Sismo, epicentro de la batalla entre la solidaridad y la corrupción

Sismo, epicentro de la batalla entre la solidaridad y la corrupción

■ Perspectiva Crítica

El sismo del pasado 19 de septiembre cimbró mucho más que la tierra, y ahora se perfila como uno de los eslabones más relevantes que componen la historia contemporánea de México. Su importancia radica en la multiplicidad de puntos sensibles que removió, como el develar los oscuros intereses de nuestro gobierno; el aturdir el adormilamiento en el que parte de la sociedad estaba sumida, o ser el detonante para el enfrentamiento entre los oportunistas y quienes se han sumado a la ola de solidaridad para auxiliar a los mexicanos afectados.

El eslabonamiento referido se da con los episodios de nuestra historia que están cargados de simbolismo, lo cual no escapó a la aguda percepción de autores como Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Carlos Montemayor o Paco Ignacio Taibo II. Ellos, entre otros grandes autores y analistas sociales, dieron cuenta del valor que tuvo la suma entre el movimiento estudiantil de 1968, los familiares de los universitarios, y gran parte de la sociedad civil organizada; el arrojo de miles de habitantes de la Ciudad de México, quienes en el temblor de 1985 desgarraron sus manos y pies con tal de rescatar personas de los escombros; la conciencia social de los miles de indignados que en 1988 y 2006, recorrieron las calles del Distrito Federal y otras ciudades para denunciar los fraudes electorales perpetrados por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN).

El común denominador de los eslabones arriba mencionados es la catástrofe, ya sea por causas naturales o por las acciones de los gobiernos que México ha tenido que padecer. No obstante, la solidaridad y la acción social también se hicieron presentes, y figuran en nuestra historia como parte de los baluartes de nuestra identidad nacional. Hoy, con la tragedia de los sismos de los últimos días y el paso del Huracán Max y las lluvias en los estados de Oaxaca, Chiapas y Guerrero, la devastación crece y pone a prueba la respuesta de México para atender a los hermanos en desgracia.

Pero por si la furia de la naturaleza no fuera suficiente, a la solidaridad que se despertó en múltiples partes del país le siguieron la corrupción, el oportunismo y la falta de escrúpulos: Televisa fue capaz de inventar a la niña Frida para aumentar su rating, y en un hecho inédito de la historia de nuestras instituciones, la Marina Armada de México fue culpada por la televisora de que se descubriera el engaño. Más inédito aún resulta el que la Marina haya acatado el “regaño”, y se disculpara en cadena nacional ¿Quién manda realmente en este país?

Del robo de algunos víveres por gente desconsiderada, se llegó al hurto de tráileres cargados de ayuda, y todo apunta a que en ello quedan implicados desde el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), dirigido por Angélica Rivera de Peña, hasta el gobernador de Morelos, Graco Ramírez. Los canales oficiales para el envío de ayuda son vistos cada día con mayor desconfianza por la gente que quiere ayudar, y finalmente, con Enrique Peña Nieto simplemente no podemos contar, pues no sabemos cosas tan elementales como si está a un minuto o a 5 de las zonas de desgracia.

Los ciudadanos necesitamos entender que la tragedia generada por el sismo es apenas el inicio de una reconstrucción que va más allá de la remoción de escombros y la edificación de viviendas y edificios. Representa la oportunidad de reorientar la inercia social hacia la vulneración de un sistema político que propicia tragedias, y encima lucra con ellas.

Como ejemplo están la tragedia de la Guardería ABC, en la que murieron 49 niños y 106 resultaron heridos. De ello, Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala son cómplices al avalar la impunidad en el caso. El derrame de 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado de la compañía minera Buenavista del Cobre, de Grupo México, en el río Sonora, lo que intoxicó a casi 400 personas y dejó daños ecológicos muy graves. Gracias a las garantías que el PRI da a las mineras, este y otros muchos derrames de jales en Jalisco, Zacatecas y Guanajuato han quedado impunes. Las autoridades del Instituto Nacional de Migración (INM), que se aprovechan del éxodo masivo de migrantes al secuestrarlos y venderlos a Los Zetas por 5 mil pesos, cada uno.

La lista sigue y sigue con botones de muestra de tragedias nacionales, pero lo que no debemos perder de vista es que la solidaridad, ese valor social tan preciado y que rara vez despierta en nuestro país para que nos unamos, no sólo enfrenta hoy día a la multiplicidad de amenazas naturales, sino la aguda corrupción de las autoridades que se enfoca específicamente en sacar provecho de los escenarios de catástrofe, o bien, en propiciarlos.

Hoy la República Mexicana está hermanada para ayudar a los damnificados, pero también nos vuelve uno el hecho de que por igual, padecemos un sistema gubernamental corrupto, carroñero y dispuesto a todo para seguir lucrando con nuestras grandes tragedias. ■

 

 

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