Guerra mediática

Guerra mediática

Con profusión circuló ayer un video con declaraciones del gobernador Alejandro Tello Cisterna, en entrevista de prensa, cuestionando a los críticos de su Administración y acusando que todos los días le piden que renuncie porque no les ha dado el dinero que solicitan.

Totalmente innecesaria, la declaración prendió focos rojos en los medios cuyos propietarios no son zacatecanos y que, obviamente, mientras el gobernador no diga nombres, mantendrán con mayor firmeza sus líneas editoriales, ensanchándose cada vez más las diferencias.

En esta colaboración no daré nombres ni montos económicos de acuerdos publicitarios, pero si tengo que reconocer que la asignación de recursos oficiales para convenios de publicidad debe tener siempre el alto propósito de lograr equilibrios, establecer consensos y permitir que se alcancen metas comunes entre gobernantes y gobernados.

Nadie puede desconocer que cada gobierno ejerce recursos públicos y que los medios de comunicación son empresas grandes, medianas y pequeñas que, sin excepción, trabajan todos los días por obtener recursos y proteger sus intereses.

Lograr un equilibrio entre lo que busca el gobierno y lo que desean los medios de comunicación es una tarea que requiere inteligencia, tolerancia, buena fé y cumplimiento de los acuerdos. Cuando el dinero no es suficiente – y en los gobiernos estatales y municipales nunca lo es- lo menos que debe de prevalecer es el buen trato, el mutuo respeto y un alto propósito de servicio.

Ni siquiera cuando el dinero fluye generosamente puede considerarse como condición de éxito en el manejo de la imagen pública y la comunicación social. En su momento el presidente panista Felipe Calderón, invirtió más de 37 mil millones de pesos en estos rubros y aun así perdió la elección presidencial y terminó con una imagen negativa por su decisión de abrir una guerra sin cuartel contra los narcos.

A pesar de los millones de pesos invertidos por esta Administración federal, que encabeza al presidente Enrique Peña Nieto, nadie podrá quitarle los negativos generados por el mal manejo informativo de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, los muertos de Tlatlaya, la Casa Blanca o el socavón de Morelos. El dinero no compra líneas editoriales.

Si los convenios publicitarios son jugosos, hay demanda de mayores recursos, y si no lo son, con mayor razón la demanda crece, pero los ejemplos de que el dinero no lo es todo, ni lo condiciona todo, es que ineludiblemente en la base de todo acuerdo publicitario debe haber compromisos éticos y legalidad, por ambas partes. Dejar claros los alcances, prestaciones y contraprestaciones y, particularmente, generar un propósito de servir a la comunidad.

Cuando eso no se logra, los ejemplos de malos acuerdos se multiplican, crecen desmesuradamente y en varias ocasiones se hacen del dominio público sus irregularidades. Como ejemplo, hace dos años circuló profusamente en redes sociales una carta del entonces Gobernador Jorge Borge, de Quintana Roo, reclamando a Emilio Azcárraga Jaen un trato justo en su televisora, que equilibrara las críticas a su gobierno, en función de los 60 millones de pesos que le pagaba mensualmente. Imagínese usted, estimado lector, si a un solo medio se le pagaban 720 millones al año, cuanto se gastaba para cubrir a todos los medios y cuanto se gastó en total en seis años de gobierno.

En sentido opuesto están hoy los gobiernos de Nuevo León y Chihuahua, cuyos titulares Jaime Rodríguez Calderón, “el bronco” y Javier Corral eliminaron o disminuyeron los convenios de publicidad y ahora recienten una severa crisis de credibilidad porque sus acciones de gobierno no tienen ninguna resonancia y, mucho menos, aceptación. En el caso de Zacatecas aún hay tiempo y razones para lograr equilibrios y consensos entre el ejercicio de gobierno y el trabajo diario de los medios de comunicación.

La crispación mediática que genero la reducción de convenios o la eliminación de muchos de ellos al inicio del gobierno de Alejandro Tello todavía tiene condiciones para lograr consensos y establecer acuerdos. La guerra mediática debe ser siempre el último recurso para todos, a nadie conviene, pero si afecta a todos los zacatecanos. Este es un tiempo en que la administración Tellista debe consolidarse, lograr credibilidad, mejorar posicionamiento ciudadano y, en la víspera de la elección presidencial y demás procesos electorales del 2018, alcanzar la fortaleza política, para estar en condiciones de obtener el mayor número de triunfos, ya sea de senadores y diputados federales, pero sobre todo el en Congreso local y en los Ayuntamientos.

Si el gobierno del estado no entiende o no quiere reconocer que el equilibrio mediático es indispensable para avanzar en la satisfacción de las demandas ciudadanas, el avance de la Administración seguirá siendo escabroso, difícil, tenso y de resultados cuestionables. A los medios solo se les puede pedir ética y cariño hacia esta tierra que ha sido generosa y amable por siempre. Su trabajo se enmarcará siempre en la libertad de expresión, que es conquista de todos los mexicanos. Iniciar una guerra con los medios es desde ya, una confrontación perdida.

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