Generación del terremoto

Generación del terremoto
Rodrigo Locia. De la exposición "Por la paz, contra la violencia y el olvido", del Taller Central de Grabado, a inaugurarse el lunes 25 en el Teatro Calderón.

La Gualdra 310 / #FuerzaMéxico

…te haré ver el miedo en un puñado de polvo.

S. ELIOT

 

–¡está oscuro aquí abajo! / ¡no me puedo mover! / ¿alguien puede escucharme? / ¿alguien sabe quién soy? / ¿a alguien le importa un muerto que no es suyo?–

 

1985:

el día en que nací tiene una grieta.

Septiembre, el mes más cruel,

–mi tiempo siempre es Antes y Después de Eliot–.

Ese año mi padre estuvo a punto

de aceptar un trabajo como administrador

en el Hotel Regis

que terminó hecho añicos;

el miedo a cambiarse de rumbo lo salvó;

el miedo le perdonó la vida.

Puedo verlo ese día, con portafolio en mano

abriéndose camino,

descalzo entre cadáveres:

 

Mi padre enterró mi ombligo en el escombro.

 

1985:

vivíamos por el campo de beisbol.

Mi padre lo recuerda:

“Los policías tendían

los cuerpos en el césped,

les arrojaban hielo para que no apestaran,

hacían ataúdes con madera de puertas.

¡Home run!

¡La casa está llena de muertos!

¡Y que nadie se atreva a robar base!

La cosas eran ya sólo su sombra,

los huesos en lo oscuro,

los perros obstinados,

aullando sin respuesta entre los edificios”.

Yo no creo en el beisbol. No es mi deporte.

Nadie me enseñó a verlo ni a jugarlo.

La muerte es el deporte nacional.

 

Réplica:

–¡está oscuro aquí abajo! / ¿acaso es el silencio la tumba de la tierra? / ¿en dónde empiezo yo? / ¿en dónde me termino? / ¿alguien sabe dónde quedó mi casa? / ¿alguien sabe si yo soy esta sombra? / ¿alguien sabe quién soy? / ¿alguien tiene un atajo al presente? / ¿alguien me reconoce como muerto? / ¿alguien puede alumbrarme? / ¿alguien sabe qué hacer? / ¿alguien tiene un consejo?–

 

1985:

nací con el miedo a flor de piel,

nací

con el miedo a flor de cerebro,

nací

entre muros que un día fueron cráneos,

pero los muros crujen,

pero es que en vez de pan

nací

con un cráneo bajo el brazo.

 

Huele a muerto el silencio que se abre en medio de una conversación.

 

1985:

mi padre todavía puede escuchar los gritos:

“¡yo no tengo la culpa de tu propia miseria!”,

“terminaste de patas en la calle

porque te arrebataron

lo poco que tenías cuando aún eras pequeño”,

“¿y tú con quién crees que estás hablando?”,

“¡me sueltas o te mato!”,

“cuando llegué a la casa,

ella estaba en el piso y ya no respiraba”,

“¡ojalá fueras tú!”,

“¡llamen a una ambulancia, ya perdió mucha sangre!”,

“¡ya deja de llorar!”,

“¡ya deja de golpearte la cabeza en el muro!”.

 

1985:

Clínica 27, Tlatelolco.

Nací en la contracción menos pensada.

Un niño en medio de una plaza.

Un niño en el quirófano.

¡Es niño!

Un niño recién hecho  jugándose la vida.

Un niño

con el cráneo reventado

por asomarse al abismo.

 

Réplica:

–¿cómo puedo saber si ese hombre es mi padre? / ¿cómo saber si lloro en la tumba correcta? / ¿y qué cara pondré cuando deba decirle que yo también he muerto? / ¿cómo estaré seguro de que sus restos son los restos que buscaba? /¿cómo se reconocen los muertos entre ellos?–

 

1985:

el consejo que buscas:

“Si tiembla, hay que ponerse debajo del castillo

o en la puerta del baño”.

“Si tiembla, encomiéndate a la Virgen”.

“Si tiembla, ponle llave a tu casa para que no te roben”.

“Si tiembla,

no te acerques a los cables de luz,

lo mejor es ponerse debajo la mesa en posición fetal”.

