Los actores se ubican en sus trincheras. Inicia el proceso electoral 2018

Los actores se ubican en sus trincheras. Inicia el proceso electoral 2018

El próximo día 8 de septiembre inicia el proceso electoral de 2018. Los actores inician sus movimientos para ubicarse en sus respectivas trincheras. En ese contexto hay que ubicar la decisión de Morena de prepararse para el proceso electoral, designando coordinadores de organización en cada territorio que será escenario de la competencia entre candidatos, que ha despertado un inusitado interés en la Ciudad de México (CDMX) debido a que todos los estudios demoscópicos realizados los últimos meses muestran una probabilidad grande de que Morena desplace al PRD del gobierno de esa entidad federativa, de manera que la competencia entre cuatro aspirantes por asumir las funciones de coordinación de las tareas de organización y fortalecimiento de las estructuras del partido se constituyó, en el imaginario social e interno, como un primer paso, muy importante, para la elección del nuevo jefe de gobierno. Aunque las consultas en asambleas de base y de órganos de dirección, o mediante encuestas para designar a dichos coordinadores se está realizando en todo el país, en Zacatecas culminó ayer con la sesión del Consejo Estatal con resultados satisfactorios, en ningún otro territorio adquirió, ni de lejos, la notoriedad que sí logró en la CDMX, hecho que colocó a ese partido, una vez más, en el centro de la atención mediática nacional.

Para valorar mejor el contexto en el que inician los procesos electorales, hay que recordar que la liberalización democrática iniciada en 1977 y traicionada por la élite del poder a partir del año 2000, coincidió en el tiempo con tres procesos: la implementación a partir de 1982 del modelo neoliberal que ha generado estancamiento económico, desempleo y un incremento en la desigualdad; con la generalización de la corrupción, la violencia y la inseguridad; y la captura del Estado por diversos grupos criminales, unos de cuello blanco que mantienen funcionando la red de corrupción y otros armados, por lo que muchos mexicanos están convencidos de que los avances democráticos no han resuelto sus principales problemas, y un número cada vez más grande de ellos relaciona la competencia política con el reparto descarnado de espacios de poder para el beneficio personal y de grupo.

Observando con atención nuestro proceso político nacional, es fácil concluir que en la esfera de la economía se están configurando claramente dos polos, donde partidos y ciudadanos nos ubicaremos, igual que lo hacen en casi todos los países democráticos del mundo. Son evidentes los alineamientos políticos: el PRI y el PAN defienden la continuidad del neoliberalismo, y Morena plantea claramente una alternativa neo-desarrollista, mientras que en el PRD existe una diferencia clara entre una base que se mantiene fiel a sus principios fundadores y a su oposición al neoliberalismo, mientras que la conducción de la mayoría de sus líderes obedece a una voluntad clara de mantener su desplazamiento hacia la derecha iniciado con la firma del Pacto por México. En la esfera de la violencia y la inseguridad en nuestro país, los alineamientos son los mismos: PRI y PAN apuestan por mantener la estrategia de guerra contra el narcotráfico, o cambiarla para otra que apueste más por la prevención y la rehabilitación; y finalmente, en cuanto a la corrupción y la impunidad, el PRI en su conjunto está obligado a mantener la simulación, mientras que Morena es muy consciente que su principal fortaleza es la percepción mayoritaria de que su dirigente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es una persona honesta, y por ello mantendrá el tema como una de sus prioridades. En esta esfera es donde el PAN y el PRD muestran una gran contradicción interna: muchos de sus cuadros que han ocupado cargos gubernamentales y ejercido porciones del erario no pudieron mantenerse inmunes a la corrupción y le entraron alegremente a los moches y a la fabricación de facturas, y por supuesto que coinciden con el PRI en mantener la simulación corrupta, mientras que sus bases desearían coincidir con Morena. En conclusión: Bases y líderes del PRI coinciden con mantener el neoliberalismo, la estrategia de seguridad, y la simulación, mientras que Morena es claramente el polo opuesto, y por ello, se convertirán en el centro de dos polos principales de la competencia. La apuesta del PRD y el PAN por construir un polo distinto chocará con sus diferencias políticas objetivas, y con los intereses concretos de sus respectivos aspirantes.

En conclusión, las tensiones internas tanto en el PRI como en Morena se administrarán sin problemas y no sufrirán rupturas insalvables porque su cohesión es fuerte, mientras que las relaciones o movimientos al interior del PAN y del PRD serán de difícil conducción. Ello no significa que no puedan ocurrir rupturas en los dos primeros, sino que considero que en el PAN y el PRD existen equilibrios muy inestables que se pueden romper con la llegada de elementos externos o con la ruptura de algunos de sus elementos. Aplicando ese criterio para el caso de la designación de la coordinadora de organización en la CDMX, considero que el desenlace más probable es que Ricardo Monreal se mantenga en Morena en virtud de sus relaciones especiales con AMLO, y porque un acuerdo con las dirigencias del PAN y/o PRD, produciría desacuerdos insalvables al interior de esos institutos políticos. ■

 

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