La violencia imparable frente a la impotencia gubernamental

La violencia imparable frente a la impotencia gubernamental

Zacatecas vive una explosión de violencia abierta. Bandas de criminales invaden la ciudad a cualquier hora, en pleno día y delante de todas las miradas cometen los asesinatos, se llevan a los secuestrados o exigen sus extorciones. Los criminales no se ocultan para cometer sus atropellos y ultrajes. La población está asustada no sólo por la frecuencia de los asesinatos, sino por la forma de perpetrarlos. En la calle, bajo un puente, frente a una escuela o dentro de un negocio con los clientes dentro. ¿Qué tiene que ocurrir para que las células de delincuentes actúen de esa manera? Pues la seguridad de que (ellos) no tienen nada que temer, tienen la certeza de que no serán detenidos o agredidos; en suma, que pueden llegar, rociar de balas a una persona delante de todos, a mediodía, sin bozales o máscaras, y se van sin novedad. Nada pasa.

Es común escuchar la respuesta de la autoridad, en un acto por sacudirse la responsabilidad, de que las víctimas estaban involucradas en actividades ilícitas. Sin embargo, esas afirmaciones se hacen sin mediar evidencia o investigación alguna, y los testimonios de los amigos y familiares de las mismas víctimas, indican que no es así. El gobierno está en la total impotencia. Como expresión de la misma, echan la culpa al descuido moral de las familias en la crianza de los hijos, y con ello pretenden lavar su responsabilidad. Como si al existir problemas de integración familiar, disculpara al Estado de su responsabilidad de resguardar la seguridad de la población. Al contrario, si hay dicha desintegración familiar de la que hablan, la responsabilidad del Estado es mayor. De ese tamaño es la impotencia del gobierno, al grado de difundir este tipo de afirmaciones estólidas y desatinadas como descargo ante la falta de resultados contra la situación de violencia abierta.

Sin embargo, estamos también ante una sociedad fragmentada e inmóvil. Congelada en el miedo y el desaliento. Desorganizada. En una colonia de la capital, un señor payaso de profesión organizó su colonia y construyó un sistema de cámaras y sistemas de aviso: los resultados fueron inmediatos y contundentes en ese pequeño polígono. Es decir, cuando la sociedad actúa la situación cambia. También en la exigencia a los gobiernos. Es decir, para exigir y actuar con medidas directas, se requiere organización. Pero la fragmentación y el miedo componen un círculo vicioso que paraliza a los liderazgos, las organizaciones y la iniciativa de la sociedad. Quisiéramos ver a cámaras empresariales, organizaciones civiles o sociales, instituciones educativas, iglesias, sindicatos, o colegios de profesionistas tomando iniciativas en torno al problema de la violencia e inseguridad. Y no haciendo cosas sólo para mejor resguardar a ciertas colonias o sectores o miembros de sus organizaciones, sino generando acuerdos de proyectos o programas con las autoridades para juntar esfuerzos y lograr el objetivo de conseguir un estado tranquilo y en paz. La impotencia se resuelve siendo fuertes, y eso se consigue juntando las manos de todos. ¿Quién tomará la iniciativa?

  1. De los partidos ni hablamos. Están tras las metas de su ambición, mientras el estado arde.
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