Otra prueba más

Otra prueba más

Nuevamente la vida nos pone a prueba como especie, como seres civilizados, como devotos de alguna religión y como mexicanos. En semanas anteriores, cuando el huracán Harvey azotó la región sur de los Estados Unidos, especialmente el área de Houston, caló hondo en México, especialmente porque hay muchos paisanos en esos rumbos, se mandaron buenas vibraciones y multitud de cadenas de oraciones por el sufrimiento que aquejaba a todos los pobladores de ese territorio, independientemente de su origen, que antes fue parte de la Nueva España, el Imperio y la República Mexicana; aunque de una manera u otra se ejerció una venganza irónica ante los desprecios de las autoridades de ese país y ese estado a los que son originarios de estas tierras y que han hecho o intentan hacer su vida de aquel lado de la frontera. No obstante, como cuando Luisiana fue devastada por Katrina (nuevamente la ironía de la cultura popular protagonizando una vendetta), el gobierno de nuestro país ofreció de buena gana ayuda para paliar las desgracias de nuestros vecinos del norte.

Poco duró el gusto, porque la Madre Naturaleza nos cobró factura con los excesos de agua que se dejaron sentir a lo largo del territorio nacional, lo que causó múltiples molestias y catástrofes de diversas magnitudes. Pero hasta ahí. Lo grave fue cuando el pasado jueves 7 a la medianoche, el país fue sacudido no sólo metafórica sino literalmente en gran parte de su superficie por un terremoto. El epicentro estuvo frente a las costas de Chiapas y Guerrero. En fin, todo eso ya lo sabemos todos. Lo importante ahora es saber qué es lo que sigue. Por todas partes han surgido las agrupaciones, organizaciones no gubernamentales, personas de buena fe y algunas dependencias gubernamentales o descentralizadas que hacen llamados a la ciudadanía para que en la medida de sus posibilidades ayuden a mitigar el sufrimiento de aquellos a quienes les están soplando los vientos de la desgracia. El mismo gobierno, a través del Fondo Nacional de Desastres y la intervención de Ejército y Marina hacen acto de presencia para llevar a cabo acciones de rescate, lo cual, pinta de cuerpo entero las buenas intenciones del pueblo mexicano en la solidaridad y desapego cuando la desventura lo golpea.

Hasta ahí va todo bien. Sin embargo, cuando se llega a la etapa de apoyo efectivo a los damnificados es cuando todo mundo muestra el cobre. Es imposible olvidar los actos de rapiña inhumana que autoridades, funcionarios, instituciones y muchos particulares muestran al omitir la parte final de la tarea de apoyo a damnificados; por regla general, todo mundo le hace al “Tío Lolo” y se queda con los donativos económicos o los artículos que la gente de buen corazón dentro y fuera del país aporta en forma desprendida y generosa para los que sufren. En el mejor de los casos terminan vendiéndolos a precios desmesurados y los infelices no tienen más remedio que conseguirlos al precio que sea; especialmente en el caso del agua, comida, medicina, cobijas y tiendas de campaña, por citar los más indispensables. La gente no olvida la avaricia de Miguel de La Madrid y Ramón Aguirre agenciándose los donativos de diversos países para la reconstrucción de México después del temblor de 1985 que destruyó entre otros puntos, buena parte de la ciudad de México. Comerciando con los donativos en especie que millones de mexicanos y extranjeros hicimos para aminorar el sufrimiento de los que perdieron todo. Y la historia se ha venido repitiendo y ya se está presentando con los artículos que gente de buena fe ha donado a consecuencia, principalmente, del temblor que nos preocupa.

En fin, se espera en esta ocasión que al fin el pueblo y gobierno mexicano se vaya quitando de la cabeza la idea de que se está alimentado por la corrupción o, en el mejor de los casos, por la indecencia. Es un buen momento para demostrar que el Sistema Nacional Anticorrupción empiece a funcionar, pero más importante aún es rescatar la bonhomía de la la mayoría de los mexicanos, presionando al gobierno para que cumpla con sus responsabilidades de proteger a la ciudadanía. Qué hermoso sería observar que este gobierno (el federal y los estatales) se saque la espina haciendo algo bueno para los habitantes del país. Es una buena oportunidad para lavarse no nada más la cara sino la conciencia, ennegrecidas por su falta de humanización e interés sobre los intereses de la gente que ya no tienen nada que perder, y que recuerden que la Ciudad de México la perdieron por los actos de codicia y rapiña de los gobernantes. Si fallan en esta ocasión, estarán clavando el último clavo en el ataúd de este sistema neoliberal que tanta desgracia y miseria ha traído a los habitantes de este y otros países del mundo.

Pero lo más importante será que se rescate la buena crianza de los mexicanos de todos los rincones del país y se empiece a construir una forma de vida que tenga como cimientos el respeto y el amor al prójimo en cada acto de la existencia. No es posible creer que la suerte está echada al lado de la maldad y la corrupción. Al menos, este escritero, se niega a aceptarlo.

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