Mucha población y poca sociedad: el ecosistema de la delincuencia

Mucha población y poca sociedad: el ecosistema de la delincuencia

Es claro que la autoridad está completamente rebasada por la situación de violencia en Zacatecas. Empero, la pregunta sobre las capacidades ciudadanas para intervenir en problemas de este tipo también se responde negativamente. Primero: la sociedad no es la población. La población son personas, y la sociedad no son personas, sino las relaciones que se establecen entre ellas. Parece que tenemos una población con niveles muy bajos de socialidad. O lo podemos decir en forma excesiva: una población sin sociedad. Podemos observar dos tipos de socialidad: comunitaria y ciudadana. La primera es la construcción de redes en los ámbitos próximos; la segunda es la participación en asuntos públicos que la mayoría de las veces son anónimos y generales. Pues bien, construir ecosistemas seguros es un asunto de las dos socialidades. Analizando la comunitaria nos damos cuenta de que no conocemos a nuestros vecinos, o que tenemos un contacto meramente funcional con los compañeros de trabajo. La construcción de comunidades está detenida: en las múltiples colonias nuevas que han surgido en los últimos 15 años, podemos constatar la vida anónima de los vecinos, además de la casi nula vida sindical o mínima generación de lazos en los lugares de trabajo, revelan la desintegración social que vivimos.

En cuanto a la socialidad de ciudadanía, podemos medir el nivel de participación en asuntos públicos de la población, y nos daremos cuenta de que el número de organizaciones civiles con temas generales son muy pocas. Estamos ante una sociedad de baja intensidad. Observatorios ciudadanos, centros de derechos humanos o comités de intervención en temas como medio ambiente o pobreza o…seguridad, son casi inexistentes. Es parte de la victoria cultural del neoliberalismo: la poca participación ciudadana y las personas dedicadas sólo a sus actividades de mercado (trabajo o económicos) o en asuntos privado-domésticos. La privatización de la vida destruye la vida.

Así las cosas, la pregunta es, ¿qué hacer para pasar a una socialidad de alta intensidad? Sabemos que con ello estaríamos en otra circunstancia: sin vacíos sociales en las colonias o centros de población se haría muy difícil el establecimiento de casas de seguridad de los criminales, las cuales constituyen su base de operación, y sin esto, las células de los malos no podrían actuar. Pero no sólo: con tejido comunitario, los jóvenes vulnerables serían atendidos de inmediato y no habría forma de que cayeran en manos equivocadas. La participación ciudadana intensa haría imposible malos gobiernos: su exigencia y claridad pondrían las cosas en su lugar. Los partidos nunca pondrían malos elementos ya que estarían conscientes de los riesgos políticos a que se expondrían si lo hicieran ante una sociedad informada y participativa.

En suma, el Estado es impotente y la sociedad también. Sin embargo, el que tiene la obligación de detonar el cambio de esta circunstancia es el Estado, por ello, sigue de su lado la responsabilidad del tema. Esto es, el Estado tiene la función de detonador de procesos sociales que, por lo visto, tiene abandonada. Mientras, una paradoja apocalíptica nos cae como rayo: el cáncer de grupos de sujetos muy organizados para la violencia y la corrupción carcome al país.

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