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¡Sanguinario!, ¿e impune?

¡Sanguinario!, ¿e impune?

Miscelánea

Este jueves por la tarde, al disponerme a iniciar mi colaboración semanal que aparece los sábados en este diario, llega a mi celular un WhatsApp que se integra con un video y un mensaje que dice: “No se vale” “Pinche estado vale para pura madre”. A la lectura del mensaje apresuro abrir el video: Un hombre de sombrero sentado en la banca de entrada de un establecimiento comercial  acompañado por otro adulto. Se observan varias personas de pie.

De pronto aparecen en escena dos jóvenes de entre 18 a 25 años y se encamina uno de ellos, de playera azul,  hacia el hombre del sombrero, lo toma por el brazo y lo jala para sacarlo del lugar, por lo que el del sombrero se deja caer, desplomándose. Luego el joven de azul lo toma de una pierna para hacerlo salir del establecimiento y no logra que acceda. El otro joven, de chamara clara y con capucha observa y, con movimientos nerviosos, saca un arma y le dispara al de sombrero que sigue tirado de espaldas. Enseguida el joven de playera azul saca un arma y también le dispara en varias ocasiones, casi a quemarropa. Los agresores salen del lugar corriendo y se pierde su imagen.

La clientela está prácticamente aterrorizada al haber observado los hechos con una cercanía de un metro a dos y uno de ellos a escasos centímetros. Los empleados pretenden salir fuera del mostrador, se arrepienten y se regresan al interior, mientras el hombre de sombrero queda tirado y herido en el área que recibe a la clientela.

Tiempo más tarde me entero que los hechos sucedieron en la carnicería “la Reina”, ubicada en la colonia Los Gavilanes y que el agredido es precisamente el dueño del negocio. ¡Patético!

Quedo ensimismado al observar el ánimo sanguinario y cruel de dos jóvenes que a su edad debieran estar o forjándose una carrera educativa o desempeñándose en algún trabajo lícito. Pienso sobre todo en la víctima: hombre de trabajo, ya de edad avanzada y cuya vida se dedicó a lograr un patrimonio con esfuerzo, ahorro y mucho trabajo. Patrimonio que fue la ambición de los jóvenes, hoy criminales. Pienso también en la familia de  la víctima, en su impotencia, en su rencor y en su sufrimiento.

¿Y el gobierno? ¿Y la policía preventiva?, porque la víctima había sido secuestrado hace meses y ameritaba vigilancia especial y estratégica, cuando menos asesoría que lo llevara algún tiempo a mantener su seguridad con guardaespaldas y otras medidas precautorias.

¿Y la policía de investigación con sus agentes del Ministerio Público y su policía científica? ¿Lograrán el esclarecimiento de los hechos que los conduzcan a la captura de los responsables?

¿Dónde quedó aquella policía ministerial de investigación integrada por licenciados en derecho y que fue capacitada por policías mexicanos, norteamericanos y franceses?

¿Por qué el gobierno de Amalia García la disolvió, cuando estaba dando buenos resultados?

Cincuenta jóvenes profesionistas capacitados en tareas de alta investigación que en poco tiempo resolvieron robos, secuestros y homicidios, dados de baja sin explicación alguna a la sociedad zacatecana. Amalia debiera informar de sus “razones” para disolverla. Hoy tanta falta hace a los zacatecanos: aquella policía investigadora, no Amalia.

La permanencia de este cuerpo policiaco de investigación se conservó durante los dos últimos años del gobierno de Ricardo Monreal. Trabajaban en equipo “como racimo de uvas” en palabras del criminólogo Rafael Ruiz Harrel: El agente del Ministerio Público conductor de la averiguación y, bajo su mando un grupo de policías investigadores profesionalmente capacitados y un grupo de peritos en el área científica o técnica requerida según el caso.

Dedicaban tiempo completo al asunto encomendado sin que otras ocupaciones pudieran distraer o retardar la averiguación. Que esperanzas que fueran llamados al abandono de su indagatoria para cuidar a algún funcionario o vigilar algún banco o eventos feriales. Su tarea era precisa e invariable: el esclarecimiento y los resultados estaban a la vista.

Se dirá que eran otros tiempos lo que es cierto, pero la tarea de investigación criminológica sigue siendo la misma: profesionalismo y dedicación total.

El señor Frausto fue abatido cobardemente. Muchos han sido asesinados de manera inmisericorde, algunos con saña inexplicable y aún queda esperanza en que los mejores elementos de policía ministerial y peritos logren buenas investigaciones que conlleven a disminuir las tasas de impunidad.

La impunidad es el factor que mejor da alientos a la delincuencia organizada y a la que no está organizada, pero que imita a la primera en sus esquemas y actuación, sabedora que  la autoridad evita investigar a la primera y que los medios y la sociedad guardan silencio ante temores fundados. ¡Fue delincuencia organizada!, grita la autoridad y todos callamos y ya no se investiga. Eso lo saben los delincuentes pandilleros por eso imitan hasta confundir.

La policía ministerial debe ocuparse al 100% en sus tareas de investigación que son su esencia y dejar el servicio de guardaespaldas de presidentes municipales y de otros funcionarios como indebidamente se está haciendo.

La recuperación y recontratación de los cincuenta profesionales en la investigación penal, sería un paso adelante. El Procurador tiene en sus manos la decisión de corregir y recontratar.

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