¿El fin del espectáculo?

¿El fin del espectáculo?
Lucía Medina Suárez del Real

La Gualdra 308 / Cultura: a un año de gobierno

A quienes tenemos este oficio, este lado zurdo de ver las cosas, este deseo infinito de que se pueda ser mejor, siempre nos acusan de lo mismo: de ser negativos, de decir “no” por adelantado, y de pensar siempre en qué criticar. Este quinquenio, al menos hasta ahora, me están permitiendo darme el gusto de hacer lo contrario cuando toca hablar de cultura.

Y no, por supuesto, no es que todo se haga bien, no es que no haya objeciones, o áreas de mejora, pero sin duda es de los pocos espacios que logran avance en un contexto en el que la justificación para estar mal se da de forma automática.

El mérito es grande, de por sí toda actividad humana está sujeta a opiniones contrarias, más cuando se realiza con dinero público, y mucho más cuando se trata de cultura, un ámbito que por definición es diverso.

Sin embargo, y pese a los recortes, es innegable que se ha manejado esto con habilidad, y de ahí donde podría haber un defecto, se ha encontrado una virtud. Para muestra el Festival Cultural Zacatecas, que con 17 millones de pesos menos que en el 2016, logró salir avante en un tema que año con año deja insatisfechos: la integración del programa.

Pese al recorte, o quizá por él, el titular del Instituto Zacatecano de Cultura logró conjuntar a diversos artistas que dieran gusto a los zacatecanos, quienes ya se habían acostumbrado a los eventos masivos donde el cantante de moda da un concierto de acceso gratuito en Plaza de Armas, que solía lucir abarrotada con artistas comerciales que podían verse en televisión.

Así, este año se abandonó los espectáculos que garantizaban plazas llenas y adolescentes contentos. Y no hubo ni Maluma, ni Moderato en el programa.

Al mismo tiempo, la inclusión de Celso Piña, Aterciopelados o el Rock Sinfónico permitieron ver que tampoco hay desprecio infantil y per se a lo comercial, o a lo popular en el más amplio sentido del término.

En todo caso, se percibió, que más que apoyarse en fanfarronadas clasistas e intelectualoides para determinar el programa, se buscó el equilibrio entre el gusto del público zacatecano, y la oportunidad de brindar de darle acceso a artistas como Ara Milikian o de Harlem Jubilee, espectáculos que difícilmente llegarían a la capital del Estado si eso dependiera de criterios lucrativos.

Se salió también de los lugares comunes, y se demostró que el Festival Cultural puede existir sin Lila Downs o Tania libertad, que independientemente de su calidad y talento ya han sido vistas por los zacatecanos en múltiples ocasiones.

Pero no todo es festival, y justo quizá el mayor de los retos está en hacer entender esto a una sociedad acostumbrada al espectáculo. Ése quizá es uno de los principales retos por conquistar y en los que espero se trabaje, porque, de la misma manera que no tiene sentido que la inversión en deporte consista en pagar millones para crecer el número de espectadores, tampoco en el área de la cultura puede apostarse únicamente a la creación de públicos o llenado de plazas.

Las instituciones culturales tienen que ser espacio de lo posible y de la creación, y en ese camino hay mucho por andar.

*Periodista, atenta al devenir social y cultural de Zacatecas.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_308

 

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