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Oye, Trump, en Los Ángeles

Oye, Trump, en Los Ángeles
El martes 29 de agosto se presentó en Los Ángeles Theater Center de Los Ángeles, en un acto organizado por Juan José Gutiérrez, el libro Oye, Trump, de Andrés Manuel López Obrador. Lo acompañamos Pedro Miguel, quien se quedó en Los Ángeles, pero yo regresé el miércoles 30 a las 13:43 horas, y quedé volando como partícula revoltosa –diría Elena Garro–, porque el Volaris aterrizó en Guadalajara en la noche, después de horas de espera, ya que el aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México estaba inundado. Dieciocho vuelos terminaron en Guadalajara, Toluca, Querétaro y otros aeropuertos. El Volaris salió a la Ciudad de México hasta el día siguiente, el 31 de agosto –todos los pasajeros convertidos en zombies– y todavía permanecimos hora y media en la pista, porque no había piloto. La noche había transcurrido en el piso de mármol del aeropuerto tapatío. Lo que más me dolió fue Cristina, joven mujer con dos criaturas, cansada a morir, su pelo trenzado, sus ojos cafés enrojecidos por la angustia, quien llevaba en brazos, escondido bajo su rebozo, a un bebé del que nunca se separó. Resulta que a su esposo migrante lo deportaron y ella –que por alguna razón se quedó– tiene que venir a verlo en tremendas condiciones de indefensión. Él, lo único que quiere en esta vida es regresar a Estados Unidos. La niña mayor, vestida de rosa, de plano se tiró al piso y la bendición de su infancia le permitió dormir como angelito.

En Volaris se paga por llevar maleta y por comer. También se paga por que te manden a volar, porque las asistentes de vuelo no dan explicación de lo que va a sucederles a los pasajeros, entre ellos ocho o 10 ancianitas en sillas de ruedas que jamás volví a ver. En el asiento 3F de ventanilla, que me tocó, resultó irreal, to say the least, hojear la propaganda de mares azules, trajes de baño, kit de higiene bucal, portapasaportes personalizados, pulsera repelente de insectos, todo lo que yo quería saber sobre Puerto Vallarta; anuncios de condominios frente al mar, masajes relajantes, torres de lujo en Cancún; alhajeros, ensaladas, kart racing ciento por ciento adrenalina, barra de especialidades gourmet que no cuadraban con nuestra realidad. Tampoco habríamos podido adquirir el turquey croissant de 85 pesos, porque el capitán y la tripulación no llevaban fresh food, sino puros snacks de cacahuate japonés o pasitas cubiertas de chocolate.

Durante la larga espera nocturna en el aeropuerto de Guadalajara, Volaris nos disparó sándwiches y hamburguesas, café y refrescos. Me llamó mucho la atención el buen ánimo de los viajeros, su aguante risueño y hasta festivo de las malas circunstancias. La joven Raquel Bazán, quien vive en Tlalnepantla, me tendió con una sonrisa dos acuarelas hechas en Kettelman City, muy poéticas, quédeselas, son para usted, y un cónsul de México en Los Ángeles, Carlos J. Isunza, me llenó de admiración por todo el trabajo que hace por los mexicanos.

Cuando Conrado Martínez me recogió en el aeropuerto a las dos del 31 de agosto me contó que el día anterior había visto los habitantes de Neza y Ecatepec caminar con el agua hasta la cintura, aguas negras –especificó– y recordé que el día anterior en la tele había visto los desastres del Harvey en Texas y anoté la conclusión de Conrado: Sí, allá les fue mal, pero aquí nos va mucho peor, porque tenemos malos gobernantes y somos pobres.

En Los Ángeles Theater, ante cientos de asistentes, AMLO condenó las declaraciones de Donald Trump y su campaña racista contra la comunidad hispana endurecida desde el 20 de enero de 2017, s pesar de que los migrantes de México y Centroamérica representan una fuerza laboral formidable y le entregan 30 mil millones de dólares anuales a México.

Pedro Miguel –autor del prólogo de Oye, Trump y de los cuentos y poesías de Damas del tiempo– apuntó que no ha habido otra voz con representación nacional como la de AMLO, y aseguró que “los hispanos padecen una ofensiva parecida a la racista de Charlottesville, Virginia, a manos de neonazis y Ku Klux Klanes que provocó la muerte de Heather Hayer arrollada por un automóvil. Pedro insistió en los casos Odebrecht, OHL, el Grupo Higa y los muchos escándalos almacenados en las oficinas de inteligencia de Estados Unidos.

Por mi parte, dije que dejar la propia casa es una de las desventuras de la vida. Con razón cantaba Jorge Negrete: México lindo y querido, si muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí. Aquí me quedo es otra canción que habla de lo que significa nacer en el mismo lugar y con la misma gente, como dice Juan Gabriel. También Volver, volver, volver… nos recuerda que los migrantes suelen regresar cargados de regalos para los que se quedaron. Dicen que a la hora de la muerte, en el último momento, muchos agonizantes regresan a la primera palabra que pronunciaron sobre la tierra: Mamá. Por desgracia, hombres, mujeres y niños salen de su parcela, su maizal, su sembradío, su techo, por culpa del mal gobierno mexicano.

Se es migrante desde el momento en que se sale del vientre materno. Andrés Manuel López Obrador alguna vez declaró: Primero los pobres, y los migrantes son pobres. Andrés Manuel también ha sido de los de a pie, ha caminado mucho, una de las primeras veces, cuando encabezó el Éxodo por la Democracia, desde Tabasco, en 1994. Entonces tenía el pelo negro y ahora la lucha por México se lo ha blanqueado.

“En primer término –dijo AMLO– defenderemos, sin ningún condicionamiento, el derecho de nuestros connacionales a ganarse la vida en cualquier lugar del mundo con su trabajo honrado.

