Amarillo-Azul “Cuando el diablo tiene cara de ángel”

Amarillo-Azul “Cuando el diablo tiene cara de ángel”

Otra historia de amor hoy se ha vuelto a escribir con las lágrimas de un engaño”, quién iba a pensar que la mejor síntesis de lo que significa la alianza del Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática nos la iba a dar hace casi treinta años la cantante Thalía con su profética canción “Amarillo-Azul”.

La alianza que ha sido popularmente bautizada como la del agua y el aceite, vuelve a la carga como ha hecho en los últimos años, pero esta vez, pensada también para competir por la presidencia de la República.

La estrategia es simple: dar por muerta toda distinción entre la derecha y la izquierda, calificar cualquier diferencia ideológica como algo “anquilosado”, y llamar a la unidad: de lo que sea con lo que sea, con tal de obtener la victoria y cerrar el paso a ese enemigo que ni siquiera se ponen bien a bien de acuerdo en qué consiste.

Políticos de identidad relajada, esos que no tiene problema con el travestismo ideológico aseguran que no hay distinciones profundas entre el partido que nació como respuesta al cardenismo, y el que se consideró hasta hace unos años su heredero; entre el que ha apoyado durante años el matrimonio igualitario y la legalización del aborto, y entre el que ha hecho de la oposición a esto uno de sus principales banderas. Entre el que dice combatir al neoliberalismo y buscar un Estado más fuerte que garantice las condiciones mínimas de vida, y el que propugna por una economía de mercado en el que el principal motor sea la iniciativa privada.

Quizá tienen razón, ya poco queda de ellos mismos. Ambos a estas alturas, ya avergüenzan a sus fundadores, a quienes han visto salir paulatinamente.

Manuel Gómez Morín, su fundador, renunció al Partido Acción Nacional. También lo han hecho algunas de sus figuras más simbólicas como Carlos Castillo Peraza, o Manuel Clouthier.

En el PRD pasa algo similar, su fundador, y durante muchos años líder moral, Cuauhtémoc Cárdenas, ahora se encuentra alejado de ese partido. También Andrés Manuel López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Rosa Albina Garavito.

El argumento de esta unión de proyectos de origen no sólo distinto, sino contrapuesto, es derrotar a ese enemigo que de otra manera les resulta invencible. ¿De quién se trata? Pareciera que ni en eso hay acuerdo.

El discurso más extendido es el que quiere evitar la victoria del Partido Revolucionario Institucional que hoy gobierna el país con una debilidad inusitada pese a la cual se mantiene en pie, esto gracias al apoyo de los partidos que supuestamente se alían para vencerlo.

Este instituto además es el tercer lugar en la mayoría de las encuestas y tiene dificultades tan grandes para hacerse con la victoria en 2018, que su mayor apuesta está en encontrar un candidato que parezca lo menos priista posible. Entre sus finalistas está José Antonio Meade, secretario de Hacienda y Crédito Público en el sexenio actual, pero que también ha tenido ese cargo con Felipe Calderón; es decir, una figura digna de eso que llaman el PRIAN.

El PRI, partido con el que tanto PRD, como PAN, firmaron el Pacto por México, no puede ser hoy llamado como un rival invencible luego de haber perdido la presidencia de la República en dos ocasiones.

Desnudado ese ilógico argumento, no queda más que admitir que la unión se trata entonces de vencer a Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza las encuestas conocidas hasta ahora, y todo parece será postulado esta vez por un partido en el que no se le puede introducir tan fácilmente candidaturas que no representen el mismo proyecto que enarbola, como antaño sucedía.

Sin embargo, en el terreno de las ideas no habría razón para que el PRD, e incluso Movimiento Ciudadano fueran contra quien ha sido su candidato presidencial en dos ocasiones pues en lo general se sostiene el mismo proyecto de nación que los hizo en otro momento mantenerse en ese barco. No queda más remedio entonces que hablar de soberbia, de centrar la diferencia en una persona, y no en un proyecto.

No hay pues otra explicación en esto, que la necesidad de construir una fuerza conjunta que dé los votos suficientes para conquistar espacios de poder que permitan la colocación de una serie de políticos acostumbrados a vivir del erario sin siquiera tomar año sabático, sea cual sea el logotipo o el color que les cobije.

El efecto real pinta para endurecer el escenario actual, pues la claudicación del PRD de ser un partido de identidad propia, y no uno satélite, significa confirmar que la izquierda que cree en la vía electoral tiene solamente una opción en el 2018.

Quienes pensaban votar por la derecha tendrán ahora dos opciones, la que postule el PRI, y la que provenga de esta alianza que muy probablemente, dada su fuerza política, encabezará Acción Nacional.

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