“Si tiembla, y sobrevives, entierra tu dolor en la memoria”.

Mi lengua morirá aplastada.

 

1985:

Nunca podré ser algo más que un topo,

cavo mi tumba.

Soy lo que avanza en lo oscuro,

lo que no alcanzó nombre,

lo que mira mejor con la cabeza abajo.

El topo es una muerte sin más aspiraciones,

porque el topo aprendió bien

y no corre,

no grita

y no empuja.

 

1985:

Mi padre chasquea los dedos

y el mundo se derrumba.

Mi padre, hipotecado hasta los huesos,

miró caer su casa de un solo golpe.

La ciudad gana sombra.

La ciudad es un muerto que respira.

Mi padre, la ciudad y el movimiento

erróneo de la sangre.

Mi padre y sus horas extras en el trabajo.

 

Mi madre en el puesto, en el aceite hirviendo,

rascando la quincena,

el cerdo y el borrego ajusticiados

en la esquina cada fin de semana.

Mis padres y las cosas que se salen de las manos.

 

Réplica:

–¡hace frío aquí abajo! / ¿quién apagó la luz? /¿cómo puedo saber si este nombre es el mío? /¿cómo hacer una lista con nombres de los muertos? / ¿cuántos sobrevivientes sobreviven realmente? / ¿alguien puede contarlos? / ¿alguien alcanza a ver los dedos de su mano en esta oscuridad? / ¡aquí nada madura! / ¡nada puede crecer! / yo no quiero una rosa si ha de crecer aquí / yo no quiero una rosa en la boca de un muerto / yo no quiero una rosa para volverla ofrenda–

 

Mi muerte no descansa, todos sus días son hábiles.

 

1985:

La muerte no es un número.

Diez mil no es un número

si se trata de muertos.

La muerte es una resta,

a pesar de que el tiempo sume caras y nombres.

 

Mi casa: el epicentro, el origen de toda grieta, de toda falla.

 

1985:

oigo mi voz,

oigo su voz,

oigo voces bajo el escombro,

oigo voces en la superficie:

voces que no recuerdan con qué nombre llamarme,

voces que se oyen lejos, voces intermitentes.

Después de lo peor viene la ausencia:

el miedo que se ve en un puño de polvo,

el temblor en la boca,

la muerte en la que hablo:

 

–¡está oscuro aquí abajo! / ¡hay otros como yo, enterrados conmigo! / ¿nos une sólo un grito? /¿alguien recuerda esto antes de estar perdido? /¿alguien sabe quién soy? /¿alguien sabe qué día nació su miedo? / ¿alguien sabe la fecha de su muerte? / ¿a alguien le importa un muerto que no es suyo?–

 

1985: Ciudad de México, 2015

 

 

 

* Christian Peña (Ciudad de México, 1985). Ha merecido el Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano por ¿O es sólo el pasado?; el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2016 por Expediente X.V.; el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2014 por Me llamo Hokusai; el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2013 por Veladora; el Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa 2012 por El amor loco & The advertising; el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2011 por Heracles, 12 trabajos; el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura 2011 por Libro de pesadillas; el Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2010 por Janto; el Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2009, por El síndrome de Tourette, y el Premio Nacional de Poesía Jaime Reyes 2008, por De todos lados las voces. Fue Becario de la Fundación para las Letras Mexicanas durante los periodos 2005-2006 y 2006-2007 y del FONCA en el programa Jóvenes Creadores, períodos 2010-2011 y 2012-2013. Es autor de los libros de poesía: Lengua paterna (Ediciones sin nombre, 2009), El síndrome de Tourette (Mantis Editores, 2009), De todos lados las voces (UACM, 2010), Janto (FETA, 2010), Libro de pesadillas (2011), Heracles, 12 trabajos (UAZ, 2012), El amor loco & The advertising (2012), Veladora (2013), Me llamo Hokusai (FCE, 2014,) Expediente X.V. (2016) y ¿O es sólo el pasado? (2017). En colaboración con Antonio Deltoro publicó, en 2010, la antología El gallo y la perla: México en la poesía mexicana.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_310

 

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