El abismo entre comunicación y cultura

El abismo entre comunicación y cultura

■ Alba de papel

Desconfianza y crisis moral definen la vida social y política
La cultura como estrategia de cohesión social y libertad

Es tema recurrente e inevitable  hablar o escribir de la necesidad de transformar al estado megalómano que hemos creado, en un estado modesto, sensible, honesto e inteligente que busque ponerse al servicio de la sociedad, y no a mandarla, como lo ha venido haciendo, utilizando a los medios de comunicación que han dado pie a una cultura subordinada de grandes consecuencias.

Las verdades a medias que han escoltado los intereses de grupos, partidos y gobiernos en turno, así como sus políticas erráticas,  han sido el disparador de  un excesivo intervencionismo que ha ahogado el tejido social, que se ha incrementado, gracias al poder mediático que los medios ejercen y que ha dado lugar  a una temible ruptura entre lo que sucede y lo que se comunica.

En este entramado constante de simulación y  mercadotecnia, la sociedad ha quedado sujeta a una compleja situación que pone en alto riesgo su estabilidad, al someterla abruptamente a una  controvertida y múltiple interpretación de la información y a dudar  sobre  lo que realmente está pasando.

En Zacatecas, este año ha sido complicado y difícil en todos los sentidos, pero   en este septiembre próximo pasado, alcanzó un nivel abrumador de desconfianza y aflicción, ante el papel descarado y manipulador del gobierno mexicano y  gobierno local para enfrentar la catástrofe que provocaron los sismos en la Ciudad de México, Morelos, Guerrero, Oaxaca y Chiapas.

En la entidad y en todo el país, el descontento social es hoy, la nota mayor que sacude a los mexicanos, que a pesar de su estoicismo para soportar la estupidez y la soberbia de gobiernos inútiles, hoy  han demostrado una fuerza indómita y ejemplar para dar sentido a la alteridad  y a la solidaridad nacional.

Acostumbrado a callar, el pueblo mexicano se ha rebelado contra la simulación manipuladora del gobierno y aun cuando no hay una opinión pública fuerte, se ha inconformado por la desinformación y la creación de estereotipos falsos que novelan la realidad y establecen pautas eufóricas de consumismo, sin importar la desolación que muchas familias están viviendo.

Los zacatecanos y los mexicanos, decimos categóricamente NO a los recursos que pretenden destinarse a los partidos políticos para las elecciones de 2018; NO a la corrupción y falta de transparencia, NO a la violencia y a la inseguridad; NO al desempleo y a la falta de oportunidades para los jóvenes; NO a los gobiernos elitistas y chambones; NO a la violencia contra las mujeres y los niños; NO a la manipulación y al robo del mérito ciudadano  que ha dado muestra insoslayable de fortaleza nacional.

El campo de la cultura es terreno fértil para esta reflexión,  porque es el principio organizador de la experiencia social, a través de ella ordenamos y estructuramos nuestro presente, nuestro porvenir, buscamos el equilibrio y el diálogo para entendernos y resignificarnos como zacatecanos y como mexicanos.

El Estado de Zacatecas, marcado por la dispersión geográfica y en varios municipios por el sentimiento de abandono que sienten ante  una política gubernamental centralista, comienza a desvelarse en sus habitantes, en forma particular de sus jóvenes, una nueva conciencia para luchar por la identidad de sus comunidades de origen y resolver sus problemas y hay que tomar nota de ello.

El papel de la comunicación es coyuntural en este nuevo estado de conciencia, ya que los medios se han convertido no sólo en  narradores de la realidad, sino en mediadores y paladines de la democracia, y si hay  rompimiento entre comunicación y cultura, el caos seguirá imperando favoreciendo a los grupos en el poder.

La comunicación es el espacio principal de formación y construcción de las identidades y constituye el gran poder para la transformación y  el logro del cambio social y conseguirlo implicará hablar de la diversidad desde la diversidad; aplica a todos los medios públicos y privados: televisión (que ha sido muy cuestionada), radio, periódicos y redes sociales (este último con enormes desafíos, ya que se ha convertido en un espacio excepcional de información y debate…).

Recuérdese que los especialistas señalan que la sociedad de la información y sus actores están construyendo un nuevo orden simbólico que se caracteriza por un marcado etnocentrismo y una excesiva fragmentación que ha dado pie a la exclusión y la homogeneización cultural.

En momentos de dificultad para todos, pensar en nuestra cultura es la mayor fortaleza que podemos tener, no sólo para la defensa y afirmación de la identidad, sino para comprender  su importancia en la creación de riqueza económica, como instrumento estratégico para el desarrollo sustentable de nuevas economías.

Que no se olvide que en nuestra cultura, está en juego la realidad misma,  la vida misma, aquella que soñamos y queremos para nuestras familias, con quienes compartimos un origen, una historia, una lengua, valores y principios que forman nuestra cosmovisión, nuestra propia forma de interpretar el mundo. Ánimo y fortaleza para todos. ■

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