El PRI, las plurinominales y el lobo que cuida el rebaño

El PRI, las plurinominales y el lobo que cuida el rebaño

En la política no hay inocencia. Todas las propuestas están caladas por intereses y cálculos en torno a las posibilidades de conquistar posiciones en los mandos superiores del Estado, la Presidencia de la República y el Congreso de la Unión. En ese contexto se han hecho propuestas con las cuales hay que tener cuidado, porque los efectos pueden ser perniciosos. Por ejemplo, la idea de “eliminar las plurinominales” se lee en la opinión pública como “disminución de diputados”, lo cual no es exacto, porque disminuir el número de legisladores a partir de eliminar la Representación Proporcional, no es lo mismo que si se decide dejar la cámara con 300 diputados, pero con 200 de mayoría y 100 de representación proporcional, porque eliminar únicamente las plurinominales implica sobre-representar a la minoría más grande. Y esa, parece ser el PRI. Además, debemos analizar los motivos para querer reducir el número de representantes populares, y la razón esencial es el gasto de dinero que se hace en ellos. Si esa es la causa, ¿por qué no plantear bajar a la mitad los ingresos de los legisladores sin afectar la proporcionalidad en la representación?: cuidar la sustancia política eliminando la objeción financiera del problema. Sin embargo, es claro que declarar la intención de borrar la representación proporcional es equivalente a la pretensión de acaparar el poder. ¿Queremos regresar al Estado del partido único o hegemónico para resolver un tema de gasto? Sin duda el abuso monetario es evidente: ¡pues resolvamos financieramente el problema!

Es de igual importancia el tema del financiamiento público de los partidos políticos. Todos sabemos que ha habido enormes abusos en este tema. Sin embargo, debemos tomar con precaución las propuestas de eliminar completamente el financiamiento público destinados a las campañas y a la vida de los partidos. Quienes están de acuerdo hacen cuentas alegres, dicen que sobrevivirán con las cuotas de su consciente militancia, pero lo que se impondrá en los hechos es el financiamiento de las redes de poderes fácticos que conquistarán más cuotas de poder. Es virtuoso obligar a los partidos a depender de los recursos de su propia militancia, sin duda. Sin embargo, debemos apostar a una medida que elimine los abusos, estimule la participación financiera de la militancia y no entregue los procesos de elección a los ricos o poderes fácticos. Si no hacemos una propuesta con esta virtud, será mera demagogia apoyada en la furia de la población contra los políticos. Es una paradoja, que justo el partido que más hace enojar a la población por actos de abuso y corrupción sea el más beneficiado de ese enojo: el PRI.

¿Cómo combinar el enojo con la claridad de razonamiento? ¡Pequeña cosa! Es como si el lobo saliera beneficiado por los reclamos de proteger a los rebaños. ¡Oh perplejidad! Es tan simple como alinear los problemas con su causa y las propuestas que se ofrecen como solución, y con ello, ver la coherencia entre ellos. Y sacar los corolarios que de ahí se siguen: ¿quién sale beneficiado? Es lapidario: la política no es el arte de la inocencia, el candor o el desinterés. Es el arte del engaño y el cálculo pernicioso. ¡Cuidado ciudadanos!

 

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