“Adelanto: me da mucho gusto repetirlo en Los Ángeles, que, en poco tiempo, los 50 consulados de México en Estados Unidos se ocuparán por completo de la defensa de nuestros paisanos.

“Para efectos prácticos, los consulados se convertirán en auténticas procuradurías. Los cónsules mexicanos serán seleccionados con mucho rigor y tendrán rango de embajadores. Deberá ser igual de honesto y profesional el cónsul de Los Ángeles que el embajador de México en Francia.

Insisto: buscaremos establecer una relación bilateral con Estados Unidos fincada en la cooperación para el desarrollo. Defenderemos a los migrantes, pero, al mismo tiempo, aplicaremos una política económica para generar empleos y garantizar a los mexicanos trabajo y bienestar en su lugar de origen, con sus familias, sus costumbres y su cultura.

Hasta aquí López Obrador. En el mismo vuelo, Volaris venía el cónsul en Los Ángeles para asuntos políticos, Carlos J. Isunza, quien se veía cansadísimo a pesar de reiteradas tazas de café. Me explicó: Es que tengo mucho trabajo.

Carlos Fuentes, escribió en alguno de sus ensayos que se hablaba más español que inglés en Los Ángeles. De la totalidad de 10 millones de habitantes, 35 por ciento, 3 millones 500 mil, habla español. Llegaron de México y de Centroamérica porque su nivel de vida era below the poverty level. También llegaron muchos filipinos, obviamente en pésimas condiciones de vida. Ahora, muchos de los niños de Los Ángeles son hijos de papás migrantes que trabajan 35 horas a la semana y, a pesar de ello, pertenecen a lo que en Estados Unidos se llama working poor. Impusieron nuestros tacos y al final de cuentas lograron entronizar no sólo nuestros usos y costumbres, sino nuestras festividades, el grito del 15 de septiembre y la fiesta de la virgen de Guadalupe el 12 de diciembre, entre otras.

Antonio Ramón Villaraigosa unió su apellido al de su esposa, fue el primer alcalde mexicano de Los Ángeles e hizo mucho por la educación de los latinos. Su niñez había sido con pandillas y, a pesar de ello, logró graduarse en historia en la Universidad de California.

La autora chicana Sandra Cisneros, cuyo padre llegó a Chicago, escribe libros que se han vendido en miles de ejemplares que Random House publica simultáneamente en inglés y español. El ex presidente Obama le concedió en 2015 el National Medal of Arts, y Sandra –vestida de tehuana– es tan leal a sus orígenes que ahora vive entre nosotros en San Miguel Allende.

Muchos mexicanos lograron destacar en varios campos en Estados Unidos, desde Luis Valdez con su película Zoot Suite, hasta David Maciel, quien logró lanzar con Nicolas Kanelo el Arte Público Press y fue el primer editor de la Cisneros. ¿Quién no recuerda al poeta Alurista, a la novelista Mary Helen Ponce? Margarita Nieto en la universidad de Northridge enseñó arte y literatura a muchos jóvenes migrantes, y Sara Poot Herrera en la Universidad de Santa Bárbara forma y protege a un sinfín de estudiantes indocumentados. Ana Castillo escribió My father was a toltec y Ester Hernández pintó a la virgen de Guadalupe como karateca y la sacó de su halo con falda corta y zapatos de tacón alto.

Es conmovedor el caso de un muchacho que después de arreglar llantas ponchadas en una vulcanizadora en la carretera en Santa Cruz y dormir con siete compañeros en una pequeña habitación, consiguió un puesto de jardinero en la Universidad de Santa Cruz, California. Acostumbraba barrer cerca de las ventanas de un salón de clase y al verlo con frecuencia un maestro humanista simplemente le preguntó: ¿Por qué no entras? Dejó su escoba, entró, estudio y sacó su doctorado y me dijo que no creía que en México le habrían dado semejante oportunidad. Por eso, en muchas ocasiones, debemos reconocer que Los Ángeles se porta como un ángel de la guardia con sus habitantes latinos.

Bernie Sanders, el demócrata, habría ayudado a los indocumentados, de eso no nos cabe la menor duda. De la ciudad de México salió un extraordinario periodista, Jorge Ramos –el primero en enfrentarse a Donald Trump en Iowa, el 31 de agosto de 2015, y expulsado por guaruras de una conferencia de prensa con su pregunta sobre migración. Resultó punta de lanza en la pésima relación que Trump ha tenido con los periodistas. Vive en Estados Unidos hace más de 30 años y ha entrevistado a todos los presidentes del mundo. La revista Latino Leaders publicó que es uno de los 10 latinos más admirados en Estados Unidos y uno de los 101 líderes de la comunidad hispana. Ramos dedicó varios escritos a los dreamers, que saben que el primer paso para quedarse en Estados Unidos es perder el miedo. En 2012, 4 millones de jóvenes de menos de 30 años vivían como indocumentados. Muchos llegaron en brazos de sus padres y les inculcaron no decir de dónde venían. Ahora 800 mil están protegidos por el programa Acción Diferida para los llegados en la infancia, de Barack Obama en 2012. Trump ahora se niega a continuarlo y, si cumple su amenaza, 800 mil jóvenes serán deportados.

Si Martin Luther King tuvo un sueño, también los indocumentados, desde César Chávez para acá. Por eso, todos aquí presentes en el Los Ángeles Theater creemos en la fuerza, en la nobleza, en la creatividad y en el futuro de los migrantes. Si a Trump no lo ciegan sus grandes limitaciones aprenderá a oír como pide AMLO en su Oye, Trump, propuestas y acciones en defensa de los migrantes en Estados Unidos.

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