En algún momento del futuro, una máquina llegará a tener conciencia de sí misma: investigador

En algún momento del futuro, una máquina llegará  a tener conciencia de sí misma: investigador
El neurólogo Ranulfo Romo Trujillo ■ FOTO: TOMADA DE YOUTUBE

■ El neurólogo Ranulfo Romo Trujillo participó en Bienal Internacional de Radio 2017

■ “Contarán una historia…que hubo unos humanos, unos seres raros que eran muy falibles, que estaban sometidos a problemas de cansancio, de atención y de enfermedades”

En algún momento del futuro los seres humanos podrían pasar a ser sólo un relato contado por otros entes creados paradójicamente por ellos, y dotados con inteligencia artificial; inmunes a la enfermedades, autorreparables y siempre susceptibles de perfeccionarse; quizás ¿autoconscientes?

“Contarán una historia…que hubo unos humanos, unos seres raros que eran muy falibles, que estaban sometidos a problemas de cansancio, de atención y de enfermedades y que se morían muy pronto…y nos crearon a nosotros; ellos pudieron trascender a través de nosotros”, expuso el neurólogo Ranulfo Romo Trujillo en entrevista con Carlos Navarrete.

El investigador, miembro de El Colegio Nacional y la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, estuvo en Zacatecas para ofrecer una conferencia en el contexto de celebración de la Bienal Internacional de Radio 2017.

“¿Qué tan posible es que una máquina llegue a tener conciencia de sí misma?”, fue la pregunta que sucedió a la consideración de que la inteligencia es la capacidad de la autoconciencia, de poder hacerse preguntas y tener la capacidad de responder a algunas de ellas para resolver problemas.

“No lo sé, pero algunos colegas piensan que esta es una cuestión de tiempo”, puntualizó Romo Trujillo.

Él mismo se vio tratando de responder a esta interrogante cuando una editorial británica le envió un libro sobre la conciencia para su revisión y probable publicación. Había que contestarse si alguna vez las máquinas serían conscientes, tomarían decisiones inteligentes por sí mismas y desplazarían al ser humano.

En el capítulo final el autor llegaba a la conclusión de que sí, “sí tendremos máquinas conscientes en el futuro”.

Para el neurólogo la respuesta implica una consideración ética que lleva a otra pregunta, ¿qué sucederá si máquinas conscientes, autorreparables, inmunes a la enfermedad, y en continua capacidad de mejora, esto es, extremadamente poderosas, superaran y aun sustituyen al ser humano cuyas características biológicas lo exponen siempre sometido a enfermedades y a la ineptitud e incapacidad para resolver situaciones complejas.

Son en realidad las limitaciones del hombre las que lo han llevado a generar máquinas, por ejemplo, aviones, que le permiten hacer un viaje de Ciudad de México hasta Madrid en 11 horas, o ir de la Tierra a la Luna desde Cabo Cañaveral.

El autor de aquel libro puso en aprietos a Ranulfo Romo. Logró salir de ellos “con un acierto (…) me acordé de Julio Verne” y su novela “De la Tierra a la Luna”, en que el autor francés narró en 1867 una expedición imaginaria que 100 años más tarde sería una realidad.

“Entonces yo creo que es una cuestión de tiempo que tendremos las máquinas con las conciencias artificiales, quizá en menos de 100 años” y no pasaría nada, advierte, si no ocurriera dentro de este lapso de tiempo, pero sucederá.

Otra vez con la imaginación de por medio, adelantó que así como hay armadoras Audi o Nissan habrá maquinas que generen robots con conciencia artificial que las operen, que no se quejarán o se verán afectados por la temperatura, no padecerán cáncer, diabetes o sentirán el cansancio.

Aquí volvió a su mente la consideración ética expuesta líneas arriba ¿A dónde vamos a quedar nosotros? Porque las máquinas siendo autoconscientes generarán sus propios conocimientos pero también un mundo artificial acorde con “su mundo”.

“Entonces a mí me aterra imaginarme que la especie biológica desaparezca…”.

