reacciones. Me resultaban increíbles muchas imágenes mostrando solidaridad, sobre todo cuando hacía un poco más de una semana una mujer más había sido violada, asesinada y juzgada.

La historia ya la sabemos, Mara Fernanda Castilla Miranda salió de fiesta, tomó lo que pensó era un transporte seguro y fue la última decisión de su vida. El 9 de septiembre se entregó el responsable, la historia impacta. Me dolió todo, pero más los “ella se lo buscó”, declarados por muchos, hombres y mujeres, viendo en la víctima una consecuencia a sus acciones y no lo que es: una víctima de un hombre tan sádico que confiesa todo vanagloriándose de sus actos.

Hace unos meses escribí un ensayo sobre cuestiones de género que fue merecedor del Premio Estatal “Beatriz González Ortega”, lo titulé: “Mujeres de ficción tomando decisiones de verdad”. Hablaba desde mi burbuja y señalaba las críticas que hacemos como sociedad hacía las mujeres que gozan su vida como cualquier hombre. Mujeres que no se limitan, que salen, se divierten, y quieren regresar a casa y esperan la resaca no sea tan fuerte. Ingenuamente resaltaba que si en la literatura y el cine se difunde este modelo de mujer, ya no estábamos tan lejos de vernos como iguales por lo menos en cuanto a diversiones se refiere.

Así como me focalicé en estas fuentes de cultura, al enterarme del caso de Mara Castilla recordé muchas otras que exponen a mujeres, abusadas, golpeadas, maltratadas, manipuladas, presas de sus deseos y de lo que la sociedad les dicen que sean. En especial las retratadas por el autor mexicano José Revueltas (1914–1976). Niñas, jóvenes, adultas, ancianas, Revueltas veía que las mujeres éramos víctimas de nuestra sociedad y si salíamos un poco de los estándares terminábamos mal. Hace más de medio siglo que terminó con su obra literaria y esos casos desoladores, siguen repitiéndose.

No sólo la realidad ha superado a la ficción en número y crueldad, también nos enfrentamos a una constante ceguera al caso. Los académicos hablamos de los relatos como si no salieran del papel cuando conocemos a más de una esposa asesinada por su marido celoso, tal y como ocurre en el cuento “Noche de Epifanía” (1960); o una joven que cometió suicidio por no soportar las constantes críticas relacionadas a su sexo como en “La hermana enemiga” (1960), donde al final la madrastra sentencia: “se ha dado su propio castigo”. Como éstas hay más historias que narra Revueltas inspirado en ese lado de la realidad que no nos gusta ver, ése en donde Mara no pudo mostrar su solidaridad.

Hoy que vemos que el horror y la ayuda en México sí existen hagamos lo mismo para con todas las que han sido, son y serán víctimas del odio, pues es un largo camino el que hay que recorrer para remover más de cien años maltratando mujeres. Comencemos con que no se nos haga costumbre decir “una más” con indignarnos ante los crímenes. En fin, dejemos los demonios para la ficción y los ángeles para la Tierra.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-311

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