De la desconfianza a la desorganización

De la desconfianza a la desorganización

Quedará como un secreto histórico bien guardado cuántas personas pudieron haberse salvado con vida de entre los escombros que dejó el sismo del pasado 19 de septiembre si se hubiera tenido la organización y la eficiencia suficiente para emprender los rescates.

Son más de 300 los muertos, y no sabemos en cuántos de ellos hay historias como la de Carlos Tovilla, que lidió infructuosamente contra una funcionaria delegacional para que su madre fuera sacada de entre los escombros en la Colonia Portales.

El jueves 21, rescatistas voluntarios movidos por la indignación y en desobediencia de las autoridades, lograron entrar al edificio en ruinas, y tres horas después, Carlos recibió de manos de los Topos Azteca el cuerpo de Candelaria, su madre, y la explicación de que, de haber entrado antes, muy probablemente la hubieran encontrado con vida.

Esa y muchas historias similares evidenciaron que la ineptitud y la negligencia fueron las constantes.

Frida Sofía, quien creeríamos se convertiría en la imagen de la esperanza se convirtió justo en la bandera de esa descoordinación morbosa y peligrosa.

La cosa no fue mejor con el reparto de víveres. Por todos lados surgieron opciones para eludir los centros de acopio gubernamentales por una sencilla razón: el temor de que lo donado terminara en manos distintas a las de los damnificados.

La paranoia no era para menos. En Zacatecas, lo donado por los ciudadanos fue etiquetado con logos gubernamentales; en Morelos hubo denuncias hasta del obispo de la región por la conducta acaparadora de la esposa del gobernador; en Guerrero se incineraron despensas otorgadas por el Fondo Nacional de Desastres porque se les echaron a perder, según documentó la Revista Proceso.

Fue tanta la desconfianza, que ni siquiera la Universidad Nacional Autónoma de México se libró de ella, y en un movimiento que dejó intranquilo a todos, ciudadanos relativamente ajenos a esa institución expulsaron a las autoridades universitarias del Estadio Olímpico donde se recolectaban víveres que estaban siendo enviados a varias partes de la República y de la Ciudad de México.

Si así estuvieron el rescate y el reparto de víveres, la reconstrucción, y las investigaciones no pintan mejor.

Por principio, es ya desalentador en sí que la atención con la que se exigió a los partidos políticos renunciar/donar o encontrar la manera de hacer llegar parte de sus recursos para los damnificados, no se tuviera con otras instancias que también podían hacerlo.

Esa presión popular no llevó a la discusión pública si debiera cancelarse las millonarias pensiones a ex presidentes de la República, y a sus viudas. Tampoco a recortar los salarios de los magistrados del Poder Judicial y de la alta burocracia del ejecutivo.

Algunos, como los Consejeros del Instituto Nacional Electoral rechazaron donar 5% de su salario. Eso sí, ante la imposibilidad de impedir que los partidos entregaran parte de su financiamiento a la reconstrucción, no hubo más que proponer que esto se hiciera a través del Fonden, o bien, ampliando el presupuesto de algunas secretarías de estado.

Más dinero en manos equivocadas, puede ser un tesoro en el año electoral que se avecina. Por ello el Movimiento Regeneración Nacional optó por crear su propio fideicomiso que administrara de su donación, y de la que harán también regidores, diputados, senadores y presidentes municipales de ese partido. Estará administrado por Alejandro Solalinde, Pedro Miguel y Laura Esquivel.

Camino similar seguirá el Partido Revolucionario Institucional, pues ellos, pese a tener en su poder el gobierno federal, están confiando en las instituciones públicas, sino que destinarán los recursos a damnificados a través del Comité Fuerza México, encabezado por los presidentes del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón; del Consejo Mexicano de Negocios, Alejandro Ramírez; de la Confederación de Cámaras Industriales, Manuel Herrera Vega; del consejo directivo de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales, Vicente Yáñez Solloa, y de la Asociación de Bancos de México, Marcos Martínez Gavica.  Así como los presidentes del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales, Frederic García, y de la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción, Gustavo Carbajal.

Con el mismo argumento con el que todo se privatiza, se busca sacar del control de las desprestigiadas instituciones públicas mucho del dinero que ahora se cuenta para ayudar durante los próximos años en resolver la problemática que creó el sismo. Pero la opción de dejarla en manos de particulares tampoco se traduce en garantía.

La urgencia de construir instituciones confiables no se evapora por las redes de apoyo social, pues éstas no pueden sustituirlas.

La necesidad de cauces institucionales que generen certidumbre, está ahí, esperando la próxima sacudida.

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