Finalmente, dijo ahora Carlos Navarrete esto expresa una paradoja, la extensión de la inteligencia humana que es la inteligencia artificial sería superada por su obra.

“Que sería la única manera de trascender” porque dentro de miles de años “la Tierra será una cascarita” y para hacer sobrevivir el soporte de la vida: el agua, oxígeno, plantas y animales, se requeriría otro lugar.

“Entonces la manera de trascender será a través de estas máquinas que podrán irse de la Tierra y viajar por cientos de años hasta llegar a un sitio y poner sus fábricas tipo Audi para preservar la conciencia bilógica que fue de los humanos”.

“Y quizás algún día ellos contarán una historia, que hubo unos humanos, unos seres raros que eran muy falibles, que estaban sometidos a problemas de cansancio, de atención y de enfermedades, y que se morían muy pronto y nos crearon a nosotros…ellos pudieron trascender a través de nosotros”. Hizo la descripción del futuro, que remató con una carcajada.

Pero en la construcción de la inteligencia y de la autoconciencia como expresión de ella, hay otro elemento interesante en términos neurocientíficos, aportó Carlos Navarrete, la memoria, el aprendizaje y la experiencia, parecen propias de los seres vivos.

Refirió un experimento en que a unas ratas les es implantado “un recuerdo falso”, una experiencia no vivida que les permitió ante un laberinto que nunca habían pisado, resolver con facilidad dónde estaba la salida.

“Biológicamente es una locura pensar qué pasaría si las máquinas pudieran tener memoria, experiencia”, comenta.

“Es que no lo sé. Me parece muy inteligente esa observación porque será una memoria programada y si es programada ya no será consciente, porque un componente esencial de la conciencia es que tiene que ser heurística, nueva”.

“Mi maquinaria cerebral me permite ir cambiando la narrativa de lo que estoy pensando en este momento”, un momento que es siempre diferente a otro anterior.

“¿Qué tipo de experiencias tendrían estas máquinas, cómo sería su mundo musical si es que lo preservan, su literatura, cómo serán sus deportes, sus entretenimientos?”, hilvanó ahora el neurólogo una seria de interrogantes.

“¿Habrá el amor, el odio, sentimientos de ese tipo que son muy biológicos, que son producto de nuestra biofísica, nuestra química de nuestro cuerpo?”.

A la discusión se agregaron las consideraciones que ha vertido el escritor Jorge Volpi, “la ficción nos hace ser más humanos”, el cerebro ha aprendido a mentirse a sí mismo pero no solo para entretenerse sino como un medio evolutivo de supervivencia.

“Lo que ahorita no pueden hacer las máquinas, mentirse a sí mismas, nos hace vivir otras vidas (…) eso todavía sigue siendo propio de lo humano”.

“Lo es y quizá sea la parte cumbre de la inteligencia”; la imaginación tiene muchos sinónimos: ficción, mentira, cuento, de cualquier forma dijo el investigador, es el producto cumbre del funcionamiento cerebral.

“Pero para que haya imaginación hay que tener experiencia. Es por eso dijo, “que hago mucho énfasis en educar al cerebro”, que no es sesgarlo sino darle la oportunidad de alimentarse para que por sí mismo proponga transformaciones a realidad.

“En el fondo la imaginación no es más que una transformación de la experiencia (…) y ésta tiene muchos ángulos. Y bienvenida esa ficción, esa imaginación que es producto de la experiencia”.

Tras las consideraciones queda esperar que nos depara el futuro con las maquinas inteligentes, agregó Carlos Navarrete, y la respuesta de Ranulfo Romo vuelve a exhibir esa característica heurística de la que habló, al observar ahora que el cerebro al estudiarse a sí mismo también pone trampas “para que no podamos entenderlo” del todo.

“Y si esto es así, nunca –nos- permitiremos tener esa conciencia artificial, y la acotaremos para algunas cuestiones que nosotros ya no podamos hacer. Y si esto es así –reitera-, bienvenida la inteligencia artificial”.

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