Crónica de la entrega de víveres al Estado de Morelos (segunda parte)

Crónica de la entrega de víveres al Estado de Morelos (segunda parte)

Caminamos al encuentro de la maestra Jacquelinee Cristal Jiménez Arizpe, mujer valerosa que está organizando cuadrillas para la reconstrucción de los lugares dañados, nos comenta que hacía dos días tuvo que sepultar a su madre-abuela y que no había tenido tiempo de llorarle pues había que trabajar en la coordinación de los apoyos, la abrazo y nos mantenemos en silencio, por un momento las palabras no pueden fluir, apenas consigo expresarle mi frustación por no poder hacer más, acto seguido, una familia se acomide a llevar sopa de arroz con huevo cocido que nos regalan en una tortilla sobre una servilleta, se acercan algunos niños y otros vecinos y brigadistas que han llegado de distintos lugares, el taco me sabe a gloria pues está impregnado de mucha buena voluntad y agradecimiento, la gente te ofrece lo que más puede por el simple hecho de estar con ellos, escuchándolos, abrazándolos y, como nos dijo una señora, ahorita estamos contentos por que están aquí, pero luego que se vayan que vamos a hacer. Pasos más adelante pido permiso para entrar en una casa, la familia en su totalidad está reunida en el patio bajo un tejaban de lona sostenida por cuatro esquinas de madera, las paredes son de hule espuma, la casa ha sido destruida por el terremoto, según nos dicen, la ayuda si ha llegado pese a que en días pasados, todo se estaba quedando en la entrada del pueblo por instrucciones del gobierno y que no llegaba el apoyo para los más perjudicados, piden ayuda psicológica ya que sus hijas vieron como se caía la casa de su abuela y la suya propia y que, emocionalmente, están muy dañadas; afirman que ahora lo que se necesitan es material para la reconstrucción, de lo contrario, la familia tendrá que vivir al intemperie soportando las lluvias que no han dejado de caer. En nuestro trayecto apreciamos varias camionetas que circulan lentamente regalando agua, ropa, colchonetas y otros apoyos, a nuestro paso aparece una jóven con una cartulina amarilla con el siguiente mensaje: “Cada día agradezco, por las noches que se vuelven mañanas, por los amigos que se volvieron familia, por los sueños que se derrumbaron pero que con tu ayuda se harán realidad, Atte. Familia Neri”. En Tepalcingo cada paso es emotivo, cada persona es un hermano que nos sonríe y nos saluda. Ya oscureciendo, otra camioneta con varias mujeres torteando y ofreciendo comida gratuita; a lo lejos escucho un altavoz con mensajes del gobierno señalando que no se desesperen que la reconstrucción es un proceso y que poco a poco se estará ayudando a la gente, nosotros esperamos que así sea. Itzayana nos conduce a su casa acompañados por nuestros amigos de la Prepa; el Sr. José Silvestre y su esposa la Sra. Lucrecia Tapia, padres de Itzayana, habían preparado un pozole para todo el comité universitario que llevaba los apoyos, así que los que nos quedamos, saboreamos aquel manjar hecho con la mejor de las intenciones; el cansancio, el estrés y las emociones nos han agotado, pasan las ocho de la noche y se me cierran los ojos mientras como, agradecemos el pozole y Don José nos prepara para el camino unos ricos elotes, nos despedimos con la promesa de volver en cualquier momento. Esmeralda, Sarahí, Pedro y yo, nos encontramos ahora con muy pocos recursos, no tenemos donde quedarnos y apenas contamos para la gasolina y casetas de regreso, cumplimos la meta de cerciorarnos que los apoyos llegarán directamente con los afectados, pero pagamos el precio de no pertenecer a la élite universitaria, para entonces, Esmeralda hizo contacto con unos familiares que viven en Cuautla, nos invitan a hospedarnos y a cenar, llegamos a una gasolinera donde nos espera Sergio Rodríguez quien nos conduce a su casa donde vive con su madre la Sra. Marcela Quirino Figueroa, nos reciben como si fuéramos familia y ahora lo son, están gustosos de que estemos ahí; dos bolsas grandes de pan y telera nos animan a cenar como una gran familia, platicamos nuestras experiencias y, créanme que experimenté estar con familiares a los cuales no veía en muchos años, nos ofecen diversos cuartos para descansar y bañarnos; vuelvo entonces a recuperar mi esperanza en la especie humana y agradezco a Dios por tantas bendiciones y tantas muestras de aliento. Por la mañana y ya descansados y desayunados, emprendemos el regreso a nuestra amada tierra, con la satisfacción de haber cumplido con una entrega de víveres que representó, un hermanamiento con nuestros amigos de Morelos y la superación de múltiples retos que ahora no vale la pena mencionar. Gracias a todos los que contribuyeron a esta causa y, sobre todo, gracias a los que nos pusieron tantos impedimentos ya que gracias a ellos, pudimos medir nuestra capacidad de sobrepasarlos. ■

 

*Integrante del Consejo Mundial para la

Defensa de los Derechos Humanos

[email protected]

 

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