Al alcance de todos, pero muy elusivo: el éxito en YouTube

Al alcance de todos, pero muy elusivo: el éxito en YouTube

Subir videos populares a YouTube puede convertirse en una fuente de dinero para quienes los graban, pero sólo los que tienen éxito masivo puden darse el lujo de transformar esta actividad en su modus vivendi.

De acuerdo con cibernautas consultados, hay dos formas de hacerse de dinero en YouTube: una es la monetización, es decir, autorizar la aparición de publicidad antes de cada video. En este esquema, la empresa dueña del portal le da a los creadores mexicanos 10 pesos por cada mil visitas.

Sin embargo, YouTube acaba de instaurar una política family friendly, en la cual no da dinero para los videos que puedan resultar polémicos por sus temas o por la manera en que los aborda.

La otra forma es mediante patrocinios, en donde los youtubersreciben dinero de diversas compañías a cambio de promover sus productos de manera velada o abierta.

Cuando su vida entró en crisis, Ricardo Mazón tuvo que crear su propio alter ego para rescatarse a sí mismo. Y la mejor forma que se le ocurrió para despistar a la tristeza y a la falta de dinero fue meterse en la piel del hombre extravagante que siempre quiso ser.

Ese hombre es el Doctor Blogman Youns, un personaje que se echó en la espalda la difícil misión de atraer cibernautas explicando en su canal de YouTube qué es un silogismo, una falacia epistémica y otros conceptos filosóficos que no se destacan por su popularidad.

Aunque no se ha vuelto el youtuber con más seguidores del mundo –y probablemente nunca lo será–, este profesor de universidad y preparatoria encontró en la realización de sus videos un pequeño ingreso extra, pero sobre todo un espacio de libertad que las aulas no pueden darle, y que lo ayudó a sortear la depresión.

Pensé en crear un personaje que, en un formato cómico e irreverente, lograra captar la atención de los alumnos que tienen una mala reacción ante materias como lógica, debido a su aridez. Esto para mí ha sido una especie de catarsis, y aunque no llegara a darme un ingreso del cual viva, lo seguiría haciendo, porque es lo que más me gusta, cuenta.

Casi igual de sencillos que los videos del Doctor Blogman Youns son los de Amelie Mews, una joven youtuber que utiliza la plataforma tecnológica para enseñar a hacer manualidades y hablar de ropa, maquillaje y recetas, pero que también habla de su vida cotidiana y de las cosas que le gustan o le duelen, como la muerte de un ser querido.

Con una computadora prestada, un tripié parchado y una cámara un tanto vieja, Amelie y su gata Wika se las han ingeniado para hacerse de más de 135 mil seguidores en YouTube, la mayoría de ellos de México y Latinoamérica, aunque también tiene muchos en España y Estados Unidos.

Tanto ella como Ricardo Mazón forman parte de los cientos de miles de personas que, con las herramientas tecnológicas más elementales, participan en una nueva cultura visual que, a decir de algunos analistas, está retando el dominio que los medios de comunicación tradicionalesejercieron durante muchos años.

El discreto encanto de YouTube

Para diversos académicos y especialistas, la aparición de Internet y de las redes sociales significa una revolución cultural equivalente a la creación de la imprenta. Pero dentro de esa revolución hay otra más, que es el surgimiento de las plataformas en donde el usuario puede crear y difundir sus propios contenidos e interactuar con otros cibernautas.

Esta nueva forma de apropiarse de Internet –conocida como web 2.0– contrasta con la tendencia previa que le otorgaba a los usuarios un rol más bien pasivo, en donde únicamente podían observar lo que hacían los demás.

Para Luis Fernando García, director ejecutivo de la Red en Defensa de los Derechos Digitales, el advenimiento de las nuevas tecnologías digitales es un hecho positivo, porque te da la posibilidad de grabar, editar y producir contenidos a muy bajo costo, lo que ha facilitado de manera exponencial el ejercicio de la libertad de expresión.

En el caso de los youtubers, ha permitido el surgimiento de expresiones de muy diversos tipos, que van desde los canales de personas que abordan temas especializados y concretos, hasta los de quienes simplemente hablan de su vida personal, hacen videos graciosos o se dedican a burlarse de los demás.

Una de las claves del éxito de este fenómeno, según la académica universitaria Luz María Garay, es que el lenguaje audiovisual es mucho más accesible para un público amplio, en comparación con el escrito o el oral, pues no se requiere mayor grado de alfabetización. Además, puede existir mucho más desenfado e irreverencia que en medios como la televisión o la radio.

El video como lenguaje común

Ricardo Mazón, creador del canal de YouTube El filósofo, considera que el surgimiento de Internet ha logrado romper en gran medida los mecanismos de poder de la televisión, un medio que sólo puede ser manejado por gobiernos o empresarios, y en donde debes tener un perfil estético muy particular para salir, ser casi guapo.

A la mayor naturalidad de quienes utilizan la red para difundir sus mensajes, se suma la propia versatilidad del medio.

“Con un smartphone puedes estar en tu cuarto, en la cama o donde sea, mientras que para ver la tele tienes que estar en el sitio donde está el aparato y a la hora en que pasan los programas. Tú tienes que acomodarte a ella, mientras que las redes sociales se acomodan a ti”, apunta Amelie Mews desde su habitación, que es el lugar donde graba casi todos sus videos.

Todo lo anterior se combina para hacer de YouTube un espacio donde los internautas forman comunidades virtuales de millones de personas que comparten gustos e intereses similares, y que han hecho del video una nueva forma de interacción cultural.

Según estudios del despacho de análisis de Internet IAB México, los miembros de la llamada Generación Z (adolescentes de 13 a 17 años) son los usuarios que con mayor frecuencia ven videos al menos una vez al día, sin importar la duración, pero el 72 por ciento prefiere los que duran menos de 10 minutos.

Este segmento de la población consume sobre todo videos musicales, películas y trailers de películas, al mismo tiempo que interactúa con sus amistades en redes sociales, y siente tanto apego a sus teléfonos inteligentes que 55 por ciento de los adolescentes que olvidan estos dispositivos en su casa, vuelven por ellos para no estar desconectados.

La tele no ha muerto

Aunque muchos estudiosos de Internet coinciden en que la posibilidad de los usuarios de crear videos y otros contenidos es un avance en términos de libertad de expresión, también hay visiones menos optimistas acerca de este fenómeno cultural.

Las personas tienen más herramientas tecnológicas para contribuir al debate ilustrado, pero también puede ocurrir que decidan utilizarlas para rendirle culto a lo frívolo, al entretenimiento banal de consumo rápido, como parte de una época de la posverdad en donde importa más el comentario, la opinión o lo chistoso, que la confrontación de las ideas, señala Rogelio del Prado, profesor-investigador de la Universidad Anáhuac.

Para este académico, el actual auge de Internet tampoco es suficiente para decretar el fin de la televisión y otros medios tradicionales.

El poder que tiene la televisión, desde mi punto de vista, no ha sido rebasado todavía por las nuevas tecnologías de la información, y sigue teniendo un poder de penetración muy amplio. Sería muy prematuro decir que estamos viendo su muerte.

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