Cuando el pueblo despertó, la tragedia y la esperanza todavía estaban aquí

Cuando el pueblo despertó, la tragedia y la esperanza todavía estaban aquí

Parafraseando el breve relato de Monterroso podríamos decir, en medio de tanta desgracia, “cuando el pueblo despertó, la tragedia y la esperanza todavía estaban aquí”, pues resultan innumerables las lecciones, experiencias y esperanzas que dejan los sismos del 19 de septiembre de 1985 y justo ahora, 32 años después, este 19 de septiembre del presente año. Básicamente se podrían sintetizar en un mismo axioma: el sismo natural en nuestro país ha potenciado la réplica de diversos cataclismos sociales y políticos.

En un pequeño libro, ahora ya un clásico del ensayismo moderno, “No sin nosotros”. Los días del terremoto 1985-2005, el agudo cronista de la vida urbana en México, Carlos Monsiváis reconstruye los acontecimientos de 85 en retrospectiva con el 68 y en prospectiva con el nuevo milenio. El título “no sin nosotros” consigna el grito de guerrilla de minorías sexuales e indígenas en México, que a partir de entonces, cobra visibilidad y representatividad social en medio de la quiebra de las instituciones sociales, jurídicas y políticas de este país. La tremenda sacudida del terremoto de 1985 fragmenta un sistema-gobierno incapaz de hacer frente a los desastres naturales, lo cual conduce a la emergencia de una sociedad civil incipiente e improvisadapero que se mueve ante la desgracia. Precisa Monsiváis: “Ante la ineficacia notable de Miguel de la Madrid, paralizado por la tragedia, y ante en miedo de la burocracia, enemiga de las acciones espontáneas, el conjunto de sociedades de la capital se organiza con celeridad, destreza y enjundia multiclasista, y a lo largo de dos semanas un millón de personas se afana en la creación de albergues, el aprovisionamiento de víveres y de ropa, la colecta de dinero, la localización de personas, el rescate de muertos y de atrapados entre los escombros, la organización del tránsito, la atención psicológica, la prevención de epidemias… a estos voluntarios los anima su pertenencia a la sociedad civil”. El autor de Días de guardar considera que la emergencia de la sociedad civil en México está relación directamente proporcional a la incapacidad del PRI-Gobierno y la necesidad de buscar soluciones colectivas y creativas frente a los problemas sociales.

Ahora en el 19 de septiembre del 2017, la situación es otra, adolescentes y jóvenes que se comunican a través de redes sociales generanndo nuevas dinámicas virtuales de trabajo y solidaridad, pero en el fondo la problemática social es muy similar, la ausencia de una cultura ciudadana ante emergencias y las fallas estructurales de muchos edificios producto de la corrupción y negligencia, la incapacidad del gobierno tanto de derecha como de izquierda, exigen una participación activa de todos los sectores de la sociedad. He podido observar como jóvenes brigadistas de bachillerato y licenciatura armados con picos y palas y con mucho entusiasmo se unen a tareas de rescate y diversas formas de ayuda, desde atención psicológica hasta el cuidado de niños y ancianos. Surgen por doquier héroes anónimos. Uno de los pocos intelectuales lúcidos que nos queda todavía como Raúl Zibechi titula un artículo “Lo que aprendí del pueblo mexicano” donde expone cuatro reflexiones inspiradas en la vivencia y convivencia en México durante el terremoto del 19 de septiembre de este año: 1. La solidaridad del pueblo mexicano ante la absoluta pérdida de legitimidad y confianza del gobierno y las autoridades en este país; 2. El papel de Estado y el orden policiaco-militar represor y como agente de contención y distención de la sociedad civil organizada, particularmente en los barrios pobres donde la revuelta está a flor de piel: 3. El papel de Capital que de todo saca provecho hasta de la desgracia y muerte ajenas. 4. La consolidación de un nosotros autónomo, subalterno y desde abajo. El diagnóstico puntual concluye con un pronóstico esperanzador de apuesta por otro mundo solidario y justo desde abajo.

Comparto en buena parte el artículo de Zibechi, sin embargo, las ideas de esperanza y cambio social chocan contra una realidad contradictoria y diversa, pues en mi reciente estancia en la capital del país, pude conversar durante largas horas con un estimado y querido colega,activista social y brigadista, quien me platicó, entre cerveza y cafés, su experiencia en los movimientos sociales y las brigadas de rescate: las organizaciones civiles, movimientos sociales y grupos ciudadanos no están al margen del cálculo y la ganancia políticos, la cooptación, prácticas antidemocráticas y anti-autoritarias, la auto-promoción de sus líderes que se ofertan en la negociación de cargos de representación ciudadana y un largo etcétera. Por tanto el panorama es muy complejo. Aún más si se le añade la campaña política de los partidos y empresarios por situarse en buena posición en el 18, o por lo menos restar un poco de suciedad y hartazgo a su, cada vez más, dañada imagen política.

Paradójicamente se va recuperando la normalidad en la medida en que se normaliza el desastre y el estado de excepción. Vemos como cohabitan en el espectro mediático las imágenes del desastre con montajes televisivos como el de Frida Sofía, la tragedia del colegio Enrique Rébsamen, la lucha de vecinos y colonos por auto-organizarse, y asimismocon miles de anuncios y anunciantes bajo la divisa “Fuerza México” que lucran con la pobreza y desgracia. Las lecciones del sismo también son diversas, hemos aprendido muchas cosas respecto a la auto-organización ciudadana, se pueden ver y escuchar diversos actores: “nadie va hacer las cosas por nosotros”, “nadie puede decir o decidir por nosotros”, el gobierno no es la solución sino solamente parte del problema, los partidos políticos y la clase política tiene una agenda guiada por el cálculo estratégico electoral y está lejos de entender y atender una agenda verdaderamente ciudadana. Las lecciones sísmicas son extremas: sobre todo la construcción de “un nosotros” que emerge como categoría sociopolítica horizontal que anuncia y enuncia otras formas de hacer micro-política, distinta y distante de los partidos políticos, sus usos y costumbres. Lecciones de una sociedad civil que todavía no alcanza a despertar del todo, y que sin embargo, se mueve.

Lamento decir, una vez más, parafraseando a Monterroso, previo a las elecciones del 2018, “cuando despertó (el pueblo de México), el dinosaurio (PRI-Gobierno y partidos políticos) todavía estaba allí”. Y sin embargo, las grietas del sistema muestran que no es por mucho tiempo y que el sistema de gobierno se sostiene con alfileres, cualquier desastre natural amenaza con derrumbe. ¿Hasta cuándoresistiremos? ¿Hasta cuándo insistiremos? Quizá no tengamos una respuesta sino que las múltiples respuestas-propuestas-protestas cotidianas nos hacen ver que tragedia, esperanza e indignación todavía están aquí, siguen siendo el motor que nos mueve a pensar que un mundo otro es posible. Es muy probable que venga el 18 y no haya grandes cambios, pero la semilla, esa frágil semilla que creció en medio de las ruinas, en la fractura del sistema político mexicano, hace 32 años, ya comienza a dar pequeños frutos y flores. La cosecha de libertades, utopías y esperanzas ya comenzó su cuenta regresiva. Y el sismo natural espera una réplica en el cisma revolucionario, no se sabe exactamente cuándo, pero ya está gestionándose en las entrañas de la sociedad. ■

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