Deuda de México, expresión de un sistema “caduco”

Deuda de México, expresión de un sistema “caduco”
Simón Levy-Dabbah, ayer antes de la entrevista con ‘La Jornada’. Foto La Jornada

Ciudad de México. México vive con una deuda pública que es, comparativamente, igual a la mitad de la riqueza que el país produce cada año y que se ubica en el nivel más alto en dos décadas y media. Son datos públicos y expresión de “un sistema económico caduco e imposibilitado de generar alternativas de desarrollo y bienestar” para la población.

El nivel al que ha llegado la deuda pública “es expresión de una etapa terminal de un sistema económico que ha caducado”, expone Simón Levy-Dabbah, autor de Crecer sin deuda. Del Estado despilfarrador al Estado generador de riqueza pública, publicado bajo el sello de Editorial Porrúa.

Este año, la deuda total del sector público –incluidas la externa e interna, así como el costo de rescates financieros, como los de la banca y carreteras concesionadas– llegará a 48 por ciento del producto interno bruto (PIB), unos 9.4 billones de pesos, de acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda. Comparativamente, en 1994, antes del estallido de la crisis de finales de ese año, era equivalente a 28 por ciento del PIB.

Inversión productiva y social

En México gran parte del desarrollo ha sido financiado con gasto público derivado de emitir deuda pública, de privatizaciones pero no de atraer inversión con la participación del Estado como coinversionsista, plantea Levy-Dabbah en el libro.

El planteamiento del libro es, primero, explicar porque el modelo económico ya no puede dar más. Y por qué México tiene que transitar hacia una alternativa de izquierda real y congruente, marcada por la austeridad en el uso de los recursos públicos y que use inteligencia en la aplicación del presupuesto para generar inversión productiva e inversión social, plantea el autor en una entrevista con La Jornada.

El sistema económico vigente desde hace 30 años no desarrolló un modelo industrial, sino uno en el que prevalecen salarios miserables que no se van a transformar por decreto o con buenas intenciones, dice. Debe haber una transformación, un cambio importante en el modelo de productividad del país, añade.

Para que haya crecimiento económico, las ciudades y municipios del país deben funcionar bien. Y para que así sea tiene que haber buena infraestructura, buenos servicios públicos. Si las ciudades funcionan bien, si la movilidad funciona bien, va a haber mayor productividad y el país va a crecer más económicamente, sostiene.

En vez de la utilización productiva de los recursos, asegura, lo que se observa en los pasados 35 años es un gobierno despilfarrador, que gasta de manera indiscriminada y que, incluso cuando recurre a inversiones con el sector privado lo hace a través de modelos como las llamadas asociaciones público privadas (APP) que en realidad significan un incremento de la deuda pública.

Lo que busco con el libro es generar propuestas y soluciones de cómo acercarnos verdaderamente a un modelo de izquierda, progresista, que genere una visión diferente. Pasar de un Estado despilfarrador, recaudador, a uno que sea capaz de generar riqueza pública. Ese es el planteamiento fundamental, expone. “La relación entre el gobierno y el sector privado no es mala, de hecho es necesaria, pero no bajo un modelo de sumision y subordinación donde el axioma de los pasados 30 años ha sido ‘el que paga manda’. Eso debe de cambiar”.

Hacen negocio de la tragedia

La contratación de deuda pública sólo ha enriquecido al gobierno en turno. Tenemos gobiernos ricos y pueblo pobre. Contratar deuda ha servido, justamente, para lo que se ve cada día: socavones, obras fantasma, para utilizar las tragedias como negocio. Se ve ahora con los desastres naturales, que algunos gobiernos anuncian que van a contratar deuda para la reconstrucción.

–¿Es posible modificar esta política de endeudamiento sin alterar algo que a los últimos gobiernos parece importar mucho, que es la opinión en los circuitos financieros internacionales?

–La inestabilidad no es de fuera hacia dentro, sino de dentro hacia fuera. Cuando el pueblo no tiene qué comer, cuando hay pobreza, esa es la verdadera inestabilidad y esa es la gran ilegitimidad que se provoca hacia fuera. La mayor estabilidad es que las cosas dentro estén bien. Siempre hablan los gobiernos de que han logrado estabilidad macroeconómica. Llevamos 30 años con estabilidad macro pero eso no se ha traducido en calidad de vida para toda la gente.

Necesario, nuevo contrato social

Hace algunos años decían (lo hizo el actual senador panista Ernesto Cordero, entonces secretario de Hacienda) que la gente podía vivir con 6 mil pesos y eso es absurdo. El que crea que ha nacido una clase media porque las familias tienen un ingreso de 8 mil o 10 mil pesos está mal. México tiene que dedicarse a generar sólidos fundamentos sociales, de desarrollo urbano y de cohesión social. Y eso requiere un nuevo contrato social; este régimen ya caduco debe transformarse, ya no da para más, apunta.

Crecer sin deuda. Del Estado despilfarrador al Estado generador de riqueza pública será presentado el 17 de octubre en el Museo Interactivo de Economía, en Tacuba 17, Centro Histórico de la Ciudad de México.

La obra será presentada por Jorge Chávez Presa, economista y subdirector de planeación y finanzas del Infonavit; José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico; Cecilia Martínez Leal, ex representante de ONU Hábitat en México; Adalberto Palma, director ejecutivo del Aspen Institute México; Alejandro Reinoso, profesor de innovación financiera en la Universidad de Cambridge, y Roberto Vélez, director ejecutivo del Centro Espinosa Yglesias.

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