Lectura para la paz

Lectura para la paz

La Gualdra 309 / Promoción de la lectura

 

Ante el clima de inseguridad y violencia que prevalece en nuestro Estado la sociedad propone distintas soluciones. Desde mi trinchera me atrevo a decir que la lectura es la estrategia olvidada. Con ello no expreso que sea la única salida. La lectura sin arropo de otras políticas poco o nada podrá incidir. Diversos proyectos en otros países han comprobado lo anterior. Quizá el caso más exitoso, o al menos en más conocido, fue el que implementó Jorge Melguizo en Medellín, Colombia. Mirar nuestras circunstancias en los otros permite encontrar soluciones, pero si los otros nos comparten su experiencia, podremos delinear acciones concretas.

Pondré un ejemplo minúsculo, pero entendido como experimental. Desde el pasado 7 de junio, en las oficinas centrales de la Secretaría de Educación del Estado de Zacatecas, comencé a coordinar un círculo de lectura. Acudieron poco más de quince personas la primera sesión. Sus experiencias con la lectura, de la mayoría, no eran gratas, ni cercanas. Hacia el 13 de septiembre, esas mismas personas habían leído cuatro libros y estaban muy avanzados en el quinto. Precisamente esta última sesión es motivo de reflexión de la misma y de estas líneas.

Después de leer varios capítulos de Ensayo sobre la ceguera, aunadas a las apreciaciones en torno a la obra, surgió la inminente referencia a nuestra ceguera como sociedad, las actitudes hacia el otro, el trato lamentable hacia el que es “distinto” (¿quién no es distinto?), la descalificación y burla como argumentos. En ese momento, los asistentes dieron cuenta de la dinámica que impera al interior del círculo de lectura: la aceptación de la diversidad, la inclusión, la libertad, la empatía, la libertad, es decir, el respeto. Todo ello se puede aglutinar en un concepto urgente: educar para la paz y la convivencia. Las competencias quedan fuera.

Más allá de formar lectores en lo individual, me interesa crear comunidades lectoras, filosofía adquirida en la visión del Programa Nacional Salas de Lectura. Comunidades donde permeen los conceptos y las nociones enlistadas en el párrafo anterior. A estos espacios y colectivos se debe apostar, fortalecerlos, apoyarlos. Vuelvo al caso colombiano: demostró que la lectura y la cultura pueden salvar a una sociedad de la violencia. Pero no per se, sino arropadas por políticas públicas que tengan como estandarte los mismos valores y principios. Que no conciban a la sociedad como entes electorales, sino como individuos participativos.

A un año de gobierno esta posibilidad no se percibe. Hay esfuerzos aislados que ante la carencia de un marco o una sistematización, son percibidos como ocurrencias. La violencia en nuestras calles no se acabará con más armas. Como tampoco el fuego se combate con fuego. Reitero: la lectura por sí misma no es suficiente. Ojalá y alguien tenga la suficiente sensibilidad para contemplar esta opción. Hasta la próxima.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-309

 

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