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Clase política y pueblos originarios: entre la soberbia y la discriminación

Clase política y pueblos originarios: entre la soberbia y la discriminación

Después de los años 40 nace con fuerza el nacionalismo mexicano con el fin de encontrar un proyecto donde el Estado pueda construirse sobre una base de identidad nacional. En ese proceso se volvió la mirada a los diferentes pueblos indígenas como una forma de beber de las raíces. Es decir, con la búsqueda de la identidad se regresó la mirada a los orígenes, lo cual significó reivindicar el valor de los pueblos originarios: los indios de México. En ese contexto crecieron como nunca los estudios etnológicos y arqueológicos. Lo que el porfiriato veía como un problema para el progreso: la existencia misma de los pueblos indios; los gobiernos ‘de la revolución’ los ven como la fuente de la identidad nacional. En el proyecto de la educación pública (con Vasconcelos) los indígenas tuvieron un papel relevante. Los ensayistas como Samuel Ramos y luego Octavio Paz se preguntaban sobre ‘el ser del mexicano’. Pero esa valoración cultural no se reflejó en política social: los pueblos continuaron en la miseria por efecto de la injusticia social.

En la historia de México a los indígenas se les ha visto como algo que tiene que ‘superarse’. Los españoles los quisieron ‘convertir’ a otra religión y los ilustrados liberales hacerlos ‘modernos’. Ambas cosas significaban que dejaran de ser lo que eran: el abandono de su identidad. Los carrancistas los veían como ‘la reacción’ encarnada en los indios zapatistas de Morelos, atados a costumbres antiquísimas y ajenos al ideal de la modernidad. La ideología del progreso dañó profundamente el trato a los pueblos originarios de todo el país. La historia de injusticias que han vivido los pueblos que representan 56 lenguas de esta nación multicultural, son parte de la historia de la vergüenza nacional. Y son el 11 por ciento de la población del país y más de 80 de cada 100 son pobres. Agredidos, explotados, despojados y despreciados. En los gobiernos del neoliberalismo, los indios precolombinos eran valorados y los actuales, objeto de saqueo. Hipocresía gubernamental. Hasta antes de 1994, los Tzeltales o Tzotziles eran marginados hasta el grado de no permitirles que caminaran por las aceras, hasta que el levantamiento Zapatista les regresó la dignidad al ser indio en México. Que después de tantos años, el gobierno sigue debiendo: les incumplió la promulgación de la Ley de derechos y cultura indígena, con la cual se reconocía su relativa autonomía. Desde esos años para acá, el gobierno quedó como tramposo, mentiroso y del lado de finqueros y expoliadores.

Algunos indígenas alcanzaron la representación política en la cámara de diputados: van ahí a defender (en lo posible) los intereses de sus pueblos. ¿Para defender sus intereses necesitan un doctorado? La actitud discriminatoria de diputados como Benjamín Medrano ha sido una vergüenza para los zacatecanos: actitudes discriminatorias producto de la más profunda ignorancia e infinita soberbia. En contraparte, el Consejo Nacional Indígena postuló a una mujer indígena como candidata a la Presidencia de la República; como signo de orgullo y muestra de que lo mejor para un gobierno es contar con personas auténticas del pueblo llano, y no políticos arrogantes y corruptos como los que padecemos.

 

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